SECCIÓN DE NOVELAS INFANTO-JUVENILES

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EL TESORO MÁGICO DE LAS PIRÁMIDES Página anterior

- ¡NOOO! -exclamé horrorizado- ¡Ni hablar!. Si yo me olvidara de mi juramento y me olvidara de que existe este mundo maravilloso, sería como dormirme... Estaría tan dormido como casi toda la gente de mi mundo. Ahora me doy cuenta que estoy despierto, y si me durmiera, no podría hacer nada por los demás, ni por mí mismo... Además, si me olvidara de todo no cambiaría nada, las cosas malas seguirían estando allí, aunque yo me olvidara, pero no podría hacer nada por cambiarlas. Y las cosas buenas también estarían allí, y yo me las perdería. No, no quiero olvidarme. Quiero acordarme de todo... ¿Es cierto lo que dijo Relámpago de que lo único que nos llevamos a todas partes, es lo que aprendamos?

- Si, pero también nos llevamos el Amor que tenemos. Cuando los mortales abandonan su cuerpo físico, también se llevan en el Alma los Amores, el recuerdo de los amigos, todo lo bueno o malo que hayan hecho durante la vida. Me alegro que seas tenaz con tu ideal, y que no quieras olvidarte.

- ¿Como podría?. Mi papá y mi mamá, mi hermano y mis amigos, merecen lo mejor de mí, aunque de vez en cuando no me lleve bien con ellos.

- ¿Darías la vida por ellos?

- Claro, igual que ellos lo harían por mí. Y tampoco me importa mucho si esta vivencia es todo un sueño o si es realidad. Aunque todo fuera un sueño, lo que he aprendido aquí me servirá para toda la vida...

- Bien, ahora viene por allá nuestro próximo visitado. Antes que salgamos a su encuentro, te comento que este parque prehistórico abarca un círculo en torno al Gran Hueco Polar, por el lado interior, para que los Humanos mortales y sus criaturas, que de vez en cuando fabrican armas muy terribles y vehículos eficientes, no entren a nuestro mundo. Hay otras barreras, pero esta barrera de animales terribles, no está de más. Como comprenderás, no queremos por nada del mundo, que vengan tropas de vuestros países... Pero... Por favor, Marcel, no sientas vergüenza ajena. Algunos mortales, como tú, tienen las puertas abiertas de nuestro mundo, mientras conserven los pensamientos puros y nobles.

La verdad es que sentía mucha vergüenza por pertenecer a un mundo tan injusto y egoísta. Pero también sentía mucha alegría por empezar a pertenecer a un mundo tan diferente, aunque al parecer tenía también sus pequeños problemas. Volamos un breve trayecto, desde la cima del peñasco hasta donde se hallaba un gigantesco mamut. Al llegar cerca de él nos saludó con la cabeza y nos dijo mentalmente, con una voz más ronca y suave que el Unicornio Relámpago, pero también telepática:

- Hola Iskaún. Hace mucho tiempo que no visitas a tu amigo Nothosos. Veo que vienes acompañada de un pequeñajo medio raro... ¿Quién es éste?.

- Es Marcel. Viene de la Tierra Externa. Ha hecho el Gran Juramento.

- Conque Marcel, ¿Eh?. Veamos. ¿Qué crees que haces aquí, muchacho?

Me sentí un poco presionado por su voz inquisitiva y hasta un poco agresiva, entonces le pedí a Iskaún que respondiera por mí.

- ¿Es que acaso ni siquiera sabes hablar? -preguntó en tono más alto.

- Si, es que... Hace poco que vengo, y estoy... estoy aprendiendo algunas cosas.

- Bien, aprende, y recuerda que ahora que estás con tu cuerpo mágico no puedo hacer nada contigo, pero si vienes en cuerpo físico, te las verás con mis colmillos, o simplemente dejaré que los otros bichos te coman de un bocado.

- Ya está bien, Nothosos. -dijo Iskaún con paciencia- Comprende que es muy joven. Y ya te familiarizarás con él. Justamente lo he traído para presentártelo, porque algún día será necesario que le ayudes. Su misión en la vida es muy difícil, así que espero contar con amigos como tú, que saben lo que es la lucha, para ayudar a nuestros aliados... ¿Lo comprendes?

- Bien, bien... -dijo más sereno- Viniendo de tu parte, lo que me pidas, es cosa hecha. Pero ya sabes que tengo mucha desconfianza con los de allá afuera. Desde que aquel tonto en su máquina voladora quiso matarme, les tengo más desconfianza que a los dinosaurios.

- Es que hace unos años -me explicó Iskaún- un aviador logró entrar por el Gran Hueco y sobrevoló esta región, y al ver a Nothosos desde lo alto, le disparó con sus metrallas. Desde entonces hemos tenido que tomar otras precauciones.

- ¿Y por qué haría una cosa así? -pregunté asombrado.

- Porque mucha gente de tu mundo está loca. -dijo el mamut- Son asesinos por naturaleza, les gusta matar por cualquier razón... Yo creo que sois todos asesinos crueles..

- Vale, es cierto que hay asesinos, pero no son todas las personas... - reproché.

- Ah, no claro, -respondió el mamut con ironía- también hay muchos que no matan porque tienen miedo a las represalias. O porque creen que hay un infierno para los que matan, peor que tu mundo. Mira, pequeñajo, si no fuera porque vienes con Iskaún, ya te habría espantado de un soplido...

- Perdona, -dije un tanto envalentonado- pero yo quisiera tu amigo, no tu enemigo... Por favor... ¿O es que eres igual que los que criticas?.

- Hummm, no, claro que no... Bien, si has venido para ser mi amigo, no puedo ser tan descortés. Es que... Te pido disculpas... Si me dejas, te explico lo que me pasa... -dijo el mamut en tono más amistoso.

- No hace falta que me des explicaciones, porque lo único que me importa es lo IMPORTANTE, y lo importante es que seamos amigos, igual que con Relámpago, el Unicornio.

- ¡¿Qué dices?! ¿Relámpago... Ese caballo gruñón y parlanchín es amigo tuyo?
- Si, tal como te lo digo... -afirmé con cierta timidez, pero no estaba dispuesto a negar mi amistad con un unicornio. Por un intante pensé que el mamut me tomaría por loco, pero un segundo después me di cuenta que hablar con un mamut también era una locura.

- Eso sí que es curioso. No te preocupes, que también somos amigos ese caballo y yo. Pero si puedes ser amigo de él, entonces puedes hacerte amigo hasta de Falaf, el león. Pero déjame que te explique el porqué de mi desconfianza. Es que mi trabajo aquí es ayudar a mantener el orden entre estos bichos terribles. Y tengo que ser duro con ellos. Tengo que evitar que se reproduzcan demasiado, y también debo evitar que los Demicosaurios y otros, conspiren para escapar de la zona. Para lo único que tienen inteligencia, es para explorar, cazar e intentar escapar. Entonces me he hecho un poco agresivo y desconfiado.

- Si tienen inteligencia para intentar escapar y conspirar para ello, entonces son más inteligentes de lo que parece... -dije un tanto asustado.

- No, en realidad no es tan así. Eso forma parte de la inteligencia instintiva. Además, no pueden escapar porque chocan con la barrera magnética. Pero cada vez que lo intentan, se hacen mucho daño, entonces se ponen más agresivos y atacan a otras especies. Y si les dejáramos solos, se matarían unos a otros en muy poco tiempo. Por eso se extinguieron allá afuera. Se comen hasta a sus propias crías.

- Mi maestra me dijo que se extinguieron por causa de un meteorito que chocó contra la Tierra y cambió el clima.

- Si, eso ayudó un poco, en una época. Me lo contó mi Papá Mamutarco, que se lo contó su tatarabuelo, porque se lo había contado... Bueno, el caso es que el meteoro cayó y mató a unos cuántos. Pero luego tardaron algunos millones de años en desaparecer, y si no hubiera caído el meteorito hubieran desaparecido antes, porque son verdaderas máquinas de matar a todo lo que se mueva. ¡Qué ocurrencia, la de fabricar estos monstruos!.

- Nothosos, perdona, la conversación es muy importante, pero en este momento Marcel tiene que volver a su mundo. Tú sabes cómo funciona la instrucción de los humanos mortales. Cuando venga con su cuerpo físico, podréis charlar más ampliamente, pero claro... Tendremos que reunirnos cerca de la Tierra de los Unicornios, porque los Demicosaurios... Ya sabes... Seríamos bocadillo.

- Cierto, y no me vendría mal. Hace... Desde la humareda de sol anterior que no veo a ese engreído de Relámpago, y quisiera discutir algunas cuestiones filosóficas con él. Que te vaya bien, amiguito. Perdona mi desconfianza, pero ha sido un honor tu visita. Ahora me voy con mi familia. Adiós...

Apenas terminó de hablarme, hizo un gesto con su enorme trompa a Iskaún, se dio la vuelta y se fue estremeciendo la tierra con sus enormes patas, junto a otro grupo de Mamuts que se hallaban a unos centenares de metros.

- Esto es increíble. Hasta los caballos... Digo... Los Unicornios y los elefan... Digo, los mamuts, son tan inteligentes que hablan de filosofía.

- Y además, lo hacen mediante telepatía -agregó Iskaún riéndose- ¿A que no te lo imaginabas?.

- No, la verdad es que me sigue pareciendo un sueño, todo este asunto.

- Bien, pero ahora, debemos apurarnos, porque nos hemos entretenido mucho con nuestros amigos, y debemos regresar urgente a tu mundo.

Volamos a gran velocidad hasta el punto de salida de túnel, y allí estaba esperándonos Uros, con el rostro muy serio.

- ¿Habéis perdido la noción del tiempo? -dijo a Iskaún en todo de reproche.

- Perdona, Gran Maestro, la verdad es que ni nos hemos dado cuenta - dijo Iskaún- Le pondré inmediatamente en situación de regreso.

Apenas alcancé a saludar a Uros que me hizo una amable sonrisa y un guiño de ojo, porque Iskaún me tomó del brazo y partimos de regreso al mundo exterior. La velocidad era vertiginosa. En apenas unos segundos, estuvimos de regreso, pero yo sentía, por primera vez, algo de calor, estando aún en el cuerpo mágico. Iskaún se despidió besándome la frente apenas estuve cerca de mi cuerpo físico. Al cerrar los ojos, me encontré en mi pesadísimo cuerpo material, con el que no podía volar, y en ese momento, ni caminar. Estaba completamente helado y apenas si podía mover los dedos de las manos. Tardé un buen rato en poder levantarme. Era ya noche cerrada; todo estaba en silencio. Sentía mucho sueño, pero a la vez, era como si hubiera soñado todo aquello. Muy entumecido, fui hasta adentro de la casa y todo estaba en profundo silencio. Todas las luces apagadas y no se oía ni una mosca. El reloj, en la pared de la cocina, marcaba las diez y treinta y cinco. Haciendo memoria, recordaba que había ido al fondo de mi casa apenas terminé de comer, y no sería más de la una de la tarde. Iba entrando a mi cuarto, cuando mi madre me llamó desde el dormitorio.

- ¿Qué hora es, Marcel? ¿Es que es de noche, ya?

- Si, Mami, es de noche. Son más de las diez y media.

- ¡Dios mío!, ¡Otra vez!... Domi, despierta -decía a mi padre- otra vez nos hemos quedado desmayados a la hora de la siesta...

- ¡Eso es el vino, que le ponen alguna porquería! - decía mi Papá despertándose sobresaltado- ¡Pero si hoy no hemos tomado vino! ¿Qué nos está pasando?

- ¿Se sienten bien? -pregunté preocupado, pero sabía que lo que les ocurría tenía que ver con mis viajes al interior de la Tierra.

- Si, estamos bien -respondió mamá- pero aquí hay algo muy extraño... ¿Tú dónde has estado?.

- En el fondo, leyendo...

Me metí en la cama y no quise seguir pensando. Apenas apagué la lámpara, una luz anaranjada entró en mi cuarto y me di cuenta que era el elemental de la parra.

- Perdona que entre en tu dormitorio -me dijo amable y dulcemente- pero quiero decirte que tus padres y tu hermano han estado perfectamente. Los he hecho dormir como angelitos, pero eso les viene bien porque trabajan mucho y a tu hermano lo he curado del sarampión... Que descanses.

Eso era muy fuerte. No sólo viajaba al mundo interior y hablaba con un Unicornio y un Mamut. Yo que prefería pensar que todo aquello era un sueño extraño, y resulta que la parra de mi casa me hablaba y hasta había curado a mi hermano del sarampión. "Debo estar soñando, todavía", pensé. Encendí el velador y me levanté en silencio y destapé a Gustavo, para ver con enorme sorpresa, que en su cuerpo no había ni rastro de los sarpullidos. Pensé que quizá no era sarampión. Se podrían haber equivocado y era otra cosa, y yo podría haber tenido un sueño, o estar soñando todavía. Decidí que lo mejor, era dormirme de una vez, porque mi mente no daba para más... Hasta el día siguiente, en que lo increíble siguió haciéndose realidad ante mis ojos...

CAPITULO V
MÁS MUNDOS EN EL MISMO PLANETA

Al levantarme para ir a la escuela, mientras desayunaba con mi Papá, le dije que me parecía que mi hermano se había curado.

- No lo creo, seguramente estará así unos cuántos días. Y mejor que no se rasque, porque se infectan las heridas. A tí te pusimos la vacuna, pero te pilló igual el año pasado, pero a él todavía no se la hemos puesto, así que quizá le agarre más fuerte. Hoy te acompaño a la escuela, porque tengo que hacer una instalación eléctrica en las aulas nuevas.

- Pero es que anoche lo miré cuando dormía, y no le vi ni una marca...

- Eso es muy raro... ¿Y qué hacías ayer mientras dormíamos como unos tronco los demás? -decía mi padre, mientras Mamá, que había escuchado la conversación, venía del dormitorio a salvarme los pasteles. Porque de no interrumpir ella, Papá, muy preguntón, me habría interrogado sobre dónde había estado, qué había leído... Y le hubiera tenido que contar todo.

- ¡Esto es increíble! -decía Mamá- ¡No tiene ni una marca del sarampión!. Aquí pasa algo muy raro. Dice que ayer vino un "pipito" grande que entró por la ventana, y le dijo que si se dormía, lo curaría. Parece que también ha dormido toda la tarde y toda la noche sin despertarse para nada. Ha mojado la cama.

- Hay que ver qué es lo que hemos tomado -dijo mi padre- porque no es normal que durmamos tanto tiempo. Algo que bebemos, o alguna comida...

- Anoche -agregó mi madre- no hemos estado despiertos más de media hora, y no hemos comido nada. ¿Será el agua?

- No, porque le pasaría lo mismo a los vecinos, y a toda la ciudad. Quizá es que estábamos muy cansados... Pero es la segunda vez. Hace casi un mes nos pasó lo mismo ¿Te acuerdas?.

- Claro. Y Marcel jugando como si nada, o leyendo o no se qué...

Y cuando me estaba sintiendo aludido, mi hermano venía del dormitorio a medio vestir, y desvió la conversación.

- ¿Entonces, si no tengo más sarampión me puedo levantar para ir a jugar con Esteban?.

- Pero te tienes que vestir bien... Y ustedes se tienen que ir o llegarán tarde a la escuela. Aprovecharé para llevar a Gustavo al médico, a ver si encuentra una explicación a esto.

Llegamos a la escuela y mi Papá, que es electricista, se fue a hacer su trabajo. Pero mi maestra se había ido a un seminario, así que la directora nos despidió poco después. Antes de irme a casa, pasé por las aulas donde mi Papá estaba haciendo las instalaciones, y me dijo que le vendría muy bien la ayuda mía, porque eran necesarias dos personas para poder pasar los cables por las cañerías dentro de la pared. Mientras él me indicaba, yo tiraba de los cables de diferentes colores, y era un trabajo divertido.

- ¿Te gustaría ser electricista cuando seas grande?

- No, yo quiero ser Mago y astronauta.

- Ah, muy bien. Pero entonces es bueno que aprendas sobre electricidad, je, je, jeee...

- ¿Y te pagan bien por estos trabajos? -pregunté curioso.

- Aquí en la escuela no me pagan, porque lo hago como colaboración, pero los diseños de ingeniería sí que me los pagan bien. Pero no me hice electricista porque paguen bien, sino porque me entusiasma todo lo que se refiere a la electricidad. No puedes estudiar algo porque se gane dinero con ello. Debes hacer siempre lo que te gusta. No me refiero a jugar o divertirte, sino a tener una profesión en la que trabajes con mucho placer. Entonces trabajar es como divertirse, porque lo haces con amor y alegría. Y además, el trabajo que no se hace alegremente y con Amor, nunca está bien hecho.

- Entonces seré Piramidólogo, también.

- ¿Piramidólogo? Suena bien, ¿Quién te enseñó esa palabra?.

- Nadie. Yo solito. Si hacemos experimentos con pirámides, somos Piramidólogos, ¿No?.

- Si, como una actividad extra, está bien. Pero no creo que sea una profesión.

- Vamos a continuar con los experimentos piramidales, que los hemos abandonado un poco, ¿Verdad, Papi?.

- Si, vamos a ver qué cosas nuevas aprendemos. Si te parece bien, ponemos este cable que ya es el último tramo que hay pasar por la cañería, y mientras yo termino de armar la instalación, te vas a casa y sacas afuera todas las cosas del cuarto de herramientas. Esta tarde las volveré a colocar de un modo más ordenado, así tenemos más espacio para poner tres o cuatro pirámides más.

Así lo hicimos. Más que caminar, fui corriendo parte del kilómetro largo que había entre mi casa y la escuela, y al llegar a la tienda Malizia, me detuve frente a la vidriera donde estaba un trencito que me tenía encantado. Era muy bonito, pero muy caro. Si insistía, mis padres me lo habrían comprado. Pero pensé:

- Este trencito me gusta, es "interesante"... Pero no es "importante". Más importante es convertirme en Mago, más importante es tener a mis padres, más importante es hacer experimentos con pirámides, y también más divertido. Con el trencito jugaría un rato, y luego -como me ha ocurrido con casi todos los juguetes- no lo volvería a usar.

Contento de haber comprendido un poco más la diferencia entre lo importante y lo interesante, llegué a mi casa en un santiamén. Pero la puerta estaba cerrada con llave. Recordé que mi mamá se había ido al médico con mi hermano, así que me senté en el umbral a esperar, pero no podía con la impaciencia. Apenas había estado una hora en la escuela, así que la única manera de entrar a mi casa, era por el fondo de la casa de mi vecino. Mientras él me ayudaba a subir la pequeña medianera, observé en el suelo, del lado de mi casa, unas manchas verdes brillantes. Pero no dije nada.

- Espera que suba yo a la pared y te sostengo. No te vayas a caer...

- No, no hace falta. -respondí mientras me sentaba sobre el muro- Hay un baúl muy grande de este lado.

Di un salto, y ya estaba. Agradecí al vecino que me dejara pasar por ahí, y entré por la parte de atrás del garaje, cuya puerta estaba sin llave. Pero al entrar, en la penumbra, vi un par de formas de luz por muy breves momentos. Eran muy parecidas a la parra, pero mucho más grandes, y se disolvieron en el aire en cuanto encendí la luz. Dejé mi maleta escolar y me puse ropa de entrecasa para irme a hacer lo que me había pedido mi padre, pero notaba en todo momento que algo o alguien me estaba observando. Pregunté mentalmente quién era, y si era mi parra le pedía que me hablara como lo había hecho antes. Pero no respondía nadie mi pensamiento, así que sentí un poco de miedo y me apresuré a salir al patio. Llegando al fondo, las presencias seguían estando allí, aunque no las veía y no conseguía que me hablasen, aunque sea telepáticamente. Me senté recostado en la parra, e invoqué su protección, porque esos seres que había por allí, no eran conocidos para mí.

- No temas...- me respondió alguien de inmediato- cierra los ojos un momento.

Al abrirlos de nuevo, estaba allí Iskaún.

- Hola, Marcel. No teníamos pensado un nuevo viaje hasta dentro de un tiempo, pero ha ocurrido algo interesante. Haremos un campo de fuerza y protegeremos la casa para que nadie entre, y estos amigos...

- Pero si son... ¡ Elementales, también! -exclamé ante la presencia de varios seres mucho más verdes y raros que mi parra, pero estaba claro que eran vegetales en su cuerpo mágico.

- Si, ellos acaban de ensayar contigo algunos trucos para ser más o menos visibles en el plano material y en el mágico, así que se encargarán de todo, entonces tendremos más tiempo para hacer un recorrido interesante.

- Pero también será importante... ¿Verdad?.

- Oh, claro. Veo que estás aprendiendo a distinguir lo importante y lo interesante, como te enseñara Relámpago. Muy bien. ¿Vamos?.

Me incorporé un momento, miré mi cuerpo y a la forma Humanoide luminosa del alma de la parra, que lo abrazaba protectoramente, e Iskaún me tomó de la mano, para sumergirnos en la tierra. Mientras íbamos por el túnel, me explicaba:

- Ha ocurrido una gran explosión en el sol interior, así que al principio nos preocupamos, pero luego vimos que el Logos está haciendo ajustes energéticos. Le llamamos "Logos" al Ser Consciente, del cual el sol interior, sólo es el cuerpo físico. Así que esa situación nos permite ir durante un tiempo, con el cuerpo mágico a lugares donde en situación normal sólo podría irse con todo el cuerpo, sin separar el mágico del físico.

- ¿Puedes explicarme bien quiénes son esos seres que vi en mi casa?. Se parecen al Alma de la parra, pero son más grandes.- Iskaún fue haciendo más lento el viaje mientras me explicaba.

- Si, son elementales de los árboles de mi mundo, que me han acompañado para generar algunas condiciones en tu casa, porque tenemos que aprovechar el poco tiempo que disponemos para visitar esos lugares. Será importante que sepas algunas cosas para el futuro. Entremos por aquí.

Al decir esto, me indicó un nuevo túnel que desembocaba dentro del túnel energético que ya conocía. Este nuevo túnel era un poco más estrecho, y anduvimos unos pocos segundo por él, a gran velocidad, pero me daba la sensación de ir en horizontal, y no hacia adentro. Al final del mismo, salimos a la parte de arriba de una enorme caverna en la que cabía todo un territorio. Abajo había montañas, un río y algunos arroyos, y se veían unos grupos de construcciones, como pequeñas ciudades. En la bóveda y en muchos puntos, entre los cerros y en la selva, había unas lámparas gigantescas que iluminaban todo sin encandilar. Era un espectáculo impresionante aquel paisaje, en el interior de la Tierra, entre la superficie interna y la externa.

- ¡Qué fantástico es todo esto, Iskaún...! ¿Y cómo producen la electricidad para tanta luz? ¿Hacen represas como las que diseña que mi Papá?.

- No, esta no es la electricidad tal como la usan ustedes. Esta luz es aprovechada del sol de nuestro mundo, tanto como del sol externo, el del sistema solar, que ves tú todos los días. Una única placa de cristales especiales, colocada en lugares estratégicos tanto en las altas montañas de la superficie interna como de la superficie externa, trae luz suficiente para cinco lámparas de éstas.

- ¿Y cómo traen la luz, como si fuera agua?

- No. Se convierte allí mismo en ondas de radio, y estas lámparas absorben esas ondas para reconvertirlas en luz. En realidad hay muchas maneras de extraer energía. Antes se usaban las lámparas de energía pirogénica, que aprovechaban la actividad de los volcanes, pero un día los sabios se dieron cuenta que eso producía alguna molestia al Logos, es decir al Alma del Mundo. Era como pincharle una vena. En cambio hay otras formas de sacar energía sin dañar a la Tierra, usando su propio magnetismo.

- ¡Entonces si le sacamos petróleo, como hacen en mi mundo...!

- Bueno, bueno, de eso mejor ni hablar. No sólo sacan el petróleo, dañando a la Tierra por dentro, sino que lo esparcen por la atmósfera en forma de gases que contaminan todo y si siguen así, en unos años no podrán respirar.

- ¿Y quién vive en esas pequeñas ciudades?.

- Allí viven los Aztlaclanes, que son Humanos semi-mortales. Ellos eran hombres mortales, que aprendiendo la verdadera Magia han evolucionado y se han purificado lo suficiente como para vivir en armonía. No están preparados aún para vivir entre nosotros, pero van progresando. Hace mucho tiempo que vinieron desde la superficie exterior; cuando estaban por sufrir una invasión y los iban a matar a todos, les ayudamos a escapar, los refugiamos aquí y les facilitamos algunas cosas para que puedan vivir, a cambio de que no causen ninguna molestia y vivan civilizadamente.

- ¿Y lo han hecho así?

- Oh, si, claro. Les ayudamos en su momento porque por cierto son muy buena gente. Y han progresado mucho. Más de la mitad ya son telépatas y hay varios que pueden ver el astral.

- ¿Qué es eso del astral? -pregunté con tremenda curiosidad.

- Es el plano vibratorio en que se encuentran estos, nuestros cuerpos mágicos. En tu mundo, casi nadie puede ver los cuerpos mágicos. En realidad, es materia en estado semiluminoso, por decirlo de alguna manera...

- ¿Y por qué no pueden verlo?

- Porque los sentidos del tacto, el gusto, el olfato, el oído y la vista de los mortales está muy limitado. ¿Has visto los silbatos para perros?

- Si, mi primo tiene uno. Pero cuando pita con él, no se oye nada, pero su perro Plinio lo escucha y viene corriendo...

- Pues de la misma manera que ese sonido está en "ultrafrecuencia", también todos los Humanos, los animales y las plantas tienen un cuerpo mágico que no se ve con la vista limitada. ¿Vamos a visitar a los Aztlaclanes?.

Dimos un rápido vuelo hasta una de las villas más cercanas, que estaba a poca distancia de una de las grandes lámparas, y al ver las casa de cerca, éstas parecían ser más grandes que las nuestras. Y veíamos a las personas que caminaban tranquilamente, otras trabajaban en unos campos muy bien cuidados, y había una plaza muy grande, llena de árboles hermosos, donde unos niños jugaban juegos muy raros. Había columpios, maromas, toboganes y todo eso que hay en cualquier plaza, pero los chicos jugaban con las manos, como si hablaran, pero no hablaban con la boca.

- ¡Hola chicos! - dije divertido- Seguro que seremos buenos amigos. Pero nadie parecía oírme, salvo uno, que se acercó a nosotros con una gran sonrisa.

- Esperen -decía a los demás- tenemos visitas. ¿Cómo te llamas?

- Marcel, ¿y tú?

- Yo me llamo Inejhuiyân. Hola Iskaún, ¿Este chico va a vivir con nosotros?.

- No, todavía no. Él vive en el mundo de afuera. Y tiene mucho trabajo que hacer. Quizá algún día, cuando esté mejor preparado vendrá a quedarse aquí por un tiempo, si él quiere. ¿Te gustaría? -me preguntó.

- No lo sé. Me gustaría vivir con chicos tan simpáticos, pero es que he hecho un juramento, y no descansaré hasta que el mundo sea feliz.

- ¡Qué bien! -dijo entusiasmado- Yo también hice el Gran Juramento, así que somos colegas, camaradas y te ofrezco mi amistad de todo corazón.

- ¡Qué bueno! -exclamé rebozando de alegría- Me gustaría que hiciéramos experimentos juntos. ¿Te interesan las pirámides?

- ¡Pufff!, soy loco por las pirámides!. Mis padres son los encargados de la pirámide roja aquella. Allí se cura la gente que tiene accidentes, pero también se hacen tratamientos para despertar la telepatía, y cuando alguien se está por morir de viejo, se le lleva allí y a veces en vez de morirse de transfigura.

- ¿Se transfigura? ¿Y eso qué es?.

- Es que en vez de morirse, se convierte en un Kristálido Luminoso. Sigue viviendo, pero con un cuerpo de energía enorme.

- ¡Vaya, qué cosas dices, estoy alucinado...! ¿Y los... Kristálidos Luminosos son como los dioses?.

- No... Son más elevados que los dioses, porque son Almas que tienen más experiencia. Los que mueren aquí, muchas veces nacen entre los dioses. Pero otras veces vuelven a nacer aquí, para intentarlo de nuevo. Otros nacen allá afuera, en tu mundo, cuando han hecho el Gran Juramento, para ayudar a los mortales a librarse de Ogruimed el maligno.

- ¿Y tú? -pregunté intentando conocer más a ese camarada que era todo un colega- ¿Volverías a nacer allá afuera, en mi mundo?.

- Pues, claro. Pero no sólo debe elegirlo uno, sino que platican los dioses con nuestros ancianos sabios, y se autoriza sólo a aquellos que están bien preparados. Porque es muy duro abandonar lo que se ha aprendido aquí. Yo, como llevo algunos años preparándome, ya soy telépata y tengo vista astral. Incluso he llegado a mover algunas cosas con la mente. Ahora mismo, estoy enseñándoles a los otros chicos a desarrollar la telepatía. Pero cuando me autoricen para volver a nacer allá afuera, lo haré. Yo tampoco seré feliz hasta que la humanidad deje de sufrir... Bueno, ya sé que tienes muchas ganas de abrazarme, porque somos Hermanos en el Alma, sentimos de la misma manera, pero para que nos demos un abrazo tendrás que venir con el cuerpo material. Y ya sabes... Aquí también tienes Familia...

Yo estaba, igual que él, llorando con lágrimas y todo, porque estábamos muy emocionados, entonces me pidió que esperara allí; se retiró unos pasos y les dijo a los otros chicos que formaran un círculo protector alrededor de él, que se acostó en el suelo. Los demás así lo hicieron, y en unos segundos, vi cómo salía con su cuerpo mágico, y voló hasta mí, para darme un abrazo que no olvidaré jamás en la vida o en todas las vidas que tenga. Nuestras mentes y nuestros sentimientos de Amor por Toda la Humanidad, se hicieron una sola energía. Ahora sabía lo que era tener un hermano. Y pensé que me gustaría que mi hermanito pequeño fuese igual, que tuviera ese Amor Inmenso por todos los Seres del Universo.

- Dale tiempo... Seguro que será un gran hombre, pero nadie está obligado a hacer el Gran Juramento -dijo Inejhuiyân mientras volvía a su cuerpo físico.

Entonces Iskaún, que también estaba disimulando un poco sus lágrimas, se despidió de Inejhuiyân y le agradeció su recepción.

- ¡El agradecido soy yo!, que me has traído tan maravillosa visita. -dijo mi nuevo Amigo.

Me sentía tan feliz y mi Alma bailaba dentro de mí, que tardé en darme cuenta del elogio de mi nuevo Hermano. Nos despedimos y volvimos a elevarnos, pero en vez de regresar por donde habíamos entrado a la gigantesca caverna, surcamos el espacio sobre las nubes que cubrían la densa selva de aquel territorio subterráneo. Bajo las nubes, cientos de aquellas lámparas enormes alumbraban todo el territorio. Mientras volábamos pregunté a Iskaún por qué tenían nombres tan raros todos ellos.

- Para nosotros no son raros. Tienen un significado. Algunos nombres, o casi todos, son un "mantram", o sea un sonido que produce efectos en la mente y el cuerpo. Por ejemplo, acabas de conocer a Inejhuiyân, que en su lenguaje ancestral significa "Por propia voluntad".

- ¿Y qué significa Iskaún?.

- Si te dominas a ti mismo controlarás los poderes de tus enemigos, y recuerda que tu sangre, es tu tesoro más preciado.

- ¿Eso quiere decir que debo dominarme y no preguntarte tantas cosas?

- ¡No, no... ! -dijo riéndose- Eso es lo que significa mi nombre.

Seguimos en nuestro vuelo hasta el final de la región, y allí entramos a una zona más oscura y extraña, por una caverna más estrecha, pero que igual daría para contener grandes edificios, aunque no había más que piedras de los más variados colores y formas, hasta terminar en un túnel muy estrecho. En cierto punto, una especie de pared semitransparente de color azul con destellos eléctricos, parecía el final, pero lo atravesamos y por primera vez, con mi cuerpo mágico, pude sentir algo que me sorprendió, porque era como frío y calor alternativos. Sólo duró un momento aquella sensación.

- Con nuestro cuerpo físico -aclaró Iskaún- no hubiéramos podido pasar esa barrera sin la llave adecuada. Es absolutamente infranqueable, pero no sólo cubre la entrada por el túnel, sino que envuelve una enorme región intraterráquea. La barrera electromagnética va incluso por dentro de la piedra. Es para que la gente que vive en esta región, no salga de aquí.

- ¿O sea que están prisioneros?

- No, son refugiados, pero hay muchos de ellos que son insoportables y muy dañinos. Más o menos como los que dirigen tu mundo, pero pertenecen a otra especie, genéticamente muy distinta. Muchos de ellos son muy buenos, y hacen lo posible para que los otros comprendan las Leyes del Amor Universal, pero esos insoportables dicen una cosa, y luego hacen otra, así que algunos nos pidieron que hagamos una barrera infranqueable. Como no pertenecen a este planeta, sino a uno que ellos mismos destruyeron hace algunos miles de años, no tienen donde vivir. Escaparon algunos miles de ellos, pero como es lógico, eran los de la clase gobernante los que pudieron escapar; es decir, los mismos responsables de la desgracia de su planeta.

- ¡¿O sea que mataron su propio planeta?!

- Eso es. Pero no te asombres tanto. El creador de tu mundo, donde los hombres se matan en guerras terribles y sin sentido, y que creó mediante experimentos los animales de allá afuera, que deben comerse uno a otro para poder seguir vivos, ha sido uno de nuestros antepasados. En todas partes está la semilla del mal. Por eso los que amamos el bien debemos saber diferenciar las cosas.

- ¡Ah!, voy entendiendo. Pero es como el cuento de nunca acabar...

- Un poco así. Pero el bien siempre triunfa. Y finalmente, lo que va en contra de la corriente del bien, algún día se termina, se destruye a si mismo. Los tatarabuelos de estos seres que verás ahora, destruyeron su planeta, pero no todos sus descendientes son malos, aunque algunos llevan la maldad en el Alma, y es necesario darles todas las oportunidades posibles para que puedan evolucionar. Si no lo hacen, al fin de cada período solar, esas almas son destruidas, y se mueren para siempre.

- ¿Y cada cuanto hay un período solar?.

- Hay dos períodos solares. El del sol de adentro, y el de afuera. Cada veintiocho mil años se cierra un período solar del de afuera, del que ves tú. Pero cada ochenta mil, se cierra un período del sol interior.

- ¿Y qué pasa cuando se cierran esos... Períodos?

- Afuera, las civilizaciones son destruidas, hay grandes cataclismos, y sólo se salvan los que están a cierta profundidad. Pero los que han abandonado el cuerpo físico, también se quedan sin cuerpo mágico y sin Alma. Mueren para siempre si el cambio los pilla afuera.

- ¿Y es posible que ese cambio ocurra pronto? -dije pensando en quedarme a vivir adentro en cuanto pudiera.

- No, todavía falta algún tiempo bastante largo. Creo que algunos siglos. Hay mucho por hacer en tu mundo todavía.

Las explicaciones de Iskaún me tenían un poco confundido. No es lo mismo leer tranquilo en la casa de uno, que estar aprendiendo esas cosas en lugares tan extraños. Por cada respuesta, en mi mente surgían mil preguntas. Pero seguramente después iría entendiendo todo.

- Mira, esos vehículos son los que usan los Dragtalófagos para movilizarse en esta región. Funcionan con electricidad.

Allí las cavernas se hacían más grandes, hasta desembocar en otra, casi tan grande como la de los Aztlaclanes, pero bastante más oscura. Sin embargo, se podía ver lo suficiente como para andar.

- Si vinieras con tu cuerpo físico, no podrías ver casi nada. Es que con el cuerpo mágico puedes ver con menos limitación. Y no te preocupes por los Dragtalófagos, porque ellos no pueden ni vernos, ni oírnos, ni tienen idea de que existe el plano astral.

Más lentamente, casi caminando, nos fuimos acercando a una de las paredes de la caverna en la que veíamos de lejos, lo que parecía ser gente contra la pared, en donde ésta era de color amarillo o casi blanca. Al acercarnos más, llegué a sentir miedo de aquellos seres, aunque sabía que no podían hacerme ningún daño, porque estábamos con el cuerpo mágico. Eran muy raros, pero había visto una película donde salían seres más o menos así. Entonces me di cuenta que no eran puras fantasías. Vestían unas ropas verdes muy ajustadas a sus delgadísimos cuerpos. Tenían los dedos alargados, terminados en punta, sin uñas. Sus ojos eran tan enormes que ocupaban la mayor parte de la cara. La boca era tan pequeña que apenas se veía, y no tenían nariz ni orejas. En su cabeza tenían dos especies de antenas se movían para todas partes, y que según me explicó Iskaún, esas eran sus narices.

- ¡Qué raros!, ¡En vez de una nariz, tienen dos, y en la cabeza...!

- Si, y se alimentan de sales minerales. Pueden comer casi cualquier mineral. Si comieran vegetales no les caería muy bien, aunque también pueden comer algunos productos que extraen de algunas plantas y las procesan en sus laboratorios. En su mundo comían plantas que no existen aquí, criadas en la oscuridad.

-¡Qué extraños que son!. A todo el mundo le sientan bien los vegetales...

-Si, en nuestro planeta... Pero ten en cuenta que también hay plantas venenosas para los humanos. Pero estos seres son toda una excepción. Su mundo tiene un sol interior tan diminuto que casi no da luz y los vegetales hay allí son los mismos que puedes crear tú juntando sales de plomo en un cubo de vidrio con agua y dejándolas reposar. Aunque verías formarse unos raros hongos aunque haya luz, si lo haces en una habitación a oscuras verías que se forman unos seres entre cristales minerales y vegetales, más completos aún.

- ¿Es cierto lo que me cuentas?

-¡Claro...! ¿Crees que te mentiría?. Haz la prueba tú mismo. Sólo hay que tener los mismos cuidados que cuando se manipula cualquier veneno, porque las sales de plomo son tóxicas.

Justo en ese momento, nos acercábamos a un grupo que se internaba en un túnel más pequeño. Iban gritando o algo así, haciendo un ruido parecido a un soplido, pero muy fuerte.

-Alguien ha encontrado algo... Creo que mercurio. El metal líquido. Es toda una golosina para ellos. Si lo comieras tú, te morirías. Incluso para nosotros los dioses, aunque es muy útil, sería un poco venenoso si comiéramos tanto como ellos. Estaríamos mucho tiempo con dolor de tripas.

- ¿Es que ustedes pueden comer cualquier cosa?

- La verdad que sí. Pero lo mejor para nosotros, es lo mismo que para ustedes: Comer frutas y semillas. Eso es lo mejor. Pero veamos qué hace esta gente.

Y con toda la curiosidad del mundo, y un poco de temor por mi parte, que me costaba dominar, nos internamos en esa galería en la que habían unas máquinas -que Iskaún me explicó que usaban para abrir túneles- y unos cables, y vehículos de aquellos que ya habíamos visto, como un huevo partido por la mitad, con cuatro pequeñas ruedas y una conexión eléctrica a los rieles por los que se desplazaban. Mientras nos acercábamos al grupo de unos veinte que se habían reunido más allá, observé a uno que de su pequeña boca sacaba una lengua larguíiiisima y lamía la pared del túnel donde había una mancha amarillo-rojiza. Era un espectáculo rarísimo que no me gustaba mucho, pero pensé que cada uno tenía que comer lo que su cuerpo le pidiera. Luego nos acercamos al grupo, y estaban todos arrodillados junto a una especie de lago gris muy pequeño de poco más de dos metros de diámetro. ¡Era mercurio!, y estiraban sus largas lenguas para comerlo o beberlo, según se mire, porque es un líquido espeso. En realidad, metal fundido a temperatura ambiente.

- El mercurio se hace líquido a casi 39 grados bajo cero, según la medida de tu país, pero aquí no hacen más de cinco bajo cero.

- O sea que en cuerpo físico, estaría tiritando o muerto si no me abrigo. ¿Y ellos no sienten el frío?.

- No, a estas temperaturas están bien. Como podrás imaginarte, si no estuvieran adaptados, no podrían vivir aquí. Además, nosotros hacemos lo posible para que todos, sean Dragtalófagos o lo que sean, vivan del modo más seguro y cómodo, y tengan oportunidad de evolucionar sin perjudicar a otros. Pero ahora nos iremos, porque no hay mucho que ver entre esta gente, que tiene muchos problemas de adaptación, y además no pueden relacionarse con nadie. Ni siquiera con los animales, porque los han matado a todos los que vivían en esta región. Iremos a ver a los Cloremáticos, que son mucho más simpáticos.

- ¿Y esos también son refugiados?

- Algo así, pero son propios de este planeta. El mismo antepasado mío que hizo a los hombres mortales, hizo también unas mezclas terribles de Humanos mortales y vegetales. Pero los Cloremáticos conservaron mucho del espíritu de los vegetales, y son gente muy amable y simpática, porque además de haber evolucionado, ya que a la larga la Naturaleza tiende a arreglar todo del mejor modo posible, son en extremo sensibles.

Salimos por otro túnel y traspasamos la barrera azul sintiendo nuevamente el escalofrío aquel tan desagradable. Anduvimos un buen rato hasta la región de los Cloremáticos, que era otra de aquellas cavernas gigantescas, y casi tan grande como la de los Aztlaclanes, pero mucho más larga. Allí había una gran humedad, en un ambiente muy nuboso y bien iluminado, también con aquellas lámparas enormes, sólo que éstas eran de diferentes colores. El espectáculo de luces de distintos y suaves colores era muy espectacular, pero mi curiosidad por conocer a los Cloremáticos era mayúscula. Así que fuimos bajando hasta llegar cerca de nivel del suelo y allí me di cuenta que había una enorme cantidad de agua. Arroyos pequeños, acequias, pequeñas lagunas aquí y allá, como una enorme red de agua. Nos internamos en un sendero muy bonito, y allí me sorprendió ver algo que ya conocía muy bien. Un elemental, muy parecido al de mi querida parra, que estaría en esos momentos cuidando mi cuerpo físico, apareció ante nosotros, pero de repente sus rasgos se hicieron notablemente Humanos. Casi como una persona con su enorme sonrisa y brillos de diversos tonos anaranjados.

- ¡Iskaún!... ¡Qué gratísima sorpresa! ¿Cuánto hace que no vienes por aquí?... Has crecido, ¿verdad?.

- Si, un poco. La última vez que vine fue cuando era todavía una niña, que te presenté al Gran Caballero Iesus...

- ¡Oh, si! ¿Qué sabes de él?

- Que sigue luchando, a pesar de haberse convertido en Kristálido, sigue intentando, todavía, mejorar la humanidad. Igual que este amiguito, que también ha hecho el Gran Juramento. ¿Ustedes están todos bien?.

- Si, claro, pero... ¿Te enteraste de lo que nos hicieron los Dragtalófagos?

- Si, por supuesto, pero ya no podrá repetirse, gracias a la barrera multisiegélica.

- Espero que funcione bien, porque si no, pobre de las demás criaturas que habitan este mundo... -decía entrecortadamente, como si fuese a llorar.

- Está bien, Venitrongil, no te preocupes... ¿Ves, Marcel? Lo que te decía. Son muy sensibles los Cloremáticos. No han aprendido todavía a dominar su extrema sensibilidad, pero tal como te he dicho, son gente muy amable.

- Eso, "Marcel". ¡Qué bonito nombre!. Lástima que no estás con tu cuerpo material, porque tengo unas manzanas que te resultarían tan deliciosas que hasta yo me las comería si no fuera que soy alérgico.- decía en tono risueño.

- ¿Alérgico a las manzanas? - pregunté extrañado.

- Si, nosotros no comemos frutas ni verduras. Somos medio vegetales. Nos alimentamos de agua y substancias disueltas en ella... ¡Ah!, mira, aquí viene mi esposa. Se llama Sabinazulia.

Por el sendero venía caminando Sabinazulia, pero con su cuerpo físico, que era prácticamente un cuerpo Humano, pero con algunas rarezas notables. Era verde, con unos ojos azules muy bonitos, y con ramitas, hojas, flores y todo lo que un buen vegetal puede tener.

- ¡Hola Iskaún!, ¡Qué alegría verte por aquí!. Y veo que vienes acompañada de un niño ¿Es tuyo?.

- Eheee... No, pero como si lo fuera. Ha hecho el Gran Juramento, así que estoy encargada de su instrucción.

- ¿El Gran Juramento? ¡Pero si es un pequeñajo, todavía...!

- Si, pero no te olvides Sabinazulia, que tú misma lo hiciste cuando ni siquiera tenías una hojita...

- ¡Ah!, entonces los Humanos mortales tienen consciencia espiritual a cualquier edad...

- Exactamente. Su inteligencia y su personalidad se forma en más tiempo, pero muchos son conscientes del Amor Universal, casi desde que nacen.

- Entonces... -interrumpí- ¿Ustedes también han hecho el Gran Juramento?

- Así es, jovencito. Los Cloremáticos hemos sido también víctimas de Ogruimed el maligno. Todos nosotros deberíamos ser dioses, pero aquel malvado hizo cosas terribles con la genética. Bueno, eso ya te lo habrá explicado Iskaún. El caso es que ahora, somos muchos los que debemos buscar ser mejores, para poder ser dioses como debería ser lo normal, o con un poco de voluntad, convertirnos en Kristálidos Luminosos. En eso consiste la mayor parte del trabajo de los que hemos hecho el Gran Juramento.

- Voy entendiendo... Voy entendiendo... -dije mientras meditativa- De la única manera que la humanidad puede ser feliz, es recuperando la condición normal. Y en el caso de Ustedes, los Cloremáticos, es igual...

- Eso es. -respondió la dulce Sabinazulia- Veo que aprendes con facilidad. Y ya que estamos, te comento que te será muy difícil, cuando seas mayor, luchar contra el peor mal que tienen en tu mundo...

- Si, ya se... La Guerra.

- ¡Oh, no, eso no es lo peor!. La guerra es sólo el resultado, un efecto, pero la verdadera causa, querido pequeño, es la esclavitud. El ansia de dominio de unos sobre otros.

- Bueno... -dije dudando- Es que hay que tener un orden, porque si yo, por ejemplo, no obedeciera a mi Papá, y mi hermano tampoco, la familia sería un desastre.

- Pero es que estás confundiendo "dominio" con "autoridad". Tu padre no te domina, sino que es la autoridad más natural y auténtica del mundo, porque eres pequeño. Cuando seas mayor, él ya no será para ti una autoridad total, pero será una "autoridad moral" y tendrás en cuenta sus consejos.

- ¿Entonces el "dominio" es lo que hacen los gobiernos?

- En algunos casos sí. -dijo mientras se sacaba una mariposa de la oreja y la depositaba con toda suavidad sobre una flor que tenía en la rodilla- Pero esos gobiernos que dominan sin que el pueblo los autorice a representarlos, casi nunca son los que dominan. Los que realmente mandan son gente muy mala que se mantiene en el poder mediante otros métodos y tienen empleados a los que les pagan con lujos y placeres, y les hacen creer que gobiernan, o usan a diferentes gobiernos para que hagan guerras, y los "dominantes malvados" les venden armas a unos y a otros. ¿Comprendes?.

- Si, pero es muy complicado todo eso... ¿No hay alguna otra forma de pararles los pies a la gente mala?.

- Formas diferentes hay -dijo Sabinazulia- pero para cualquiera de las formas que apliques, necesitarás el apoyo de mucha gente, porque los malos también tienen poder, y algunos conocen algo de Magia. Pero lo más importante, Marcelín, es que debes comprender sus métodos, aunque se te revuelvan las tripas. Si no sabes cómo piensa la gente mala, no podrás prevenir sus ataques.

- ¡Ah!, claro, es como en el ajedrez, o como en el parchís. Hay que intentar darse cuenta cuál es la jugada que quiere hacer el rival.

- Algo así. Pero como aún eres un niño, lo más importante que debes hacer para prepararte y cumplir bien tu Gran Juramento, es conocerte a ti mismo. Saber realmente quién eres tú mismo... Y te aseguro que no es cosa tan fácill como parece...

- Pero si yo sé quién soy, me llamo Marcel, y soy un niño que vive en...

- ¡Oh, no, me refiero a otra cosa!. -interrumpió Sabinazulia con un gesto amable- Conocerte a ti mismo, significa descubrir tus defectos y no ocultarlos, sino combatirlos y cambiarlos por virtudes y talentos. Si empiezas a volverte miedoso, deberás convertirte en valiente observando, reconociendo y destruyendo tu miedo. Si empiezas a volverte vago y distraído, deberás darte cuenta, reconocerlo y obligar a tu mente a hacer lo que tú sabes que no puedes dejar para más adelante.

- ¡Ah, si, eso lo entiendo!. No es nada fácil, porque cuando uno encuentra un defecto en uno mismo, es muy feo y da mucha vergüenza...

- Pues entonces debes decirle a tu vergüenza que se calle y que desaparezca, porque la vergüenza sirve de tapadera a los defectos de la mente. Bueno, yo se que estarás ansioso por seguir visitando lugares, porque hay tantas cosas maravillosas y curiosas que ver... Y más para un niño como tú, así que esta conversación te aburrirá un poco...

- ¡No, que va...!, ¿Conoces a Relámpago, el Unicornio?

- Si, es muy simpático, aunque desde que se quiso propasar conmigo y comerme los dedos de los pies, le tengo un poco de desconfianza.

- Vamos, Sabinazulia... -intervino su esposo Venitrongil- Que el pobre Unicornio se confundió; no lo hizo a propósito, y se sintió tan avergonzado que se puso rosado oscuro. Pero... ¿Por qué lo mencionas, Marcel?

- Porque él me enseñó la diferencia entre lo que es "importante" y lo que es "interesante". Y se que hay muchas cosas interesantes que ver, pero estas conversaciones con gente que ha hecho el Gran Juramento, son para mí, sumamente importantes.

- ¡Qué bien! -dijo Venitrongil- Reconocer esa diferencia es el colmo de lo bueno. Pero la próxima vez que nos visites, si lo haces con el cuerpo físico, te mostraré también algunas cosa que hay en las regiones habitadas por Cloremáticos, que son muy interesantes. Y antes de despedirnos, porque presiento que Iskaún tiene poco tiempo antes de devolverte a tu mundo, te ruego que les des muchos cuidados a Virriprinpandomitallonaria.

- ¿A Virripri... Quién?

- Acabo de comunicarme recién mentalmente con Virriprinpandomitallonaria, la parra que está en tu casa, y que cuida tu cuerpo físico. Y... Pues... Tengo que darte una mala noticia...

- Vamos, Venitrongil, no me tengas en ascuas... -le dije suplicando.

- Pues, que ella ha captado el pensamiento de tu padre, y resulta que quiere cortarla, para ampliar su taller, donde hacen experimentos con pirámides...

- ¡Eso sí que no! -exclame a punto de llorar.

- Tranquilo, Marcelín -dijo Sabinazulia- Te agradezco como Cloremática que tengas tanto amor por tu Virriprinpandomitallonaria, que es una hermana menor nuestra, pero si haces las cosas con tranquilidad, podrás convencer a tu padre que una parra tan hermosa que da uvas todos los años, y que les da sombra cuando más calor hace, no merece ser cortada. ¡Pero no vayas a decirle que te lo hemos pedido nosotros!

- No se preocupen, -dijo Iskaún- que Marcel tiene bien claro que no debe hablar de estas cosas, al menos por ahora. Incluso se lo dijo el mismísimo Uros en persona, cuando vino por primera vez. Y ha guardado muy bien el secreto.

- Bien, una última cosa Iskaún... -dijo Venitrongil- ¿Puedes decirle a Uros que tenga la amabilidad de disponer un equipo para seguir la construcción de la pirámide número cuatro, que con el último terremoto quedó sin terminar?

- ¡Ah, no sabía eso!. Es que con los cambios del sol, estamos un poco atrasados con varias cosas. Pero eso puedo disponerlo yo misma. Les pediré a los Aztlaclanes que se encarguen, si les parece bien.

- ¡Si, claro, son verdaderos expertos en construir pirámides!. Pero si hasta Uros les ha encomendado algunas construcciones. Vosotros, los dioses ya no os dedicáis mucho a construir... ¿Verdad?.

- Sí que lo hacemos -respondió Iskaún- pero hemos tenido mucho trabajo en los planos suprafísicos y con los Dragtalófagos, que nos han causado muchos problemas.

- ¡Ufff!, no me hables de esos. -dijo Sabinazulia- Y pensar que Jacleteb quería una "libre sociedad" con nosotros, invocando derechos de sociabilidad y acusándonos de xenófobos por no querer convivir con ellos. Menos mal que intervinieron los dioses y no permitieron semejante invasión.

- Parece que los Dragtalófagos no se llevan bien con nadie -dije curioso.

- Ni siquiera entre ellos. Algunos someten a otros, haciéndoles esclavos. ¡Nos querían usar a nosotros para que les extrajéramos minerales de los fondos de las lagunas rojas!. ¿Te imaginas...? ¡Ah, no!, si no sabes nada de eso. Querían que los dioses les permitieran vivir con nosotros, para esclavizarnos, y sacar unos minerales que siempre se hallan en el fondo de las aguas rojas, porque ellos tienen miedo al agua roja. Pero esos minerales nos matan, son un tanto venenosos para nosotros, así que de trabajar para ellos, que usan látigo hasta con los suyos, ya puedes imaginar cómo terminaríamos... ¡En la más incloremática miseria!

- Amigos, lamento tener que despedirme -decía Iskaún- pero se nos agota el tiempo. Mientras llevo de regreso a nuestro invitado, pasaré por la casa de Quiqueshanhua Tetieti para pedirle que continúe la construcción de esa pirámide.

Nos estábamos despidiendo cuando Sabinazulia puso un beso en su mano, y sopló sobre ella, haciéndonos sentir una agradable sensación que no podría haber comprendido nunca, si Iskaún no me lo hubiera explicado mientras volábamos otra vez.

- Eso que hizo Sabinazulia, es un beso aromático. Si estuvieras en cuerpo físico, habrías sentido una de las fragancias más deliciosas y espirituales que pueden hallarse en la Tierra. Pero al no tener el olfato bien habilitado en tu cuerpo mágico, lo has percibido de otra manera. Has sentido la emoción cariñosa de Sabinazulia, que te siente, más o menos como yo, como a un hijo...

En unos segundos llegamos por unos túneles muy bonitos a la región de las lagunas hirvientes. Allí volvimos a pasar una barrera azul. El paisaje era un poco tétrico. Muy vaporoso y húmedo. La bóveda de la caverna era baja, pero muy amplia. Había entre la superficie del agua y el techo, apenas unas decenas de metros. Algunas pequeñas islas rompían la constante de burbujas que cubrían toda la oscura superficie. Nos detuvimos un momento sobre una de las islas, y ésta empezó a emerger, con lo cual me asusté un poco. Iskaún me tranquilizó y me explicó que en realidad no eran islas, sino los lomos de ciertos animales enormes que necesitaban estar algún tiempo en ese ambiente para poder vivir. Las lagunas hirvientes estaban comunicadas con la región de los animales prehistóricos que cuidaba Nothosos, el Mamut. Uno de esos bichos asomó la cabezota fuera del agua, y sus enormes ojos me impresionaron. Por suerte, no nos detuvimos más, y continuamos hasta donde la bóveda se hacía más alta, y la caverna más estrecha. Salimos a otro túnel de paredes con largas rayas de minerales, y llegamos a otra barrera azul tras la cual, un pequeño túnel por el que apenas cabíamos, nos condujo a la gran caverna de los Aztlaclanes. Fuimos directamente a la casa de Quiqueshanhua Tetieti, que era un hombre enorme, casi como los dioses.

- Iskaún... -dijo al verla aquel hombre- Si no fuera que estoy haciendo mi catarsis, estaría ofendido contigo...

- La catarsis -le dijo ella- es lo que este amiguito, que se llama Marcel, llamaría como "lo más importante del mundo". Así que sigue con ella y no te ofendas. Ya se que vas a recriminarme que no vine a visitarte cuando estuvimos con tu sobrino Inejhuiyân, hace un buen rato, pero... ¿Te imaginas si tuviera que visitar a todos los Aztlaclanes? No podría nunca terminar este paseo instructivo con Marcel. Pero a lo que vengo es muy importante. Los Cloremáticos necesitan que les terminen de construir una pirámide que quedó abandonada...

- Ya, no me digas más. Si los Cloremáticos necesitan lo que sea, yo haré honor a mi nombre. Esa gente es de lo más generosa que puede haber. Le diré a mis amigos que vayan preparando todos los equipos y nos iremos un tiempo a hacerles lo que les haga falta. Cuando les construimos el gran canal en la caverna auxiliar, nos regalaron con tantas frutas deliciosas, nos regalaron semillas de las flores de Azunia y nos enseñaron tantas cosas... En fin, que estaremos siempre a disposición de ellos, porque además, son el colmo de simpáticos.

- Eres muy gentil Quiqueshanhua Tetieti. Pero... ¿Me quieres decir qué significa tu nombre?, disculpa que no te lo haya preguntado antes.

- Significa "El que abraza las piedras pesadas". Me lo puso mi padre porque como bien sabes, él también era constructor.

- Muy bien, y ciertamente que haces honor a tu nombre. Dejo el asunto de las pirámides de los Cloremáticos en tus manos...

- Y todo lo que necesiten de este hermoso y fuerte Aztlaclán.

- Anda, vanidoso... -dijo sonriendo Iskaún- Mientras trabajas, sigue con tu catarsis.

Y tras despedirnos de él, mientras volábamos hacia uno de los túneles que salen a la superficie interior de la Tierra, Iskaún me aclaró el misterio de la catarsis.

- Eso es justamente lo que hablabas con Sabinazulia. "Catarsis" significa purificación. Y para convertirte en un Mago verdadero, es "lo más importante". Se trata de la purificación de pensamientos y sentimientos. Si la haces, todo lo demás en tu vida, será mucho mejor.

- ¿Y es tan complicado como aprender todas las cosas de la realidad?

- No, es un poco más simple. Pero el modo de hacerla requiere una disciplina constante. Es como declararles la guerra a todos tus enemigos interiores.

- ¡¿Como declararle la guerra a los... Que lamen minerales...?!

- No, los Dragtalófagos son un pueblo problemático, pero por el momento ni siquiera son tus enemigos "circunstanciales". Ellos no podrían hacerte tanto daño como tus enemigos interiores.

- ¿Pero quiénes son mis enemigos interiores? ¿Viven en alguna de estas cavernas o en el interior de la Tierra, donde viven Ustedes?

- No, Marcelín... Tus enemigos interiores viven dentro de ti mismo. Dentro de tu mente, de tu cuerpo mágico. Cuando se apoderan de tu mente y de tu cuerpo mágico, seguramente terminan enfermando tu cuerpo físico...

- ¡Ah!, ¡Ya está...! Los enemigos interiores son el miedo, el odio, los vicios, la envidia, la ira y todas esas cosas que hacen que las personas se conviertan en "malas personas"... ¿Verdad?

- Lo vas entendiendo perfectamente. Ahora debemos volver urgentemente a tu mundo. O alguien se dará cuenta...

Regresamos con toda urgencia a la superficie externa de la Tierra, y allí estaba mi cuerpo material, abrazado amorosamente por mi amada parra Virriprinpandomitallonaria. Apenas nos vio llegar, me abrazó a mi cuerpo mágico y me dio una especie de beso profundamente cariñoso, y se metió dentro del tronco de la parra. Iskaún se fue tras indicarme que cerrara los ojos, como antes, pero en vez de ello, esperé un poco. Había algo raro en mi casa y en todo el ambiente. Varios elementales como Virriprinpandomitallonaria y como Venitrongil aparecieron de todos lados. Algunos eran muy grandes, otros un poco más pequeños, y me saludaban al pasar, para irse rápidamente tras Iskaún, sumergiéndose en la tierra, en el mismo lugar que ella. Cuando dejaron de pasar elementales, que serían como cien, cerré los ojos para entrar en mi cuerpo físico. Allí me di cuenta que era de noche y estaba haciendo bastante frío. Pero yo no tenía frío el cuerpo.

Me incorporé lo más rápido que pude y me fui adentro de mi casa, pensando en ver qué hora era. Entré a la cocina y miré el reloj: ¡Eran las once de la noche!. No parecía haber nadie en casa. Miré en los dormitorios, y todo estaba vacío. Recordaba que mi madre no había regresado del médico y mi padre estaba en la escuela, terminando el trabajo de electricidad. Pero eran cerca de las once de la mañana cuando volví a mi casa, así que habrían pasado unas doce horas desde que me fui a la Terrae Interiora... Di unas vueltas por la casa, y cuando estaba empezando a preocuparme porque no entendía lo que pasaba, sentí ruidos en la calle. Entré al comedor, encendí la luz y me quedé allí unos momentos. Luego volví a sentir voces. Era Papá que hablaba un poco enojado. Yo no sabía que hacer, así que apagué la luz, me senté en el sofá para tranquilizarme y cerré los ojos; apenas lo hube hecho, la puerta del comedor se abrió y entraron mis padres mientras yo me hice el dormido...

- ¡Aquí está Marcel! -gritó Mamá- ¡Menos mal, Dios mío!, ¡Qué cosas raras están pasando en esta casa!.

- Calma Cariño, -dijo mi padre- que no es sólo en esta casa. Ya has visto que en casi toda la calle, parece no haber nadie en las casas, y ninguno ha podido abrir las puertas....

Mientras mi madre entraba a mi dormitorio con mi hermano pequeño dormido como un tronco, mi padre volvió a salir a la calle.

- ¡Están entrando...! ¡Se han abierto todas las puertas! ¡Esto es de locos!.

Volvió a entrar, y yo preferí seguir haciéndome el dormido, porque sabía que los elementales tenían algo que ver en todo esto. Mejor dicho, estaba seguro. Mamá me llamó varias veces, y me hice el confundido. Fui a la cocina a tomar agua, porque tenía la lengua seca, y después me metí en la cama. Papá apagó la luz del dormitorio, y escuché que seguía haciendo conjeturas sobre lo que habría pasado. A la mañana siguiente me fui enterando de lo ocurrido, porque en vez de ir a la escuela, ya que la maestra tampoco estaría ese día. Fui a la calle a ver si encontraba a alguien con quien jugar, y los chicos que iban a la escuela por la tarde, estaban reunidos en la acera de enfrente, sentados en el murillo de una verja.

- Eh, Marcel ¿Donde estuviste ayer? - me preguntó Roberto, que era bastante mayor, entre curioso y risueño.

- En mi casa. Me quedé dormido en el sofá.

- ¿Y dormiste todo el día?.

- Creo que si... -dije mintiendo sabiendo que debía hacerlo, porque si no, el secreto prometido estaría seriamente amenazado.

- Yo también estuve en mi casa, -dijo Luis, que vivía justo al lado de la mía- pero no he podido dormir. Y cuando me asomé por sobre el muro ayer a la mañana, porque no podía salir ni mis padres podían entrar, vi que estabas durmiendo recostado contra la parra grande, al fondo de tu casa...

Sentía que me podía descubrir, y trataba de pensar si lo mejor era volver a mi casa, para no tener que contar nada más, ni tener que volver a mentir, pero él continuó diciendo que no podía haber estado todo el día en el sofá, sino que me había dormido en el fondo.

- Bueno, el que mejor lo pasó fue Alejandro -dijo Roberto- porque dice que estuvo jugando con un Superman o algo así. ¿No es cierto? -dijo Roberto en tono burlón, y todos se rieron.

- ¡Es cierto, tonto!. Y no era Superman, tenía el cuerpo todo luminoso... Anda, que son tontos... Se creen que les estoy mintiendo...

Alejandro tenía sólo cinco años y era un chico muy especial. Así que cuando los más grandes se fueron a jugar a la pelota, yo me quedé con él, para preguntarle qué era lo que había visto. En el fondo, dudaba que lo que había vivido en el día interior fuera realidad. Era posiblemente un sueño.

- Te digo que lo vi, y estuvo jugando conmigo todo el tiempo, hasta que mis padres pudieron entrar. Y dijo que te pidiera algo a ti ¿Pero a que no te lo crees...? No importa, te lo voy a decir igual. Dijo que tenía una amiga que se llama Virriprin.... Virriprinpa... Ay, no me acuerdo...

- Virriprinpandomitallonaria

- ¡Si! ¿Cómo lo sabes? ¿La conoces?.

- Si, digo... No... Es que es un nombre antiguo...

- Ah, bueno, pero dijo que tú la podías ayudar, pero no me dijo qué le pasaba. Sólo me pidió que te dijera eso. Pero no me crees ¿Verdad?.

- Si, si te creo... Si te dijera las cosas que me pasan a mí, el que no me creería eres tú. Pero no hables de esto con nadie porque nos tomarán por locos a los dos. A tí por lo que dices y a mí por creerte... ¿De acuerdo?.

- Está bien. ¿Y con quién lo voy hablar si ya me dicen que estoy loco? Pero dime... Tú sabes algo de lo que pasó ayer, ¿Cierto?.

- Si, yo se que me dormí todo el santo día...

Estaba a punto de decirle algo más, pero si le decía una sola cosa, tendría que contarle todo, y en el mejor de los casos, no me creería. Así que dejamos ahí la conversación y me fui a jugar a la pelota con los otros. Como era muy pequeño pero tenía buenos reflejos, me ponían a jugar al arco. Pero ese día me metieron más "pepinos" que a una ensalada. Yo no podía pensar en otra cosa que en Virriprinpandomitallonaria. Como no atajaba una sola jugada, Roberto me preguntó si no me alcanzaba haber dormido todo un día, y me fui a mi casa. Mi padre acababa de llegar, y se iba para el fondo, así que me temí lo peor.

- Papi... ¿Vamos a continuar con los experimentos de las pirámides?

- Ahora no. Tengo que cortar esta parra porque para seguir haciendo experimentos y otras cosas, necesito agrandar el taller...

- ¡No!, ¡ No la cortes, por favor...! ¿Cómo vas matarla, con tanta sombra que da y con tanta uva...?

- Si, pero hay otras parras, y todas dan bastante uva...

- ¡No, por favor, te lo suplico...! -dije casi llorando. Me desesperaba la idea de que Virriprinpandomitallonaria fuera cortada, era terrible. Porque no era una simple parra, como mi Papá la veía. Era un ser maravilloso, como en realidad son todos los árboles. Pero además, y por sobre todas las cosas era mi amiga, y me había cuidado durante mis viajes.

- ¿Y por qué no habría de cortarla, si necesito el lugar? Y además hay otras parras, no te podrás quejar por falta de uva, creo yo. - No, Papi... No es por la uva, es que... Es que... Virriprinpandomitallonaria es mi amiga. No puedes cortarla... Y no es sólo porque sea moscatel rosada.

- ¿Que es tu amiga? ¿De dónde has sacado eso?... ¡Qué nombrecito que le has puesto! Me parece que te ha hecho mal dormir tanto tiempo ayer...

- No, Papi, de verdad. Por favor, créeme. Virriprinpandomitallonaria es mi amiga. No se quién le puso ese nombre, pero hasta hablo con ella. ¿Me crees?.

- Pues, no... La verdad es que no te puedo creer semejante tontería. Pero si no quieres que la corte, no la cortaré. En vez de ampliar el taller para este lado, cortaré la higuera. No me dirás que también te has hecho amigo de la higuera.

- ¡No, por favor!, No cortes ningún árbol, por favor, por favor, por favor...

Nunca había visto al elemental de la higuera, pero seguramente que lo tendría, y la higuera sería su cuerpo físico. Me desesperaba la idea de que fuera cortado cualquier árbol. Es ese momento, una voz profunda y dulce me hablaba al oído.

- No te preocupes por mí. De todos modos, gracias por intentar salvarme. Yo soy muy vieja, y ni siquiera puedo dar higos, porque mis raíces han sido dañadas hace tiempo. Dile a tu padre que espere hasta mañana. Sólo eso, y yo podré irme en mi cuerpo mágico al mundo de los Cloremáticos. Allí naceré con un cuerpo más útil. Y ten por seguro que te haré un regalo.

- No me importan los regalos -dije- Te lo agradezco, pero no hago cosas para que me regalen nada...

- Ya lo sé. Por eso tienen tanto valor las cosas que haces.

Apenas terminó de hablar, sentí aquella misma sensación que me hizo sentir Sabinazulia, pero mucho más intensa, y un aroma delicioso inundó todo el ambiente. No sé por qué, me puse a llorar.

- ¿Que qué... ? ¿Con quién hablas? -dijo mi padre mirando para todos lados- ¿Qué será lo que hace ese aroma?.

- Es la higuera, Papi. Sabe que la vas a cortar, pero tendrás que esperar hasta mañana, porque... Bueno, porque se está preparando para que la cortes.

- ¿De dónde sacas tantas tonterías?. Tengo que aprovechar ahora, porque mañana no tendré tiempo...

- ¿Y cuál es la prisa? Oye, si quieres, yo la corto, pero mañana...

Papá me miraba extrañadísimo, confundido, sin saber qué hacer. El pensaba que yo estaba medio trastornado o algo así, pero tampoco quería lastimarme. Se quedó un rato mirando al suelo y luego dijo.

- Mira, con lo de los canarios, te comprendo. Son animales, son seres vivos...

- ¡Las plantas también! -dije sintiendo que mi padre entendía pocas cosas.

- Jo... ¿Y las lechugas que comes? ¡No me dirás que no hay que comer lechugas!. ¿Quieres que comamos piedras?

- No, las lechugas no son árboles, y saben que tienen que crecer para alimentar a otros seres.

- Entonces tampoco podríamos usar madera, que proviene de los árboles.

- Claro que si, pero una cosa es plantar un árbol para que de madera, o cortar un árbol viejo, que cortar a una parra, que está joven y fuerte.

- Esta parra tiene como ochenta años, pero sí, está muy fuerte y vital... ¿Pero de dónde sacas esas deducciones? ¡Ni que estudiaras filosofía!.

En ese momento, vinieron a mi memoria unos recuerdos raros y confusos, como los recuerdos de los sueños. Recordaba un lugar donde no estaba seguro de haber estado, y las imágenes se me mezclaban en la mente. Pero entonces me acordé de aquella vez que había cantado en un idioma que no conocía, mientras Arkaunisfa hacía música con las piedras de oro, y yo había cantado así con una inspiración especial. ¿Sería la Voz Interior?. Al sólo pensarlo, me decidí a tranquilizarme, para que la Voz Interior hablara y apenas lo hice comencé a decir:

- Papi. La vida del mundo es muy compleja y cuesta entenderla. Pero si yo te digo que por favor no mates a una planta, que es un ser viviente, es por algo ¿No te parece?. Tú sabes que detesto mentir y a las personas que mienten, pero por favor, no me pidas que te explique todo. ¿Podrás confiar en mí?.

Me siguió mirando extrañado y confundido, pero como era un hombre prudente, luego de pensar un momento sonrió y dijo.

- De acuerdo. No cortaremos ningún árbol. La verdad es que no te entiendo, pero como en principio tu intención parece muy buena... No cortarás tú esta higuera, porque es muy grande y gruesa, y hay que cortarla empezando por algunas ramas. Pero esperaré. Y espero también que me diga la verdad de lo que pasa, porque tú también has mentido.

- ¿Yo?

- Si, no te escandalices, que cuando entramos anoche te hiciste el dormido, pero estabas despierto porque encendiste la luz del comedor tres minutos antes de que entráramos...

- ¡Ah!, si... La verdad es que me había despertado un buen rato antes...

Estaba a punto de intentar una escapatoria para no tener que explicar más, pero eso me hubiera llevado a inventar más excusas. Y así las cosas irían de mal en peor. Como mi padre recogió sus herramientas y fue a guardarlas, yo me sentí aliviado por todo. No había que dar más explicaciones, y lo más importante es que al menos ese día, no cortaría la higuera. Me sentía terriblemente cansado y mi madre nos llamaba comer. Apenas probé algún bocado y pedí permiso para retirarme de la mesa. Necesitaba dormir.

- ¡Esto es cada vez más raro! -dijo Papá riéndose- El que detesta dormir la siesta, hoy que no ha ido a la escuela, está cansado.

Apenas me acosté y cerré los ojos, una enorme figura similar a mi amiga Virriprinpandomitallonaria apareció en mi cuarto, que con la persiana cerrada estaba casi a oscuras. Pero no era mi parra.

- Hola, Marcel. Soy Larraztripunaufara, la higuera que has salvado hoy de una muerte indigna. Vuelvo a agradecerte lo que has hecho, porque si me hubieran cortado repentinamente, no hubiera podido prepararme para irme al mundo de los Cloremáticos.

- No es nada, simplemente hice lo que sentí que debía hacer...

- Pero eso es justamente lo importante. Si no me hubieras salvado hubiese tenido que nacer nuevamente en este mundo, como una simple higuera... Bueno... No es que ser una higuera sea indigno, pero para mí, nacer como un Cloremático es como puede ser para ti, nacer entre los dioses.

Otra vez aquel perfume delicioso me llegó hasta el Alma, con la misma intensidad que antes, mientras Larraztripunaufara iba desapareciendo. Y segundos después, mi padre entraba a mi dormitorio, buscando el origen de aquel aroma tan extraordinario.

- Parece que sale de aquí... ¿Es que te has puesto algún perfume, Marcel?.

- No, Papi, es la higuera. Es el aroma de la higuera, aunque no te lo creas.

Sonrió incrédulo, apagó la luz y cerró la puerta suavemente.

- Hola Marcelín... -escuché al oído cuando estaba casi dormido, pero no vi nada- Soy Virriprinpandomitallonaria... No vine antes a darte las gracias, porque me desmayé de miedo. Te prometo que jamás en tu vida, ni en la vida de tus padres, verán tanta uva, ni tan enormes racimos como los que voy a producir este año.

También dejó un perfume tan delicioso, que Papá volvió a abrir la puerta, aunque no encendió la luz ni dijo nada. Pero seguramente, se quedó pensando en que algo muy raro estaba pasando...


(Actualización en web, Junio de 2012 )