SECCIÓN DE NOVELAS INFANTO-JUVENILES

Puedes leer en web estos fantásticos libros, que no por "fantásticos" dejan de ser extremadamente educativos, apasionantes para niños y adultos. Recomendamos leerlos sistemáticamente, es decir empezando por el primero, que aunque parezca muy "infantil" en principio a quienes creen tener un elevado intelecto, les sorprenderá cómo va a cambiar su óptica del mundo, de la Vida, de la existencia y del Universo todo. No son meras novelas sin más y Julio Verne habría estado orgulloso de su discípulo, el autor de estor de estos libros. No sería raro que pronto estos libros se conviertan en guiones cinematográficos...

Puedes conseguirlos impresos o en eBook pulsando las imágenes, o bien leerlos en web, a medida que los vayamos colocando. El cuarto libro está de camino y Gabriel de Alas tendrá que apresurarse, porque sus lectores están ansiosios...

 

 EL TESORO MÁGICO Iº EL TESORO MÁGICO DE LAS PIRÁMIDES

INDICE:
Capítulo I--------------MI PRIMER LIBRO MÁGICO
Capítulo II-------------UN VIAJE MÁGICO
Capítulo III------------LOS EXPERIMENTOS Y LOS TELÉPATAS
Capítulo IV-----------EL SEGUNDO VIAJE
Capítulo V------------MÁS MUNDOS EN EL MISMO PLANETA
Capítulo VI------------LAS COSAS SE COMPLICAN
Capítulo VII-----------LAS VACACIONES Y EL NUEVO AÑO
Capítulo VIII----------OTRO VIAJE FANTÁSTICO
Capítulo IX------------EL PENÚLTIMO VIAJE MÁGICO
Capítulo X ------------EL ÚLTIMO VIAJE... ¿El Últimoooo?

EL TESORO MÁGICO DE LAS PIRÁMIDES

(Pero sólo de los niños será el Reino de las Pirámides) Esta versión es sólo para niños de 6 a 80 años. Mayores de 80, únicamente con el permiso de sus nietos. Las Pirámides Perfectas son objetos mágicos, pero como muchos adultos creen que "se las saben todas", no lo entienden todavía. Pero este libro, afortunadamente, no está escrito para ellos, sino para niños de todas las edades. ¿Quieres vivir una experiencia fascinante pero real?. Pues si de verdad lo deseas, piénsatelo bien, porque hay un auténtico desafío pero es válido sólo para niños (o para adultos que no se han olvidado de ser niños).

Te contaré una historia maravillosa y te enseñaré a descubrir la verdadera Magia de las pirámides. Tan maravilloso y mágico es lo que vivirás y aprenderás con este libro, que no lo olvidarás nunca más, aunque vivas tropecientosmil años y te servirá para que cuando seas adulto, puedas ayudar a que el mundo sea mucho más feliz, para los Humanos, los animalitos y las plantas (porque las plantas también tienen sentimientos ¿lo sabías?).

También aprenderás cuáles son los peligros que debes evitar para no equivocar el Camino de Tu Vida, y hacer realidad tus mejores sueños. Para empezar, antes de entrar al primer Capítulo de este libro, debes armar la pirámide que lo acompaña, siguiendo las instrucciones del pequeño manual (quizá necesites la ayuda de tu papá, mamá o de un hermano mayor), y colocarás el libro dentro de ella, durante cuatro horas. Si tienes mucha impaciencia por empezar el primer capítulo, pues empieza, mientras se carga de energía la pirámide. Pero antes de pasar al segundo capítulo... Deja que se cargue con toda la energía de la pirámide... ¡Y aguanta la impaciencia!. Que lo disfrutes y te conviertas en un "Mago y Piramidólogo Práctico".

CAPÍTULO I
MI PRIMER LIBRO MÁGICO

Una de esas tardes nubladas, aburridas, frías y vacías, en que uno termina los deberes de la escuela (preparación de carpetas para el día siguiente, algunas cuentas difíciles y esas cosas), salí a la calle a buscar e mis amigos para jugar a la pelota. Pero no había nadie en la calle. Mis padres me habían dejado solo porque habían ido a una reunión de vecinos, se habían llevado a mi hermano pequeño. Así que ahí estaba yo, sin saber qué hacer con mi vida. Justo llegó un hombre hasta la puerta de mi casa y me dijo.

- Hola... Tú debes ser Marcel... ¿Te acuerdas de mí?.

- No, señor... O sí... ¿Usted es el hombre que vive en la montaña...?

- Si, claro. ¡Qué memoria que tienes!.

- Y se llama... Se llama... ¡Johan Kornare!... Mi papá a veces se acuerda de Usted, y dice que más que amigo, es un hermano.

- Pero... ¿Qué edad tienes? - Dijo Johan emocionado.

- Tengo seis años. Y hace dos semanas que voy a la escuela - dije orgulloso.

- Pero si entonces... Sólo tenías tres años cuando fuiste con tus padres a mi casa... ¡Qué buena memoria!. Ojalá la conserves siempre, y nunca te olvides de ahora, que eres un niño... Bueno, yo tengo muchas ganas de ver a tu Papá. ¿Está en casa?.

- No, hace un rato que se han ido todos a una reunión.

- ¡Ah! ¡Qué pena!. Bueno, no importa. Estaré en casa de tu tío Francisco unos días, así que ya nos veremos. Por favor, dale a tu padre este libro. Ten cuidado que no se estropee, porque es un libro muy importante... Guárdalo ya mismo y no le digas a nadie que me has visto, excepto a tu padre. Hasta pronto...

Me dio un beso en la frente y luego miré hacia todos lados y se marchó. Yo que estaba aburrido, y este amigo de mi padre ponía en mis manos ¡nada menos que un libro!. Como estaba dentro de un gran sobre de papel, pero sin cerrar, apenas estuve en el comedor, lo p5se sobre la mesa y saqué el libro, aunque seguramente sería uno de esos manuales de ingeniería que tenía mi Papá a montones, llenos de números, fórmulas y explicaciones incomprensibles. Mientras me preguntaba por qué Johan guardaba tanto secreto y miraba para todos lados, como si alguien lo persiguiera, cerré la puerta con llave.

Yo aprendí a leer y escribir antes de ir a la escuela, porque intuía que era demasiado importante conocer qué significan las letras, qué decía el periódico. Sentía hasta un poco de envidia cuando veía a los otros chicos que leían. Así que tironeaba las faldas de mi madre, quien tuvo que ceder a mi permanente insistencia, y en pocas horas, se acabó el misterio del significado de las letras (o eso creía yo). Tenía libros que ya había leído, pero los de mi padre, no me eran comprensibles. Pero este... Este libro era algo muy extraño, bastante grande y con una bonita tapa y letras raras muy artísticas, y abajo un título: "El Secreto de los Grandes Magos". Sentí como un chispazo en la cabeza, algo me había devuelto en entusiasmo y había matado mi aburrimiento, pero...

- ¿No estaré haciendo algo malo, leyendo un libro que es para mi padre?- me pregunté a mí mismo, porque siempre hay que pensar un poco si se está haciendo lo correcto, si se está cometiendo una falta de respeto. Pero pensé que si fuera algo que no pudiera leer un niño, Johan no me lo habría dejado. Habría vuelto más tarde, o se lo habría dado a Papá personalmente, o con el sobre cerrado.
Como la curiosidad abarcaba toda mi mente y mis ojos estaban ávidos de descubrir misterios, abrí la tapa y en su primera página había esta advertencia: "Los que aprenden la Magia para tener poder, están equivocados y terminan muy mal. La Magia Verdadera no es para "tener" sino para "ser mejor". No para "ser mejor que los demás", sino para "ayudar a los demás". En aquel tiempo no había fotocopiadoras, así que esas palabras que para mí eran perfectamente comprensibles y de extrema importancia, las copié en mi cuaderno de notas personales.

Si, mi tío Francisco me había regalado al iniciar aquel año la escuela, un cuaderno personal, donde anotaba todo lo que -e parecía muy importante. Anotaba lo que sentía, ya sea bueno o malo, así como las preguntas de lo que no entendía. Apurado por seguir leyendo, pasé la página y me encontré con otra advertencia: “¡ Cuidado! ¿Has entendido bien la advertencia anterior?. Si quieres ser una persona Feliz, más te vale meditar en ella, antes de pasar al Conocimiento. Porque todo conocimiento puede usarse para bien o para mal. Y el conocimiento que uses mal, muchas veces dañará a otros... Pero SIEMPRE, te dañará a ti"

- Claro, -pensé en voz alta- los químicos que fabrican armas biológicas, y los físicos que fabrican bombas atómicas, saben mucho. Pero usan para el mal ese gran conocimiento... ¡Dios mío!, -dije desde lo profundo de mi corazón- ¡No permitas que nunca, nunca jamás de los jamases, yo pueda usar un conocimiento para hacer el mal !.
Copié en el cuaderno también esta segunda advertencia, y pasé a la página siguiente del misterioso libro... Allí me encontré un papel doblado en dos, que no era del libro, pegado en el borde interior de la página. Lo abrí y lo que leí me dejó un poco confuso.

"Johan: Creo que me han seguido los de Narigonés S.A. Dale este libro a Dominguín, que no está fichado por los espías. Aún no he descubierto las claves, pero han de ser muy importantes y él seguro que las descifrará. Confío en vosotros. Rodolfo".
Dominguín era mi Papá, y aunque el papelito me dejó preocupado, seguí adelante. Lo que seguía era muy largo y bastante complicado de entender, así que pasé algunas páginas más, con dibujos de runas, con letras hebreas, con letras chinas, con algunos escritos que parecían árabes... ¡Puff! Creí que ya no podría sacar más nada de aquel libro, y a punto estuve de cerrarlo y dedicarme a buscar a mis amigos, que estarían jugando al ajedrez o las damas en sus casas y casi seguro que no querrían jugar a la pelota.

Pero... Pasé una página más y apareció ante mí un hermoso dibujo de las pirámides de Egipto, con todas sus cámaras, y se iluminaron mis ojos. Al costado del dibujo, un cuadro indicaba con flechitas los nombres de cada parte, como en el dibujo de la pirámide que acompaña a este Libro. Y abajo del dibujo... ¡Qué pesados estos tíos...! ¡Otra advertencia! :

"La Pirámide Perfecta es aquella donde los hombres pueden convertirse en dioses. Pero como es el más importante de los Instrumentos Mágicos, nadie puede usarla para hacer el mal. Pero si no tienes Amor por Toda la Humanidad, tampoco te servirá para nada aunque vivas miles de años."

Me puse a anotar aquel párrafo en mi cuaderno, creyendo que aún no había descubierto nada realmente interesante en aquel libro. ¡Cuán equivocado estaba!. En ese momento se cortó la luz, y aunque era de día tuve que encender una vela, porque el nublado era muy espeso y el comedor tenía una ventana muy pequeña. Seguí leyendo en penumbras algunas partes del libro mágico. Después había muchas fórmulas y explicaciones complejas, así que me dije a mí mismo:
- ¿Cómo puede haber un libro de Verdadera Magia que no entiendan los niños? Algún día, cuando aprenda los secretos de la Magia, escribiré un libro de pirámides y de Magia que puedan entenderlo los niños.
Mientras trataba de entender más cosas ocurrió algo muy curioso. Me dieron ganas de llorar. No era tristeza. Era... Una emoción. Algo raro que nunca antes había experimentado. Algo dentro mío, como un "segundo Yo" más puro y espiritual, estaba queriendo decir algo.

- Bueno, vale -dije en voz alta- Si dentro de mí hay algo que quiere hablar, pues que hable... Y me quedé en silencio, sentado, con el libro sobre la mesa y mis manos sobre el libro. Y una voz muy dulce pareció hablarme al oído.

- Serás un Mago. Si quieres con todo tu corazón conocer la Magia, Yo te guiaré. Pero para eso debes aprender a Amar a Toda la Humanidad...
El eco de aquella voz seguía sonando en mi cabeza, así que intentando no mojar el cuaderno con mis lágrimas, escribí aquellas palabras para no olvidarlas nunca jamás. Pero... Justo cuando estaba terminando de escribir, se desató un viento terrible que hacía temblar las persianas de madera.
- Vaya, -pensé- Está claro que hoy no se juega a la pelota; no me queda otra que quedarme aquí y seguir con la Magia. Volví a tomar el libro y en ese mismo momento la voz volvió a hablarme desde dentro de mí. No podría decir si era una voz de mujer o de hombre. Pero era muy dulce.
- Siente... Cierra los ojos y siente. - ¿Qué es lo que tengo que sentir? -Pregunté impaciente y confundido.

- Siente... !
Entonces sentí un impulso inexplicable de salir a la calle, y aunque me pareció ridículo, seguí ese impulso. Aunque me gusta ver los fenómenos de la naturaleza, no había nada que hacer afuera, con tanta tierra que se mete en los ojos. Sin embargo, apagué la vela para no correr riesgos y me asomé a la puerta; entonces una ráfaga casi me tira al suelo. Me aferré a la puerta, salí y la cerré olvidando la llave por el lado de adentro. Así que no podía entrar a mi casa hasta que vinieran mis padres, pero con un poco de suerte, el vecino de al lado me permitiría escalar la pequeña pared del fondo, y entraría por la puerta del garaje, que de seguro no estaría con llave.

Llamé un par de veces y no parecía haber nadie. Ya me iba a la casa de alguno de mis amigos, porque empezaba a lloviznar y quedaría hecho sopa en unos minutos más. Me pequé al cristal de la ventana y vi una pequeña lucecita roja, tras los cristales empañados y pensé que sería una vela, puesto que la luz se había cortado; pero me pareció raro que se hubieran ido todos dejando una vela encendida, porque eso es peligroso. Si se cae, puede producir un incendio.
Me acerqué para ver mejor pero la luz era muy roja y débil; no parecía ser de una vela. Luego di unos golpecitos en el vidrio, porque me pereció ver algo que se movía. De pronto, sentí algo parecido al miedo. Volví a golpear el vidrio y sentí un quejido o algo así. Entonces grité preguntando quién estaba allí; pero no había respuesta. Al darme vuelta para irme, sentí algo que me llenó de susto...

- Ayudaaaaaa -escuché muy débilmente. Miré para todos lados, y en mi calle desierta, con todos los vecinos reunidos a más de quinientos metros de allí... ¿A quién llamaban? ¿A mí? ¿Era un pedido de ayuda desde el interior de la casa de mi vecino?... ¡Vaya confusión que sentí!.
En un instante, el recuerdo de lo que había explicado la maestra unos días antes, me trajo la respuesta. Busqué, desesperado, una piedra floja en la cubierta de la acequia y golpeé el cristal más pequeño de la ventana, que saltó en mil pedazos hacia adentro. Al asomarme vi dos cuerpos en el suelo y otros dos en los sofás.
Con cuidado, quité los pedazos de cristal y metí el brazo para abrir la ventana, y unos segundos después estaba allí, tratando de reanimar a mis vecinos, que empezaban a toser, quejándose e intentando moverse, para quedar desmayados de nuevo. La causa de aquello era un brasero de carbón, que se usaban en esos tiempos -o ahora mismo en algunas casas de campo- y son un peligro terrible. Todos se habían quedado dormidos, porque el brasero quema todo el oxígeno del aire, al mismo tiempo que emana monóxido de carbono. Ese gas es el mismo que despiden los coches, y es sumamente tóxico. En un ambiente cerrado, es mortal.

Con un brasero y sin ventilación, uno se puede morir y no darse cuenta en ningún momento. Mi vecina Elsa se había dado cuenta y era la que pidió ayuda, al sentir mis golpes en la puerta y la ventana, pero no podía moverse. Sus tres hijos (todos mayores que yo), estaban desmayados. Al entrar el aire fresco, se volvió a desmayar, pero por fortuna, todos se salvaron. El hijo mayor, apenas se recuperó, llamó por teléfono y vino la policía con una ambulancia. El médico, luego de revisarlos a todos y dar una medicación a Elsa, dijo:
- Si hubieran estado unos pocos minutos más respirando ese ambiente viciado, estaríamos de velatorio. Ha sido como algo mágico que ese chico viniera y se diera cuenta de lo que pasaba...

Me corrió un escalofrío por todo el cuerpo. Me acordé que todo fue gracias a que seguí el concejo de la voz interior. Pensé que casi sin querer, era posible que me estuviera convirtiendo en un Mago. Pero también sentí que si era así, pues era una responsabilidad muy grande. Demasiado grande, para mí, que sólo quería ser un niño, jugar a la pelota, aprender cosas y divertirme. Al salir de la casa me encontré con dos hombres muy bien vestidos y gafas de sol. Los miré extrañado, porque el nublado era muy espeso y caían algunas gotas de lluvia.

- Escucharrr, niño... -dijo uno de los hombres, con acento extranjero- ¿Has visto a Johan Korrnarre?. Somos amigos y necesitamos darle una mensajes urrrgente. Me acordé de las extrañas palabras de Johan y sentí miedo.

- No... Esteeee... No lo conozco ¿Vive en esta calle?.

Los hombres se miraron entre ellos y luego se dirigieron a una de las vecinas, que habían salido a ver qué ocurría cuando vino la ambulancia. No escuché qué le preguntaban, porque estaba como a veinte metros, pero vi que la mujer negaba con la cabeza. Pensé que quizá fuera algo realmente importante para Johan, y pensé decirles a los hombres que yo lo conocía... Pero el papelito que había dentro del libro vino a mi mente y mi voz interior dijo un "¡Cállate!", tan fuerte, que no supe bien en ese momento, si era mi voz interior o alguien del montón de gente que había alrededor.
Volví a mi casa y luego de cerrar con llave, metí el libro mágico debajo de mi colchón. Mis padres llegaron un poco más tarde, y cuando se enteraron de todo me pidieron que les contara exactamente lo sucedido, para tener mi versión sobre el asunto.

Pero no dije nada sobre la advertencia de Johan, ni sobre los hombres que preguntaban por él. Mi madre no creyó lo de la voz interior, que me había hablado y hecho sentir aquel impulso de salir a la calle. Así que desde ese momento empecé a comprender que hay muchas cosas que... No se pueden decir. O que no conviene decir. Pero a Papá sí le decía todo, porque me comprendía mejor, y de cualquiera manera, en nadie se puede confiar tanto como en los propios padres.

Un buen rato más tarde, cuando mi Papá estaba solo en el patio, le conté todo lo demás, que me parecía prudente no hablar delante de Mamá para no dejarla preocupada. Mi padre me dijo que había hecho bien en ser discreto, pero no que dejara de contarle a él las cosas, lo más completas posibles. Aquel libro mágico, era más comprensible para Papá que para mí, así que le pedí que me fuera explicando todo, de modo que yo también pudiera entender todo aquello sin entrar en el tema de las complicadas fórmulas.

Fueron muchas las veces que Papá me explicaba cosas, que aunque lo hacía del modo más simple que podía, yo no lograba entender del todo cómo funcionaba la Magia. Sin embargo, había algunas cosas eran bien claras para poder llegar a ser un buen Mago. La primera y más importante, era aquella que había anotado en mi cuaderno personal: Amar a Toda la Humanidad. Y mi Papá decía:

- Sólo puede ser un buen Mago, quien es ante todo, una buena persona. Los que tienen poderes y los usan mal, terminan perdiéndolos. Pero antes de perderlos, hacen mucho daño; y como en la naturaleza todo lo que se hace con mala intención tiene un castigo, el Mago malo tiene asegurado mucho sufrimiento para si mismo.

- ¿Y con las pirámides pueden hacerse cosas malas?- le pregunté con gran curiosidad

- Porque he leído allí que son el más grande de los instrumentos mágicos, porque son también, formas de la naturaleza.

- No se, -dijo mi Papá- es posible que alguna mente mal intencionada consiga hacer alguna cosa mala con ellas, pero es muuuuy difícil.

- ¿Y cuándo vamos a hacer una pirámide para hacernos Magos?

- Bueno... Esteee... No sé si nos haremos Magos tan rápido, pero haremos algunas para hacer unos experimentos, porque en primer lugar, hay que estar seguros de que funcionan, y entender cómo y porqué funcionan...

Unos días después nos fuimos al fondo de la casa, donde mi padre tenía un pequeño taller, y con unos cartones hizo tres pirámides pequeñas. Luego las colocamos en una mesa y dejamos que empiecen a "cargarse". Porque las pirámides acumulan cierta forma de energía magnética, y según aquel libro deben permanecer en estado de carga antes de hacer experimentos con ellas. Pero el caso es que no conseguíamos obtener ningún resultado.
Ni siquiera habíamos podido afilar cuchillas de afeitar que Papá ya había usado. Mientras él seguía intentado entender algunas complicadas fórmulas del libro mágico, yo seguía metiendo en las pirámides algunas flores, yogures, y pedacitos de carne, para ver si era cierto que no se podrían, pero sólo en una de ellas conseguí algún dudoso resultado.

Un poco desalentados en el tema de las pirámides, mi papá propuso dejar los experimentos por un tiempo, y dedicarnos a probar otros asuntos interesantes propuestos en el libro. Pero yo sabía que lo que ocurría, era que no habíamos comprendido alguna cosa, porque las pirámides tendrían que funcionar.
Pensaba -y con razón- que si los mayas, los aztecas, los egipcios y los chinos habían construido grandes pirámides perfectamente orientadas, no sólo servirían para marcar las épocas de las cosechas, como decían los libros de historia. Para saber eso no hace falta hacer tan enormes pirámides.

Aunque llegaba a soñar con las pirámides y me imaginaba construyendo pirámides muy grandes, seguí la recomendación de Papá, y traté de pensar en otra cosa, mientras descubríamos que era lo que había fallado. Una mañana en que no había ido a la escuela porque estaban desinfectando el edificio, me puse a leer el libro mágico en mi cuarto. Sentí que llamaron a la puerta y mi madre fue a abrir.

Di un salto cuando escuché la voz con acento de aquel hombre que me había interrogado antes, y salí corriendo hacia el comedor.

- ¡Mami!, ¡Mami...! :Ven, pronto... ¡Corre!. -gritaba mientras señalaba hacia el fondo de la casa.

Mamá le dijo a los hombres que esperaran y corrió detrás de mí. Cuando llegué al patio trasero, le dije a mamá en voz muy baja, que dijera que no conocía a Johan, y que luego le explicaría, y que esos hombres eran peligrosos.

- ¿Qué dices? ¿Peligrosos?. -respondió mi madre ¡Anda, ya!, ¡Qué tonterías se te ocurren...!

- ¡No, Mamita, por favor...! -dije implorando- Te digo que son peligrosos, luego le preguntas a Papá, pero no le digas nada a estos...

Ella dudó un momento y me tranquilizó con un gesto, para volver a la puerta de calle. Yo escuchaba desde el pasillo, sin animarme a volver al comedor.

- Disculpen, no es nada. Se ha asustado con la llama del calentador de agua, pero ya está arreglado... Bueno... ¿En qué puedo servirles?

- Necesitamos encontrrar urrgentemente a nuestrro amigo Johan Korrnarre. Tenemos una mensajes muy imporrtante parra él. Es sobrre su familia...

- ¡Ah, si!... Johan... ¿Qué ha ocurrido?

- ¿Le conoce Usted?

- Si, no mucho, pero se quién es. Pero dígame que ha ocurrido, no puede dejarme tan preocupada...

- Es que... su herrrmana estar muy enferrrma...

- Oh, que pena... -dijo mamá mientras yo me moría de angustia- Bueno, que se va a hacer... Cosas de familia... Les diré donde pueden encontrarlo. El trabaja en la empresa de productos químicos que está en Najul. Y vive en la casa que está justo detrás de ésta...

- Grracias, Señorra, muchas grracias... Le darrremos saludos de su parrrte...

Yo suspiraba aliviado, porque el que vivía justo detrás de mi casa era Johan Schneider, y era un anciano muy simpático, ingeniero químico, que no tenía nada que ver con Kornare.

- ¿Qué tal estuve? -dijo Mamá pavoneándose de su habilidad.

- ¡Bien, Mami!. Esos hombres son peligrosos. No se por que, pero cuando me dio el libro, me lo pidió bien clarito, que no dijera que lo había visto. Esos hombres lo persiguen. Y no creo que sean policías o algo así.

- No, claro. -dijo mamá cambiando su sonrisa por un gesto de preocupación- Ya se que no son trigo limpio. Kornare no tiene ninguna hermana...

Eso terminaba -o empezaba- a aclarar que esos hombres eran peligrosos. Johan Kornare era un hombre humilde y trabajador, al que mis padres conocían de muchos años.

- ¿En qué lío se habrá metido Johan? -se preguntaba mamá en voz alta. Mientras esperábamos con ansiedad a Papá para ponerlo al tanto de lo ocurrido, yo me encerré en mi cuarto y traté de olvidarme del asunto para continuar con aquel libro mágico, que parecía tener algo que ver en ese raro asunto. No entendía muy bien las palabras que habían allí, ni me parecía entender muy bien el significado de las explicaciones, pero una palabra me llamó mucho la atención, porque la había visto en dos o tres películas: V.I.T.R.I.O.L.

Pero eso era una sigla, las iniciales de un conjunto de palabras. Cuando las pronuncié varias veces, tal como indicaba el libro, con las dos manos en el corazón y entregando mi Alma al Dios Creador del Universo, al Dios del Bien, sentí una sensación muy bonita de paz, como que aunque hay guerras en el mundo y mucho sufrimiento, finalmente, algún día la humanidad podría ser feliz.

Esa era mi principal preocupación, pues si no era feliz toda la humanidad, yo nunca sería feliz del todo. Y pensando en esto, mientras repetía la palabra mágica, sentí una emoción muy, pero muy grande. Entonces descubrí que la Magia estaba abriendo mi corazón, y revelando lo que había en mi Alma. La Magia me estaba aclarando cuáles eran mis reales deseos. No se trataba de tener un bonito reloj (como el que mi abuelo me había prometido), ni de una pelota Nº 5 de cuero, ni de aquel caro trencito que habían en el escaparate de la tienda cercana al colegio, y que yo deseaba tener.

No, querido lector, mi deseo era una Gran Ambición, algo muy difícil de alcanzar. ¡Que Toda la Humanidad sea Feliz!. Y en ese momento, la misma Voz Interior me dijo:

 

- Pero no te imaginas cuánto deberás trabajar para alcanzar ese objetivo...

- ¡Trabajar!,- me dije a mí mismo- ¡Eso si que no me gusta nada!.

Pero la voz interior, que escucha todos los pensamientos, me respondió:

- Te gustará. Verás que cuando hagas cosas por Amor a la Humanidad, el trabajo será para ti, como una maravillosa diversión.

- Vaya -respondí- debo estar medio chalado. Una voz que habla desde dentro de mí... Hablaré con mi madre. Si, porque quizá estoy medio loco. Pero, aún así... Si alguien me escucha desde el cielo, los ángeles, Dios, o quien quiera que sea el que Crea la Vida, me escucha, que escuche este juramento que hago desde ahora y para siempre... ¡No descansaré nunca, hasta que toda la humanidad sea feliz!. ¡Ese es mi juramento!.

Después de repasar mentalmente todo lo que me pasaba por la cabeza, me fui a hablar con Mamá, para que me dijera si estaba loco, o si era normal que hablara... ¿Conmigo mismo?. Pero ella me aclaró que eso que yo escuchaba se llama "consciencia".

- Pero no me creíste cuando te dije que esa... "Consciencia", me hizo sentir esas fuertes ganas de salir a la calle, porque los vecinos se estaban muriendo.

- Bueno, la verdad es que no se qué pensar. ¿Estás seguro que escuchaste bien que la consciencia te hablaba?.

- Si, pero no se si llama consciencia o es un ángel que no lo veo pero lo oigo. ¿Es posible eso?.

- No creo en que existan los ángeles, pero... Cuando yo era muy pequeña, vi unas hadas, como las de El Libro del Bosque. Pero para el caso es lo mismo. Lo importante es que si de verdad lo oíste y lo sentiste, y se trata de tu propia consciencia, es muy bueno seguir escuchándola y seguir sus indicaciones. Ella siempre te dirá lo que está bien y lo que está mal.

- ¡Ah!, ya decía yo que debía haber una manera para saber lo que está bien y lo que está mal. Así uno no necesita equivocarse nunca...

- Bueno... -dijo mi madre- no es tan así. La consciencia no te dirá con exactitud lo que debes hacer para no equivocarte, pero te dirá si tu intención es buena o mala. Así que cuando empiezas a pelearte con Ricardo, por ejemplo, pregúntale a tu consciencia si eso está bien o mal... Y cuando vas a hacer alguna travesura, pregúntale a tu consciencia si lo que haces puede dañar o molestar a alguien... Pregúntale si realmente quieres hacer algo o no...

- ¡Ah!, ¡Ya lo entendí!. La consciencia no me puede resolver las cuentas en matemáticas, por ejemplo... Pero me dirá que estudie... Y si cometo un error la conciencia me dirá si lo hice a posta o por accidente...

- ¡Bien!. Me alegro que lo hayas entendido. -dijo Mamá en tono alegre.

Contento con haber entendido cómo funciona la consciencia, volví a mi cuarto para seguir con el libro. Aquella palabra V.I.T.R.I.O.L. me había dejado con mucha curiosidad. Había un dibujo muy interesante y raro, con aquellas palabras que eran una frase en latín: "VISITA INTERIORA TERRAE RECTIFICANDO INVENIES OCCULTUM LAPIDEM" Y tenía la siguiente aclaración de su significado:

"Desciende a las entrañas de la tierra, y destilando encontrarás la piedra de la obra". Pero explicaba que eso quería decir "Desciende a lo más profundo de ti mismo y encuentra el núcleo indivisible, sobre el cual podrás edificar otra personalidad, un hombre nuevo".
Otra posible explicación que ponía el libro, era: "Explora los interiores de la tierra. Rectificando, descubrirás la piedra escondida". Pero yo no entendía mucho eso, aunque ya sabía un poco del funcionamiento de la consciencia. Así que me relajé y estuve observando el dibujo tratando de dejar la mente en blanco, para que ningún pensamiento mío mediara entre el dibujo y yo.
Es una práctica muy sencilla (en apariencia), pero miles de imágenes pasaban por la mente. Había escuchado decir a una persona que sabía mucho, que si uno “deja de pensar” puede concentrarse mejor en algo que uno quiere entender, o para conocer en profundidad un objeto o un tema cualquiera, así que lo intenté un montón de veces. Mi mente, como un caballo desbocado no acababa de ponerse “en blanco”. Pero seguí y seguí hasta que por fin pareció que podía quedarme sin pensamientos. ¡Qué difícil resulta no pensar! Años más tarde comprendí que aunque resulta difícil al principio, es algo tan importante como aprender a comer o a caminar en vez de gatear. No conseguí totalmente el “no pensar” en ese momento, pero sí que logré algo y ese instante tuve algo parecido a una iluminación de la mente respecto a la frase "VISITA INTERIORA TERRAE RECTIFICANDO INVENIES OCCULTUM LAPIDEM".

Era como si la hubiese escuchado muchas, pero muchas veces, como si estuviese en mi cuerpo, en mi mente, en mi Alma… No se cómo decirlo, pero sabía que toda mi vida estaría signada por esa frase; como si pudieran cambiarme el nombre y hasta el apellido, pero aquella frase sería inviolable, inalterable, irreversible e inexorablemente mía.

CAPITULO II UN VIAJE MÁGICO

La verdad es que el asunto era muy raro. Papá me dijo que el libro era muy especial, demasiado importante.

-Así que habría que esconderlo, tenerlo bien guardado. Estoy seguro que esos hombres buscan a Johan, pero lo que en realidad quieren es el libro...

- No te preocupes, Papi, yo lo esconderé de tal modo, que no lo encontrará nadie.

Me fui al taller del fondo, y con gran paciencia removí una baldosa, y luego otra, hasta que calculé que con cuatro baldosas había espacio para hacer un pozo y esconder allí el libro. El espacio resultó como para guardar unos cuantos libros. Pero la cuestión era hacer que el pozo no tuviera humedad. Un tarro cuadrado que había contenido pintura de brea fue la solución. Ahondé el pozo hasta que el tarro de unos veinte litros de volumen quedó enterrado lo justo para poner encima las baldosas.

Estuve toda una tarde en esas labores, pero al final mi padre tuvo que terminarla con cemento, y unas varillas de hierro en ángulo, para poner las baldosas sin que se note nada. Por el momento, eso era secreto de Papá y mío. Estuve unos días meditando en lo de la frase en latín, porque Papá me decía que sólo significaba eso que había leído. O sea que si me conocía bien a mi mismo, podría ser una persona mejor, para ayudar a los demás, y que sólo así podía llegar a ser Feliz.

La piedra oculta, significa la verdadera personalidad de cada uno. Yo entendía muy bien que eso era así, pero estaba seguro que la frase en latín del dibujo, y el dibujo mismo, significaban otras cosas más, además de eso, entonces, una tarde le pedí a mi consciencia que me dijera si estaba bien seguir preocupándome por algo que no entendía. Y la voz contestó:

- Si quieres ser un Mago de verdad, debes buscar el porqué de todas las cosas.

La voz era tan firme, como cuando mi Papá me regañaba, pero yo sentía que mi voz interior no me regañaba, sino que me indicaba lo que yo mismo sabía, en el fondo de mi mente, que debía hacer.

- Harás un viaje mágico... -dijo la voz.

- ¡Quiero saber cuándo, adónde! -respondí impaciente.

- Siente, Marcel, siente... -dijo la voz, y al nombrarme me estremecí.

Tal como había hecho aquel día del viento, con el libro en las manos, cerré los ojos y preguntaba en silencio qué era lo que tenía que sentir. Pero al cabo de unos cuantos minutos, sin sentir nada (o eso creía yo), me fui al fondo de mi casa para devolver el libro a su escondite, buscando luego alguna idea para jugar. A esa hora debía jugar solo, porque mis padres y los vecinos dormían la siesta, y no era posible ponerse a patear el fútbol en la calle, a menos que buscara una penitencia.

Di unas vueltas entre los árboles y pensé que me estaba aburriendo. Y eso sí que me ponía de mal humor. Siempre detesté el aburrimiento, hasta que me di cuenta que era un buen síntoma. Si estaba aburrido, eso quería decir que estaba necesitando hacer algo útil. Claro que hay otros que cuando se aburren, hacen gamberradas, pero por fortuna, ese no era mi caso. A unos diez metros del taller de mi padre, había un parral que en esos días estaba lleno de uva moscatel casi madura. Bajo su sombra fresca, me senté sobre la hierba, y me concentré profundamente en el significado de aquella frase en latín que me había aprendido de memoria, y comencé a decirla, primero en voz alta, luego en voz más baja, hasta que me fui quedando dormido.

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Pero una voz me despertó justo cuando me parecía que estaba empezando a entender lo que significaba la enigmática frase.

- No te asustes, porque no corres ningún peligro. Tu llamado ha sido escuchado desde la profundidad de la Tierra, y el Gran Mago de Agartha... Pero... ¡Si eres apenas un niño!...

Miré para todos lados, y no veía a nadie. No era la voz de mi consciencia, sino la voz de una mujer, que no había oído nunca, pero me era tan familiar como la voz de mi madre. Casi no podía seguir escuchándola, porque la tierra empezó a moverse, como cuando hay terremoto, y me pareció que ya me había ocurrido algo así, en que sentí que me caía de la cama, y di un manotazo. Pero esta vez no estaba dormido, sino que estaba viendo cómo caía por una especie de túnel, y a los costados podía ver las diferentes clases de piedra que conforman el mundo.

Lo más curioso es que en algunos momentos, veía que en lugar de piedra, las paredes del túnel eran de agua. Empecé a sentir un poco de miedo, y otra vez pude escuchar con toda claridad:

- No temas. Yo te estoy acompañando...

A mi lado, mientras seguía cayendo como un paracaidista, había esta vez una mujer joven, muy bonita y grande, pero muuuuuy grande. Nunca antes la había visto, pero me hizo sentir seguro y tranquilo. Justo cuando iba a preguntarle quién era, me dijo:

- Me llamo Iskaún. Vivo en el Mundo Interior. Y te he venido a buscar porque escuchamos tu llamado... -y mientras, me tomó en sus brazos para darme seguridad- Pero no me imaginaba que serías un niño... ¿Es que tú has hecho un Gran Juramento?.

- Si... Si, hice un juramento hace unos días... Pero... ¿Cómo es posible?... Estoy soñando... ¿Verdad?.

- No. No estás soñando. Estás despierto. Como has hecho la invocación mágica que sólo conocen los que hacen el Gran Juramento, debe haber alguna razón muy especial por la cual el Gran Maestro de Agartha ha pedido que te invitáramos a nuestro mundo...

- Pero... ¿No es que abajo de la Tierra está el Infierno? -dije con cierto temor.

- No, no es así. - respondió Iskaún- Ya lo verás tú mismo. El Infierno es arriba, donde vives tú, donde los hombres hacen guerras y unos esclavizan a otros, se matan por miles, se destruyen sus casas, envenenan con sus residuos y gran cantidad de humo, el aire y el agua, maltratan a los animales, destruyen las selvas...

Pero justo cuando me decía esto, las paredes del túnel se hicieron rojas, y estaba en medio de un mar de fuego. Empecé a asustarme otra vez.

- ¿Seguro que aquí no es el infierno?

- Tranquilo, Amiguito. Que esta parte es sólo un mar de lava. Es parte del mundo, pero como sentirás, tú no te estás quemando... Ni siquiera sientes calor.

- Es cierto, pero sigo pensando que estoy soñando... Y tengo algo de miedo.

- Si lo deseas, puedo llevarte de vuelta arriba, porque el miedo es algo muy desagradable. No estás obligado a seguir adelante...

- ¡Ni hablar!... La sola idea de quedarme con la intriga de lo que hay abajo, me espanta más que el miedo al infierno. Además, si estás conmigo en todo momento, no tendré miedo.

- Estaré contigo todo el tiempo. Y luego yo misma te acompañaré de vuelta.

Apenas pasamos la parte de fuego, tras un pequeño tramo de piedras, las paredes del túnel eran de un color verde muy oscuro, casi negras.

- Esto es una especie de sangre del planeta. - me explicó Iskaún- Lo que ustedes llaman "petróleo", y lo sacan de donde debe estar, para usarlo como combustible, envenenando el aire que deben respirar. El petróleo es muy importante para el mundo. El Planeta es como una gran célula, y todos sus órganos son necesarios para él.

Todo esto era un poco complicado para entender, y a cada palabra de mi nueva amiga Iskaún, pensaba en mil preguntas, pero no podía atender a la conversación, y al mismo tiempo al paisaje maravilloso que veía en el túnel, que cambiaba de colores a medida que íbamos cada vez más abajo, cada vez más adentro, hacia el Centro de la Tierra. Cuando menos esperaba un gran cambio en el paisaje, llegamos al final de túnel, y sentí como que salíamos de la Tierra, del mismo modo que el brote de una semilla, pero mucho más rápido. Me encontré sentado al pie de un árbol tan grande, que se necesitarían como veinte hombres para abrazarlo. Entonces vi a otra Iskaún. Una era la que me acompañaba, y aún permanecía a mi lado. La otra, vestida igual, con un mono azul, estaba a unos metros, durmiendo apoyada en las raíces de otro árbol algo más delgado.

Sentía mucha curiosidad, pero no pude preguntarle a Iskaún si era su hermana gemela, porque justo llegaron varias personas. Adelante, marchaba un hombre casi anciano, pero muy grande y fuerte, como del doble de la estatura de mi Papá (¡Y eso que mi Papá es alto!). Un poco más atrás, venían un hombre más joven y tres muchachos que aparecían ser sus hijos.

- Así que tú eres el aprendiz de Mago... -dijo el anciano mientras sonreía amablemente- ¿Te ha gustado el viaje?...

- Si, claro... -alcancé a responder a pesar de mis nervios.

- Ya conoces a Iskaún, quien ha sido muy gentil yendo a buscarte. Es la mujer más fea que hay en esta región del mundo.

- ¡Eso no puede ser! -respondí por instinto de defender a las personas- ¡Pero si es muy guapa y simpáti...!, Vamos, que he visto como le guiñabas un ojo...

El hombre lanzó una fuerte carcajada y cambió de tema.

- Bueno, ya veo que no eres muy tontuelo y tienes sentido de la perspicacia. Pero tienes que controlar esa preocupación que tienes; aquí nadie va a dañarte. Y haces bien en disimularlo un poco, pero aquí… ya sabes… No se puede ni pensar en secreto.

- Me llamo Marcel y no tengo idea de por qué estoy aquí y me gustaría saber lo. ¿Y Usted quién es?.

- Yo soy el más viejo de este mundo, y eso sí es cierto, así que me llaman "Gran Maestro". Pero ese nombre tan pomposo me parece una gran tontería, así que puedes llamarme como me llaman mis amigos más íntimos. o sea Urosirarsiegeherithkaunrithissiegthorodil.

Me quedé perplejo al escuchar tan maravilloso nombre, porque lo pronunciaba como cantando en diferente tono cada sílaba. Más que un nombre, parecía una canción, y no era muy fácil cantarla.

- No creo que pueda recordar un nombre tan largo... -dije con timidez.

- Ooh, no importa, puedes llamarme Uros, para simplificar. Creo que no hay nadie más que se llame así en esta región. Y este que viene aquí es mi requetecontratatarachoznonieto y se llama… Espera que me acuerde… Lafossiegthoroslafossiegiepumurehekaunossieg, pero le llamamos Gibur, que significa “Se un dios”, porque sólo a los que quieren ser dioses les permite entrar en este mundo intraterreno y él se encarga de elegir a los que pueden serlo.

- A mí no se me había ocurrido ser un dios... ¿Es que Ustedes son dioses?.

- Esteeee... Ehhh, ¿dioses?... Ja, ja, ja... Claro. Para los hombres mortales, somos dioses... Para nosotros, simplemente somos amigos, padres, hijos, hermanos, abuelos, novios o esposos... Y esas cosas.

- Ah, pero en mi mundo es igual.

- Si, claro. Nosotros somos un poco diferentes a la gente de tu mundo... Pero no importa eso por ahora. Aunque para que no te confundas, te aclaro que por encima de todos los Reinos de la Naturaleza está DIOS, el Absoluto, el Creador del Universo... Dime, pequeño... ¿Cómo has encontrado la frase mágica?. Por lo general, sólo la tienen los que hacen el Gran Juramento. Y los que no lo hacen, aunque conozcan la frase, no pueden ser escuchados desde aquí.

- Bueno, es largo de explicar... Un amigo de mi padre trajo un libro. Y parece que alguien le perseguía, y que el libro tiene algo que ver.

- ¡El Libro! -exclamó Uros rascándose la barba- Ese libro sólo puede estar en manos adecuadas... ¡Si llega a caer en manos de los de Narigonés Sociedad Anónima...!

- ¡Algo así decía el papelito! -agregué.

-¿Cuál papelito? -preguntó Iskaún...

- Uno que estaba en el libro... Por eso hemos escondido en libro donde es muy difícil que alguien lo encuentre.

- Bien, bien... En el fondo de tu casa... Bajo las baldosas... -decía Uros.

- Si, pero... ¿Es que sois telépatas?.

- Sí. El problema es que los de Narigonés S.A. también tienen un grupo de telépatas y otras personas especiales detrás del libro.

- Bueno, pero yo no entiendo nada. ¿Por qué buscan el libro?.

- Para confundirnos a nosotros. Si los malvados del mundo hacen la invocación que tú has hecho, nos confundirán y traeremos a nuestro mundo a los que quieren dominar a todo el planeta. Es que el libro contiene otras fórmulas e indicaciones para llegar hasta aquí, que no requieren de hacer el Gran Juramento...

- ¿Dominar a todo el planeta? -pregunté entre curioso y preocupado.

- Sí, Marcel. Hay un grupo de gente muy mala y sin sentimientos que sólo busca el dominio del mundo. Y a lo que no pueden dominar, buscan destruirlo. Por eso es tan importante que el libro no caiga en sus manos. Si algunos de los agentes telépatas de Narigonés S.A. logra contactar con quien tenga el libro o sepa dónde está, será muy difícil ocultarlo.

- Entonces espero que no encuentren a Johan Kornare, el amigo de mi padre que trajo el libro.

- Si lo encuentran, averiguarán que se lo ha dado a tu padre. Cuando no les funciona la telepatía, les funciona la tortura. Son gente muy mala... Pero ahora no nos preocupemos de eso. Ya veremos que hacemos al respecto.

- Pero mientras tanto, mi padre y su amigo Johan están en peligro...

- No te preocupes. Inmediatamente tomaremos recaudos. Tu padre se olvidará por completo del libro y de su amigo Johan. Uno de estos chicos se encargará del caso.

- Hola... -dije saludando a los gigantescos muchachos.

- Estos chicos -continuó Uros- son Thorosthoreherith, Armanodilrith y Lafursieg. Algún día te enseñarán algunas cosas relativas a la Magia más bonita y simple que hay, y que se llama La Magia de la Trinidad, o la Magia de los Tres Colores, con la que los niños se convierten en sabios.

- ¿De verdad que me van a enseñar a ser Mago? -dije con enorme entusiasmo.

- Claro que si, para eso estás aquí, pero en este primer viaje es mejor que dejemos esas cosas, y como eres nuestro invitado tenemos que hacer que te diviertas un poco. No sea que te empieces aburrir...

- ¿Aburrirme?, ¡Pero si esto es tan maravilloso que todavía no me lo creo! Y con la preocupación por mi Papá, menos puedo aburrirme...

- Bien, me alegro que nuestro invitado no sea-burra... Porque aquí no hay burros -dijo Uros riéndose a carcajadas- Antes que nada, Iskaún te mostrará un poco nuestras tierras, nuestras casas, el paisaje, y si te gusta, podrás volver otra vez ¿Te parece bien?. - Claro, estoy muy sorprendido y muy contento de estar aquí. Si les cuento estas cosas a mis amigos en la escuela, me encierran en un manicomio...

- Bien, ahora marchaos, que yo tengo que hacer muchas cosas... ¡Hace cinco humaredas de sol que no trabajo!. Nos veremos la próxima vez que vengas.

Mientras me daba un beso en la cabeza, me dijo en voz muy baja.
- Me he puesto un poco vago en estos últimos mil años, y tengo mucho trabajo atrasado... A propósito... -dijo muy serio- No le digas a nadie que has venido a este mundo, porque tienes razón en que te encerrarían por "loco".

Iskaún me tomó de la mano y estábamos por marcharnos a recorrer el lugar, pero me acordé de su hermana que seguía allí, durmiendo, y pensé que podía darle frío cuando se hiciera de noche.

- No te preocupes. -me sorprendió leyendo mi pensamiento- Aquí no se hace nunca de noche. Eso sólo es afuera... Es decir, de allá arriba.

- ¡Claro! -dije dándome cuenta- ¡Aquí estamos en el centro de la Tierra...! ¿Y ese sol?. -dije mirando al sol directamente, porque era amarillo rojizo tenue.

- Ese es el verdadero Centro de la Tierra. Aquí sólo estamos "del otro lado de la Tierra" en la superficie de adentro.

- Esto es más complicado que la aritmética.... ¿En qué país estamos?

- En ningún país de la superficie de afuera de la Tierra... Aquí estamos en la Interiora Terrae. Dentro de la Tierra. Imagínate una pelota de fútbol. Si la das vuelta como un calcetín, verás que tiene una superficie de afuera, y otra de adentro ¿no?.

- Ah, si, ya entiendo... Pero yo he visto unos libros de geografía que dicen que la tierra está llena de hierro y fuego...

- Es que los que escriben esos libros son gente muy sabia para tu mundo, pero que no sabe nada de Magia. Y nunca han estado aquí.

Continuamos conversando mientras caminábamos entre esos árboles tan inmensos, que la parte más alta no se veía. Las nubes tapaban parte del cielo y los árboles más altos llegaban hasta esas nubes. Luego empezamos a caminar por un sendero tan bonito, que me parecía que no iba a poder resistir las ganas de llorar de la emoción. Al dar la vuelta a una curva del sendero, tras un enorme peñasco, el paisaje se tornó más impresionante aún.

Estábamos en una parte muy alta de la montaña. Enfrente, una catarata tan alta que el agua que caía no llegaba a la tierra, sino que se desparramaba formando una nube que mojaba una amplia zona. Todo el paisaje estaba cubierto de vegetación espesa, abundante, y del verde con todos sus tonos asomaban puntos de colores rojos y violetas, amarillos y azules. Eran flores de las más variadas formas y tamaños.

Algo me llamó poderosamente la atención: El horizonte, en vez de ser curvado hacia arriba, como lo había visto varias veces desde algunas montañas cercanas a mi casa, era curvado hacia abajo. Es decir, que el centro de lo que daba la vista hacia cualquier dirección, era aparente más bajo que a los costados de la visual.

Seguimos caminando hasta rodear por completo aquel peñasco, y repentinamente apareció ante nuestra vista algo maravilloso, pero -si se quiere- más sorprendente... Allí adelante, sobre la cima de una montaña más pequeña, una pirámide gigantesca, toda blanca y deslumbrante. Un poco más allá, sobre otra montaña, una pirámide de piedra roja y blanca.

- ¡Qué maravilla! -exclamé- ¿También son tumbas, como en Egipto?

- No -respondió Iskaún- Las pirámides más grandes de Egipto nunca fueron tumbas. En la China, Bosnia, Perú, México y muchos otros países ttambién hay grandes pirámides, pero nunca fueron tumbas. Nosotros las usamos, pero siempre le hemos estado enseñando a los hombres mortales, cómo usarlas para convertirse en Magos. Pero como prefieren entretenerse en dominarse unos a otros y hacer guerras, se olvidan de lo mejor de la vida.

- ¿Y para qué sirven las pirámides? -dije en el colmo de la curiosidad.

- Pues, para muchas cosas. Una de ellas, es que cuando te lastimas, si la pirámide es perfecta, te ayuda a curarte más rápido. Pero hay otros usos mágicos increíbles...

- Estoy impaciente por saber más sobre las pirámides, porque con mi Papá no tuvimos mucho resultado en los experimentos con ellas.

- Seguramente no estaban bien proporcionadas, o no estaban bien orientadas.

- ¿Cómo es eso?

- Claro, pues deben estar con una cara exactamente hacia el Norte y, además, bien niveladas con la superficie de la Tierra, tanto aquí adentro, como allá afuera.

Caminamos en silencio un largo trecho, en que a cada vuelta del camino me sorprendía un espectáculo diferente. Desde una elevada cima, que dominaba visualmente una enorme extensión, vimos un valle profundo, con dos enormes peñones a cada lado de nuestro panorama, desde los cuales caían sendas cataratas, con una belleza excepcional. Y al fondo del valle, sobre una pequeña meseta, otra pirámide, que en la gran distancia parecía pequeña. Iskaún me miraba y sonreía, y yo me daba cuenta que leía todos mis pensamientos. Entonces pensé -para comprobar que lo hacía- que debería presentarme otros niños... Y de inmediato me respondió.

- Aquí hay pocos niños, porque sólo nace uno cuando un adulto se va al otro Gran Reino Natural de los Magos Maestros Ascendidos.

- O sea, que sólo cuando se muere un anciano, entonces...

- No, no. Aquí no hay muerte, salvo algún accidente muy rara vez. Nosotros no somos mortales. La muerte es la interrupción de un proceso biológico, y la vejez es una enfermedad que tu humanidad aún no ha superado y algún día aprenderá a superar. Es una desgracia que sufre tu civilización, y que un día, cuando todos quieran ser Magos, podría dejar de existir. Aquí tenemos cuidado al traer hijos al mundo. Sólo lo hacemos cuando hay una pareja de esposos que se aman muy profundamente con toda el Alma. Entonces, cuando uno Asciende al otro Reino Natural Superior, el Concejo de Ancianos se reúne para dar autorización a una de las parejas que desean tener niños.

- Pero eso es un poco injusto ¿no?.

- No, -dijo Iskaún entendiendo mi pensamiento- porque la finalidad de nuestra vida no es tener hijos, aunque casi todos tenemos esa maravillosa oportunidad. Tenemos en cambio tantas cosas maravillosas que experimentar y aprender, que el deseo de tener hijos no nos produce impaciencia. Además, aquí los niños son cuidados y amados de tal manera, por todos los demás, que su felicidad está absolutamente asegurada. Pero ahora mira...

Y señalando hacia arriba seguí su señal para ver un enorme disco que pasaba por el cielo a una velocidad mucho mayor que los aviones a reacción. En algún momento me pareció que se hacía transparente...

- ¡Qué guay! -exclamé asombrado- ¡Es un plato volador!... O sea, que son de aquí... ¡Y yo creía, como dicen en mi país, que son de otro planeta!

- Bueno... La verdad es que no sólo nosotros los usamos. También vienen de otros planetas. Todas las humanidades de todos los planetas normales andan con estos vehículos porque son muy rápidos y seguros, no contaminan el aire, permiten visitar otros sitios del Universo...

- Oye, Iskaún... ¿Por qué no enseñan Ustedes a la gente de mi mundo a fabricar platos voladores?. Sería muy bueno para la ecología, no sacaríamos petróleo.

- Por dos razones. La primera, es que en tu mundo todo conocimiento se aplica inmediatamente para la guerra, y estas naves son invencibles en comparación con los aviones y los barcos de guerra. Vuelan y maniobran hasta cien veces más rápido que los mejores aviones. ¿Qué supones tú que harían los gobernantes amantes de la guerra?.

- Oh, claro. Sería terrible para el mundo.

- Así es. Pero además, no les interesa. Podrían haberlos construido, ya, pero no les interesa, porque se les acabaría el negocio del petróleo y muchos otros negocios. Así que eso no les interesa. Por un lado tendrían una herramienta poderosa y por otro lado, como ya tienen mucho poder, perderían gran parte del él. Los platos voladores son algo muy especial, sirven para una civilización amorosa, pero no para una civilización que hace guerras.

- ¿Y voy a poder andar en uno? ¿Sí, verdad?

- Quizá en otro viaje tuyo. Por ahora tienes mucho que aprender aquí, y muchas cosas maravillosas que ver. Además, hay que ser un poco... Mago, para poder andar en ellos. Su campo de energía es tan fuerte, que no lo aguantaría cualquier persona. Si tú te mantienes puro y con pensamientos de Amor a Toda la Humanidad, tu vibración personal será armónica y podrás andar en un... Plato volador. Nosotros le llamamos "Vimana". Cierto gobierno de tu mundo, hace muchos años, hizo platos voladores, pero todos sus tripulantes viven ahora al margen de tu civilización en un lugar muy oculto.

Caminamos otro trecho en silencio, pasando por unos túneles de árboles y plantas frondosas, repletas de flores de todos los colores. Algunas eran tan bellas, que podría haberme quedado horas contemplándolas. También había frutos enormes, que Iskaún me dijo que se podían comer, pero yo (curiosamente) no tenía hambre.
Entramos por una gruta pequeña a lo que parecía que sería una salida al otro lado del peñón, pero en vez de eso, empezamos a bajar por unas escaleras, y me di cuenta que la caverna se hacía más grande y bonita. Había unas luces muy extrañas, en varios puntos de las paredes, que parecían aumentar la belleza natural de las rocas, las estalactitas y estalagmitas.

Miles de brillos de todos colores, abundando azules y amarillos, hacían que cada punto de la caverna fuera un espectáculo alucinante. Dentro de la misma cueva, tan grande que apenas se veía el techo a medida que avanzábamos, encontramos un pequeño arroyo, con un agua tan cristalina que se veía el fondo con toda claridad. Y el ruido que hacía en las pequeñas cascaditas, y al pasar entre las piedras, era tan dulce que me hubiera quedado allí durante días, si no fuera porque la curiosidad de ver que había más allá, me impulsaba a caminar más rápido que Iskaún.

La escalera había acabado, y unas rocas amarillas muy bonitas cerraban un poco el paso del sendero, pero se podía caminar con comodidad. Cuando una pareja de jóvenes venía por el pasillo, nos saludaron sin decir ni una palabra; sólo con gestos y sonrisas. Pero algo muy curioso ocurrió cuando Iskaún pasó entre ellos. Vi, a pesar de la poca luz, que sus cuerpos parecieron chocar, pero al mismo tiempo se atravesaban, sin interrumpirse. Como si Iskaún fuese sólo una imagen. Como sintió ella mi sorpresa, me dijo:

- No te preocupes... Cosas de dioses, que somos un poco diferentes a los Humanos mortales. ¿Quieres escuchar música? -dijo cambiando de tema.

- Claro, la verdad es que la música me gusta mucho.

Entonces llamó a Arkaunisfa, la chica de la pareja que acababa de pasar, y ésta se volvió. Iskaún no hizo más que nombrarla, pero Arkaunisfa llegó muy cerca nuestro mientras el chico que la acompañaba empezaba a bailar sin música alguna. Arkaunisfa tomó unas piedras pequeñas, y las golpeaba contra las piedras amarillas que me llamaban la atención por su aspecto metálico.

Entonces el sonido que brotaba era tan bonito, que a medida que la chica parecía concentrarse en el ritmo, la música se hacía más dulce, capaz de ablandar el corazón más duro y llegar hasta el Alma. - Se está inspirando... -dijo Iskaún susurrando a mi oído- Ya verás que bueno. Y en unos segundos más, aquello era un concierto de mil tonos, con una armonía magistral. El sonido de cada nota no se perdía tras el golpe, sino que quedaba flotando en el aire de la caverna, que con sus ecos formaban una variedad de tonos que serían la envidia de los más grandes músicos que solía escuchar mi padre.

- ¡Mozart y Beethoven deben aprendido aquí!- exclamé. Iskaún me guiñó un ojo y me hizo un gesto afirmativo con la cabeza. Mientras Arkaunisfa cerraba los ojos y se concentraba más, mejor y más sublime era la música. Tan bella y profunda era, que casi me pongo a llorar de emoción. Sentí el impulso de acompañarla de alguna manera. Tenía que participar, como si la música me invitara a hacer algo.

- Entonces... ¡Canta!. -dijo Iskaún leyendo otra vez mis pensamientos.

Empecé poco a poco, a seguir la melodía con la voz. Pero yo sólo había canturreado alguna que otra canción, imitando a los cantantes que mi padre escuchaba en los discos o la radio, así que me daba un poco de vergüenza.

- No tengas vergüenza, Marcel, canta. -me decía Iskaún entusiasmada.
Y empecé a cantar con más ánimo, y descubrí que a medida que me concentraba, como Arkaunisfa, la voz me salía mejor y la entonación no estaba demasiado mal. Así que cuando quise acordar, estaba yo allí, cantando no recuerdo qué cosas que se me ocurrían. Como si mi Alma fuese la que cantaba, y yo sólo ponía la garganta. Era algo maravilloso para mí, descubrir que podía cantar, sin que mis hermanos o mis compañeros de la escuela se burlaran. Así que estuvimos haciendo música un montón de tiempo, hasta que Arkaunisfa parecía ya un poco cansada, porque eso de golpear las piedras con otras piedras, caminando de aquí para allá entre las rocas amarillas, debía ser un tanto agotador.

- ¡BRAVOOOO! -Exclamó Iskaún aplaudiéndonos- Te has convertido por momentos, en un Mansiegibur...

-¿Y qué es eso? - pregunté con tanta curiosidad que Iskaún soltó una risa.

- Mansiegibur es cualquier mortal que hace cosas de dioses cuando deja que nazca su inspiración artística. Ahora, ya lo sabes. Puedes cantar, y muy bien. Gracias Arkaunisfa, nos has dado mucha felicidad -dijo Iskaún despidiéndose de la chica, que volvía con su pareja, y nos saludaba con las manos, sin decir ni palabra, pero sonriendo con la misma felicidad que nosotros.

- ¿Cómo pude cantar esas canciones cuyas palabras no comprendo?, ¿Cómo puede alguien usar simplemente unas piedras para hacer esa música?- pregunté asombrando, tomando consciencia de lo experimentado.

- Porque tu Alma sabe cosas que tu cabeza no sabe. Respecto a las piedras, es porque que no son piedras comunes. Son de oro, con el centro de diamante y cuarzo. En realidad no son muy naturales, porque las fabricó Osrithfaeheos, al que le llamaron Orfeo, hace más de un millón de años. Las colocó en esta montaña, pero allá arriba, y cuando Fabarodil, hace unos quinientos mil años, descubrió que esta caverna podía dulcificar los sonidos aún más, las trajo aquí. Esta música que habéis hecho tú y Arkaunisfa, ha sido escuchada en buena parte de la región. El sonido se extiende por los túneles a una enorme parte de este territorio.

Estaba tan maravillado con las experiencias, el paisaje, la música -que aún rondaba en los ecos de la caverna- y la maravillosa amabilidad de esta gente, que sentí de repente, una especie de miedo de volver a mi casa.

- Pero deberás volver -dijo Iskaún- De todos modos, ya sabes que tienes que hacer la invocación otras veces, y volverás a visitarnos.

- ¡Claro!, Visita Interiora Terrae Rectificando Invenies Occultum Lapidem... ¿Y cómo puedo hacer para quedarme y no tener que volver...?

- Vamos, no seas pícaro... Que no puedes quedarte. Tienes mucho que hacer allá afuera. Aquí sólo aprenderás cosas, pero para ser un Mago, no sólo debes aprender cosas, sino también ponerlas en práctica. Y a ti te corresponde cumplir una promesa que has hecho al Dios Creador... ¿Lo recuerdas?.

- Ah, sí, claro. Mientras yo estoy aquí, hay muchas personas sufriendo en mi mundo... -dije con auténtica tristeza al recordar que en la superficie del mundo hay guerras, personas que se mueren de hambre y soledad...

- Bueno, bueno, no te angusties, Marcel. Ya podrás hacer por ellos algo bueno. Tampoco pienses que todo el dolor del mundo tendrás que cargarlo tú. Recuerda que cada uno es responsable de sus sentimientos, de sus pensamientos, de sus palabras y sus actos...

- Eso me alivia un poco. Pero... ¿Podría venir con mi Papá la próxima vez?.

- Hummmm, no sé. No creo, pero habría que preguntarle al Gran Maestro Urosirarsiegeherithkaunrithissiegthorodil. Por ahora, creo que no.

- Es que mi Papá está muy interesado en la Magia. Tenemos un libro que...

- Si, todo eso ya lo sé -dijo Iskaún- y tu padre será Mago algún día, pero aún debe aprender algunas cosas, antes que pueda venir aquí. Hablaré con el Gran Maestro y en el próximo viaje te daré una respuesta ¿de acuerdo?.

La verdad que me daba mucha pena que mi Papá no pudiera compartir un viaje como éste. Pero cuando Uros me dijo que no le dijera a nadie que había venido a este lugar, lo dijo muy seriamente. Así que me prometí a mi mismo guardar el secreto.

- Perfecto -dijo Iskaún leyendo como siempre, mi mente- Una de las más importantes cosas que debe aprender un Mago, es a guardar los secretos. Cuando cuentas algo que estás haciendo, como por ejemplo un invento, a alguien que no te cree, o que no confía en que puedas lograrlo, pierdes una parte de la energía mental que necesitas para alcanzar ese objetivo. Y a veces pierdes tanta energía, que basta decírselo a una sola persona, para que tu idea quede anulada. En este caso, recuerda que estás aprendiendo a ser Mago, y eso es algo que pocas personas en tu mundo puedan lograr.

Mientras me explicaba estas cosas, mis ojos se volvieron a asombrar de otro prodigio ese lugar que parecía esconder una sorpresa en cada rincón. Entre medio de unas piedras, unos cristales amarillos y otros rojos, titilaban como estrellas. Antes que preguntara a Iskaún qué era aquello, me respondió.

- Estos son transformadores de luz. Reciben la luz de nuestro sol y la acumulan, para trasladarla como energía a otros lugares ubicados entre tu mundo y éste. Hay cavernas enormes, donde viven otras personas que no son todavía... "dioses" como nosotros, pero vivían allá afuera, donde vives tú, y como han evolucionado bastante, pero no lo suficiente, están viviendo allí, donde pueden mejorarse y aprender a ser Magos.

- ¿Y por qué no viven aquí? - pregunté preocupado.

- Porque todavía no han aprendido a controlar su mente; y como habrás comprobado, aquí no necesitamos hablar, porque somos telépatas.

- ¡Ya lo sé...!, porque me lees los pensamientos...! ¿Y los que viven en esas cavernas no son telépatas, entonces no pueden comunicarse?

- Si que podemos comunicarnos, pero es que para nosotros resulta difícil convivir con personas que no saben controlar sus pensamientos, que muchas veces no son puros. Tú, como no tienes pensamientos impuros ni maliciosos, y tienes un profundo sentido del respeto, eres una compañía agradable, pero cuando tuviste miedo, durante el viaje hacia aquí... ¿Lo recuerdas?

- ¡Claro!, ¡No lo olvidaré en toda mi vida...!

- Pues como soy telépata y muy sensible, empecé a sentir tu miedo y tuve que distanciarme de él, como "mirando ese miedo y diciéndome a mi misma que ese miedo no es mío... Imagínate si en vez de miedo, tuvieras envidia, odio o desconfianza... Incluso siento la preocupación que tienes por tu padre y su amigo Johan...

- Entiendo, entiendo... Cuando los adultos sienten esas cosas, a veces lo percibo, y me siento muy molesto ¡Y eso que no soy telépata!... ¿Me llevarás a esas cavernas enormes?, me gustaría conocer a esas personas...

- En otro viaje. Ahora tienes algunas cosas más que ver aquí, y luego debo llevarte de vuelta a tu casa, antes que tus padres noten tu ausencia. ¿Qué te parece si vamos a una de las pirámides?

- ¡Claro que si!. Estoy muy, pero muy feliz de ver tantas cosas maravillosas.

Llegamos en unos minutos a la Gran Pirámide que habíamos visto desde arriba de la montaña, porque bajamos por un túnel que iba directamente desde donde estábamos, hasta el pie de la montaña de la pirámide. Desde allí, unas escaleras que subimos casi corriendo, nos llevaban al pie de la pirámide enorme y blanca. Dimos un rodeo para quedar en la cara de la entrada, frente a la cual había una plaza tan grande que cabrían allí muchos miles de personas. No se veía ninguna puerta, pero cuando Iskaún pronunció un nombre de esos tan raros, se abrió en la cara de la pirámide una puerta enorme, y pasamos al interior, a una sala con el piso de piedras de los más variados y hermosos colores, que Iskaún me explicó que eran ágatas pulidas, con amatistas violetas y zafiros azules entre medio.

Al centro de la sala, se dibujaba en el piso una gran estrella de ocho puntas, con sus puntas cuadradas, que estaba hecha con jade negro y platino. En las paredes había cuadros hermosísimos, que cambiaban según la posición desde la que se miraran. Otros eran mezcla de pintura y escultura, con imágenes impresionantes de guerreros matando monstruos, sirenas, centauros (esos seres con cuerpo de caballo y parte de ser Humano), así como cuadros de diversos animales. Uno que me pareció el más bonito de todos, era de dos Unicornios en un lugar precioso.

Un hombre que parecía un ángel entró desde un pasillo lateral a la sala, y nos saludó con gesto alegre. Entonces, al llegar cerca de nosotros, hizo chasquear los dedos, y el sonido que hizo fue casi musical. Luego pronunció el nombre de Iskaún en dos tonos, como lo había hecho antes el Gran Maestro Uros, y los ecos de la sala fueron tan armónicos que me recordaron el concierto que Arkaunisfa hiciera con las piedras de oro.

- Pero es que Arkaunisfa es una consumada experta en música -dijo el hombre leyendo también mi pensamiento, con lo que quedé sorprendido.

- No te sorprendas tanto, aquí todos somos telépatas. ¿Cómo te llamas?.

- Adivínalo... -dije con picardía, pensando en el nombre Gustavo, que era mi hermanito pequeño.

- Gusta... -empezó a decir- Gusta... ¡Mentiroso!, ja, ja, ja, ese es tu hermanito pequeño, ja, ja, ja, te pillé. Eres muy travieso. Piensa en tu nombre.
Y me puse a pensar que me llamo Alejandro, pero sin pensar en nadie.

- Ale... No, tampoco. Tú no puedes llamarte Alejandro. Ese es un nombre muy bonito, que significa "Protector de los Hombres", pero tu vibración personal es diferente, y tu pensamiento me dice que estás mintiendo... ¡A que te llamas Marcel!

- ¡Si!, ¿Cómo lo has adivinado?

- Es que soy más listo que tú, en eso de los juegos de telepatía y control del pensamiento... Bueno, no, en realidad es que Iskaún se descuidó y leí su pensamiento. Y yo me llamo Gibururarriththorisarnot, y soy, como mi nombre lo indica, el guardián de este Templo, donde los... Esteee... Dejemos el asunto de mostrarte el Templo, a Iskaún, que es tu guía. Yo tengo algunas cosas urgentes que hacer. Nos veremos en otra ocasión.

Le saludé sintiendo que ese Gibururarriththorisarnot sería algún día un gran amigo. Pero antes de salir, dijo algo a Iskaún con el pensamiento, así que no pude saber de qué se trataba. Pero en la cara de Iskaún, se reflejó por un momento una preocupación o algo así. Antes que le preguntara, me explicó lo que pasaba, mientras caminábamos hacia el extremo de la sala.

- No te preocupes, no es nada que pueda afectarte.

- ¿Seguro? ¿Nada que ver con los esos... Narigones... Que buscan el Libro...

- No, nada que ver. Se trata de que el Sol Mayor (el que está afuera, el que alumbra tu mundo) está teniendo unas perturbaciones, y hay explosiones muy grandes, que producen efectos raros en nuestro Sol Interior, este que nos da un día permanente. Y el encargado de estudiar todos estos asuntos en esta época es Gibururarriththorisarnot, y no es fácil manejar esas cosas, porque toda la energía que usamos nosotros para ayudar a la gente de las grandes cavernas, depende del funcionamiento estable del Sol. También cuidamos algunas cosas del planeta, que se han desajustado desde que la civilización de afuera tira bombas atómicas. Con eso han hecho mucho daño al planeta, que no es una simple piedra, sino un Ser Viviente, como nosotros. Tiene sentimientos, es como una Gran Madre, que Ama profundamente a todos los seres que viven en ella, tanto adentro como afuera. Y con las explosiones atómicas, las bombas de toda clase, la construcción de represas enormes que alteran el normal curso del agua, la contaminación de la atmósfera, los pensamientos de violencia de miles de millones de personas... Pues están haciendo sufrir mucho a la Tierra.

Iskaún interrumpió su explicación porque llegamos al extremo de la sala, donde habían unos aparatos parecidos a unas pantallas, y una puerta. Pero esta sala era sólo el recibidor del gran edificio. A los costados, enormes columnas de color azul con vetas de oro y blancas, lustrosas e imponentes, daban la sensación de que no era posible hacer una construcción más impresionante y bella. El remate de las columnas, tanto como el zócalo, recubierto de oro puro, con ornamentos de finísima hechura.

Ante tanto esplendor y belleza sentí otra vez la sensación de que estaba soñando, y que me entristecería despertar, para quedar otra vez aburrido en el fondo de mi casa, y pensar que todo había sido sólo un bonito sueño ¡Pero qué sueño, en tal caso!.

- No, Marcel, no estás soñando. -respondió Iskaún a mi pensamiento- Cuando estés allá arriba, creerás haber soñado, pero como vendrás otras veces, irás comprendiendo de que a pesar de ser un niño, tu Alma es muy pura y puedes llegar algún día, a ser como nosotros.

- Esto se me pone complicado para entender... ¿Quiere decir que ser un Mago significa ser un dios como vosotros?.

- Si, en realidad, de eso se trata. ¿Acaso no te gustaría vivir aquí para siempre?.

- Pues... No se... -dije pensando en mi hermanito, en mis padres- Creo que me aterroriza la idea de no ver más a mis padres. Y menos cuando allá hay algún peligro que les acecha. ¿Podrían venir a vivir aquí?

- No lo sé. Quizá algún día, pero es un poco difícil.

- Entonces no me quedaría. Les quiero mucho. No aceptaría nada si tuviera que perderlos para siempre.

- Lo comprendo -dijo sonriendo mi amiga- pero cada uno tiene su destino, así que está muy bien que por ahora, y por mucho tiempo, permanezcas con ellos. Ellos también te necesitan mucho a ti. En realidad todos los niños necesitan a sus padres...

En ese momento me acordé de que hay muchos niños que no tienen Papá ni mamá, y que viven con otros parientes, y que aunque los quieran mucho, es muy triste no tener Papá y mamá. Y al momento, me acordé de un reportaje que oí en la radio, que trataba sobre los miles de niños que no tienen padres pero ni siquiera tienen un hogar, que viven bajo los puentes, en los basurales, en cualquier lugar, abandonados...

- Justamente por eso -me volvió a sorprender Iskaún respondiendo a mis pensamientos y a mis lágrimas- es que tu Alma te pide convertirte en un Mago. Porque sólo los Magos pueden ayudar a que todas esas injusticias se terminen. Y no es fácil ni para el mejor Mago.

Entonces, en mi corazón que se había convertido en un remolino de pena y amargura, había tanto dolor que Iskaún se alejó unos pasos, como mirando distraída una hermosas flores, pero yo me di cuenta que también estaba llorando silenciosa y profundamente. A ella también le había dolido en el Alma mi sentimiento. Y como era telépata, seguramente había captado las imágenes de mis recuerdos de los chico que había visto en los barrios marginales de mi ciudad, y mi memoria del reportaje de los niños abandonados, que es lo más triste que había sentido en mi vida. Al mismo tiempo, empezaba a pensar con una total convicción, que aquel juramento que había hecho a Dios, de no dejar de luchar nunca hasta lograr que toda la humanidad sea feliz, era cada vez más válido. Dentro mío surgía una fuerza enorme que me inspiraba para ser fuerte, y aunque me causara todo el dolor del mundo, no abandonaría a esa humanidad por la que sentía tanta pena.

- Iskaún... Perdóname, no tuve intención de hacerte sufrir lo mismo que yo... Es que no puedo evitar pensar y sentir. Creo que tendría que vivir en esas cavernas donde está la gente que aún no domina sus pensamientos.

- Descuida, cariño, es que no sólo he sentido tu pena. También me ha emocionado el hecho de lo que estás pensando ahora. Pretender luchar hasta lograr que toda la humanidad salga del sufrimiento, es un heroísmo, una valentía tan grande, que nosotros, los dioses, admiramos mucho. No porque nos falte amor, sino porque no podemos imaginar cuánta fuerza de espíritu hace falta para que un mortal que no tiene nuestros poderes, jure dedicar su vida a ayudar a los demás.

- ¿Es que los dioses no tienen problemas? -pregunté ya repuesto y curioso.

- Si, claro que los tenemos... Pero ni remotamente tan grandes problemas como ustedes. Nosotros no conocemos la enfermedad, ni la locura, ni la pobreza, ni el odio, ni el miedo. Han sido excepcionales los de nuestro pueblo que han sufrido locuras y justamente por uno que se volvió loco es que... Bueno, ya comprenderás más cosas después...

-Pero si sois telépatas entonces podéis saber lo que la gente piensa y siente...

- Sólo conocemos todo eso porque lo observamos en los mortales. Nuestros problemas apenas existen. Ni siquiera nos morimos... Ustedes pierden a los seres queridos, y no saben que luego se reencontrarán. Entonces, al creer que los pierden para siempre, sufren muchísimo. En general, apenas podemos sentir sufrimiento, porque sentimos el dolor en que viven ustedes.

- Bueno... -dije tratando de consolarla- también tenemos nuestras diversiones, nuestros juegos, y tenemos... Tenemos el Amor. Y no hay nada más grande e importante que el Amor ¿Verdad?.

- Así es, amiguito. No hay nada más importante en la vida que el Amor. Pero ahora, ya que estamos aquí y disponemos de un corto tiempo, te mostraré algo más de esta pirámide ¿De acuerdo?.

Accedí encantado. Atravesamos la sala de la estrella de ocho puntas y entramos por un pasillo larguísimo, a otro recinto más grande aún, pero era tan grande como un estadio de fútbol, o quizá más grande aún. Si la sala anterior era el colmo de la belleza, éste era el colmo de lo impresionante. Había en el centro una estrella de ocho puntas, pero no dibujada con piedras en el suelo, sino como una mole de medio metro de altura. Subimos una escalera que conducía hacia alguna dependencia en la parte superior, pero el techo de esta sala estaría como a treinta metros de altura. No sabría decir que forma tenía, porque colgaban diferentes cosas, como bolas de metal brillante, pendiendo de unos cables dorados, cilindros de diferentes colores, parecidos al vidrio, prismas de diversas formas... Algo muy variado y raro.

Desde la escalera, pude ver mejor la estrella de ocho puntas, que tenía cristales de colores rojo y azul incrustados en ella. Justo sobre el centro de la estrella, había un cristal blanco, del cual emanaba una luz celeste muy tenue hacia arriba, conectando con una pirámide invertida pequeña pero muy brillante por momentos. En ese momento, cuando miraba maravillado, me ocurrió algo más maravilloso aún... Sentí una especie de corriente eléctrica, pero muy suave, que entraba en mi cuerpo y me causaba profunda alegría. Por mi espalda corría una energía que me daba la sensación de ser agua, pero muy agradable, entonces Iskaún me tomó de la mano y me hizo avanzar por las escaleras, hasta llegar a la parte más alta. Había allí una puerta de metal, pero nosotros la traspasamos sin dificultad alguna, como si sólo fuese una imagen en el aire. Entramos a una cámara donde había más de cien camas, y varias de ellas estaban ocupadas por personas que parecían estar durmiendo. Iskaún me dijo apenas entramos, que pensara sólo en el Amor, en cosas bonitas y la belleza de las flores, tan concentradamente como pudiera.

Así lo hice hasta que traspasamos la sala aquella, y entramos luego en una especie de laberinto donde había espejos, paredes de cristal y unos aparatos raros.

- En la sala anterior -me explicó- que llamamos "Sala de los Durmientes", están aquellas personas que han sufrido algún accidente, o que han viajado por otros planetas, y necesitan curación o recuperación de energía. Lo que sentiste antes, en la sala de la Gran Iepum, es apenas una muestra de la energía que puedes sentir en una pirámide. Tú apenas la has sentido, porque ahora mismo no está funcionando a pleno, y porque estás con tu cuerpo mágico y no con tu cuerpo de carne y hueso. ¡Imagínate cuando funciona!. Pero los mortales no podrían soportar toda la energía de esta Gran Pirámide porque están llenos de impurezas físicas y mentales. Bueno, como te digo, esta pirámide no está funcionando con todo su poder porque se están haciendo arreglos, pero aún así, tiene energía suficiente para curar a la gente.

-¡Ahhh! ¡Ya me parecía!, -dije entendiendo un poco más- Lo que ocurre es que estoy soñando...

- No, Marcel, no estás soñando. En realidad estás aquí, con tu cuerpo mágico, que allá afuera todo el mundo tiene pero casi nadie sabe que lo tiene. Yo misma estoy ahora con mi cuerpo mágico, y mi cuerpo físico está durmiendo allá afuera, recostado en las raíces de mi árbol preferido.

- ¡O sea que no era una hermana gemela tuya...!

- No, ese es mi cuerpo físico; pero no te lo expliqué antes, porque debía esperar a que pasara un poco tu sorpresa por esta experiencia. ¿Has notado que no he hecho ningún ruido?.

- ¡Claro, cuando pasó Gibur... Gibur... !

- Gibururarriththorisarnot

- Si, eso. Él chasqueó los dedos, y recordé que nuestros pasos no hacían ruido en ningún momento, pero los de él si... ¿Entonces cómo es que podemos escucharnos cuando hablamos?.

- Porque al estar con tu cuerpo mágico, puedes hacer todo lo que hace cualquier persona, pero con algunas diferencias. ¿Has notado que no tienes hambre, ni sed...? Además, tú tampoco puedes hacer ruido.

- Si, es curioso, pero no me ha dado ni hambre ni sed el paseo, y creo que caminamos mucho, pero... ¿Tampoco puedo hacer ruido? -dije con picardía mientras daba palmadas lo más fuerte posible, pero cuán grande fue mi sorpresa al comprobar que ningún sonido salía de mis manos.

- Bien, ya lo ves -dijo ella sonriendo- Puedes cantar, porque hay un centro de energía muy importante en la garganta, pero tu canto sólo podemos escucharlo nosotros, los... Bueno, los dioses, como nos llaman los mortales. Si cantas con tu cuerpo mágico, fuera de tu cuerpo físico allá entre tu familia, ellos no podrían oírte, y ni siquiera podrían verte, ni tocarte. Tú les podrías ver y oír, pero no les podrías tocar.

- Entonces no puedo tocar nada aunque quisiera... -dije sorprendido.

- Exactamente. Sin embargo, algunas cosas pueden afectarte a ti. Por ejemplo la energía magnética de la pirámide. También puedes sentir algunos aromas, oír todo lo que ocurre con los cuerpos físicos. Sólo tu tacto y tu gusto no funcionan aquí, aunque funciona el tacto con otros cuerpos mágicos que se encuentren separados del cuerpo físico...

- ¿Cómo es eso? -pregunté tratando de entender.

- Si estás con el cuerpo mágico, sólo puede tocarte alguien que también está en su cuerpo mágico. Si yo estuviera con el cuerpo físico y el mágico juntos, podría verte y oír tus pensamientos, pero no podría darte la mano. Y si te fijas bien, verás que la sensación al caminar es sólo mental. En realidad, no tienes ni necesidad de caminar... Pero hemos caminado para que vayas descubriendo poco a poco las cosas de este mundo, que además, vienes a conocerlas en tu cuerpo mágico, entonces es toda una experiencia muy rara y fuerte para un Humano mortal.

- Y si no hace falta caminar, quiere decir que...

- Exacto, Marcelín. Podemos volar. ¿Quieres probar?.

- No me lo digas dos veces, ¡Que estoy ansioso por probar a volar...!

- De acuerdo, pero debes tener claras tres cosas. Una, es que nunca debes largarte a volar desde un lugar alto. Porque cuando te acostumbras a salir con tu cuerpo mágico, tu estado de consciencia varía, y a veces puede que no estés seguro si estás con tu cuerpo mágico, o estás con todo tu cuerpo. Así que si estás con tu cuerpo físico, creyendo que estás con el mágico...

- Ah, ya entendí. Me puedo dar un tortazo bárbaro.

- Muy bien. Eso es. Si se quiere volar has de estar seguro de estar en cuerpo mágico es sólo cuestión de dar un salto. Si no vuelas allí mismo, no hagas la tontería de lanzarte a un abismo. Y lo segundo, es que nunca debes entrar a ningún lugar sin permiso, aunque sepas que no pueden verte los mortales. El sentido de la "ética", que es el respeto a todos los demás seres y cosas, no debe perderse. Si pierdes el respeto a los demás, creyendo que puedes quedar impune porque nadie te ve, entonces estarás perdido, condenado por tu propia conciencia... Sólo puedes entrar a un lugar con el cuerpo mágico, si consideras que igual podrías entrar con el cuerpo físico sin necesidad de pedir permiso. Y lo tercero, es que nunca debes permanecer mucho tiempo en tu cuerpo mágico, porque el cuerpo físico se enfría. En este caso, hemos hecho algo especial para que puedas estar más tiempo afuera. Pero si sales con tu cuerpo mágico tú solo, debes dejar el físico bien abrigado, en un lugar seguro, y salir por poco tiempo.

- ¿Y cómo es que tú lo has dejado allá entre los árboles? ¿No te enfrías?.

- No, en mi caso es diferente, porque aquí los cambios de la temperatura son insignificantes. Además, mi árbol me cuida. Su campo de energía me protege de cualquier cambio, si lo hubiera, y también hay una mascota que me cuida para que otros animalitos no me molesten. Pero ahora dejemos las explicaciones, y ¡A volar!.

Dicho ésto, empezó a elevarse en el aire, y yo pensé que no podría seguirla, así que le dije que no podía, a menos que me enseñara cómo hacerlo.

- Muy simple. -respondió riéndose- Tienes que dar un pequeño saltito, y luego quedarte arriba, sin volver hacia abajo.

- Vamos, que eso me parece una tontería... -respondí, pero lo hice tal cual. Mi sorpresa fue mayúscula, al ver que podía permanecer en el aire, como cuando uno sueña que vuela. Pero me sentía tan contento como asustado, así que pregunté a Iskaún qué debía hacer ahora, estando en el aire.

- Ahora recuerda que tu cuerpo mágico pesa menos que el aire, para ser más exacta, tu cuerpo físico pesa unos veinte kilos, así que tu cuerpo mágico no llega a pesar ni un gramo. Ahora concéntrate, que tu Voluntad te lleva hacia donde quieras. Ahora sabes que puedes volar, pero tu vuelo no depende de la aerodinámica de las alas, como en los aviones, ni de los campos magnéticos, como en nuestros discos voladores, sino de tu imaginación. Prueba a venir a mis brazos...

Y al primer intento, si Iskaún no me hubiera abrazado, hubiera ido a parar no se a dónde. Porque al principio, es como cuando uno aprende a manejar una bicicleta. Hay que acostumbrarse a medir y calcular las distancias y la velocidad. Pero en este caso, uno no tiene que darse un tortazo como con una bici. Simplemente, pasa de largo. Con unos ensayos más, ya podía volar como un pájaro, o mejor aún, a una enorme velocidad, aunque me daba un poco de miedo ir muy deprisa. Salimos de la pirámide sin recorrerla toda, porque era muy grande y encerraba muchísimos secretos que no tendríamos tiempo de descubrir en este viaje. Apenas estuvimos afuera, empezamos a volar otra vez, y al tomar una gran altura, sentí un poco de vértigo, así que le pregunté a Iskaún si podía agarrarme de sus cabellos para sentirme un poco más seguro. Apenas me dijo que si, envolví mi mano en un mechón de su melena, que apenas se sentía al tacto, de tan suave que era su pelo. Y mientras estábamos volando como pájaros, a gran altura, hubo dos cosas que me parecieron demasiado extrañas. Una era que el cuerpo de Iskaún parecía hacerse transparente en algunos momentos.

- Pareces un dibujo -le dije asombrado y curioso- como los de algunas películas. ¡Te haces transparente!.

- Si, es porque nuestro sol está en una etapa de gran actividad, y su campo magnético produce este efecto en nuestros cuerpos mágicos. Si te fijas en ti mismo, verás que tú también estás casi transparente...

Mientras miraba yo a través de mis manos y brazos, Iskaún se reía de mi asombro. ¡Qué increíble era todo aquello!, ¡Una sorpresa tras otra!.

- Pero explícame -le rogué- ¿Por qué hay unas nubes verdes siempre tan lejanas?, ¿Es que la tierra se refleja en ellas?.

- No, eso no es por las nubes. ¿Ves cómo el horizonte es cóncavo y no convexo, es decir curvo hacia abajo?. Allá afuera, en tu mundo, el horizonte visto desde una montaña demuestra la redondez de la tierra. Pues aquí también, pero al revés, porque estamos en la superficie interior de la Tierra. Y eso que ves en la lejanía, no son nubes, sino territorios muy lejanos. Imagínate una cáscara de nuez sin la parte comestible...

- Ah!, claro, ya entendí del todo este asunto. La Tierra es como una especie de pelota hueca, y en el medio de ella está el sol que vemos desde aquí. Entonces aquí es el Paraíso Terrenal que nos decía la maestra hace unos días, cuando nos leía La Biblia... ¿Es así?.

- Eso es. Aquí es el Paraíso. - Pero entonces aquí es donde nació Adán... -repliqué razonando.

- Si, pero esa es otra historia muy complicada para que la entiendas ahora. ¿Qué te parece si seguimos volando un poco más y vemos algunos paisajes, mientras vamos apurando el regreso?.

- Vale, porque esto de volar es muy bonito...

De todos modos, unos segundos después le dije a Iskaún que prefería caminar, porque me parecía más seguro; pero en el fondo de mi corazón, había otra razón: Quería prolongar este viaje; quería estar más tiempo con mi amiga, que me parecía como si hiciera muchísimo tiempo que la conocía.

- Si caminamos, -me dijo- no alargarás tu estadía aquí, sino que no podremos aprovechar mejor el tiempo... Pero es igual; porque en este primer viaje el objetivo es que conozcas algunas cosas, como la existencia de este mundo mágico, y casi no nos queda tiempo.

Volvimos en parte caminando, en parte volando, al sitio donde habíamos salido del túnel que une este mundo mágico con el mundo de afuera. Esto de volar, como en los sueños, era algo fascinante, maravilloso, me permitía apreciar el paisaje de muchas maneras diferentes. Aunque aún tenía un poco de vértigo, disfrutaba mucho. Cuando miraba hacia abajo y me interesaba ver un poco más de cerca alguna cosa, caía en picado, a una velocidad impresionante y me asustaba, porque me parecía que me estrellaría contra el suelo, pero pasaba de largo. Veía las rocas por debajo del suelo, y con sólo pensarlo, volvía a salir y a repetir algunas piruetas en el aire ¡Qué alegría tan grande me daba volar!. Pero Iskaún me llamaba, porque debía volver a mi casa. Y me parecía una despedida trágica, que me daban ganas de llorar ¿Y si no pudiera volver a ese mundo maravilloso nunca más?, ¿Volvería Iskaún a buscarme, como me había prometido?, ¿Me enseñarían aquellos chicos mayores, la Magia de los Tres Colores, con la que los niños se convierten en sabios?

Llegamos al hermoso sitio y allí estaba el cuerpo físico de Iskaún, que seguía como dormida. Ah, pero... "No me iré sin entender cómo es eso del cuerpo físico, y el cuerpo mágico" -pensé.

- No te preocupes, que ya lo entenderás.- me dijo mi amiga- Pero ahora debemos volver rápido, porque tus padres despertarán y puede haber problemas. Así que recuéstate aquí, y cierra los ojos un momento.

Tal como me indicó Iskaún, me recosté y cerré los ojos. No tuve ninguna sensación, pero cuando me dijo que ya podía mirar, estábamos otra vez en el túnel, cayendo hacia mi mundo, que en realidad también podría decirse que estaba "cayendo hacia arriba", para salir nuevamente al fondo de mi casa. Pero en el camino, como duraba algunos minutos, me puse a hacer piruetas, aprovechando mi nueva facultad de volar con el cuerpo mágico. Era muy divertido hacer "trompos", "looping" y "tirabuzones", mucho más rápidos que un avión, mucho más ágil que un pájaro. Y todo ello, sin dejar de avanzar por el túnel, hacia mi casa.

- Bien, ya estamos de vuelta. Aquí puedes ver tu cuerpo físico, recostado contra la parra, así como mi cuerpo está entre las raíces del árbol. ¿Lo vas comprendiendo?.

- Estoy... Estoy...

- Sí, claro. Comprendo tu sorpresa. Es normal. Pues ahora ya sabes que puedes hasta volar con tu cuerpo físico. Pero recuerda que nunca debes empezar a volar lanzándote de alguna altura, porque es peligroso. Si deseas saber si estás con el cuerpo físico o el mágico, debes dar un pequeño saltito. Y si flotas, pues ya sabes. Quiere decir que tu cuerpo físico estará durmiendo con toda placidez. Ahora... Adiós. Ya volveré a buscarte en otro momento.

- ¿Y si me llevas, pero con el cuerpo físico también?.

- Eso lo veremos. Hay que hacer unos cuántos preparativos para ello. Con tu cuerpo mágico es mucho más rápido. A tu cuerpo físico habría que venir a buscarlo con una vimana, pero como tienes cosas que aprender, quizá lo dejemos para más adelante. Y con tu cuerpo físico no podrás volar ¿Acaso no disfrutas volando con el cuerpo mágico?

- ¡Si, claro!, ¡Y mucho!. Pero se me hará muuuuuy largo el tiempo, esperando que vuelvas a buscarme.

- No lo creo ¿Acaso no tienes unos experimentos pendientes con las pirámides?

- ¡Ah!, cierto... Lo había olvidado. Y ahora que se que son mágicas también...

- Bien, no abandones tus experimentos. Y cuida muy bien el libro, que no debe caer en manos de los Narigones. Apenas me vaya, cierra los ojos.

Iskaún me dio un beso en la frente y se sumió en la tierra saludando con su largo brazo y su bonita sonrisa.


(Actualización en web, Junio de 2012 )