SECCIÓN DE NOVELAS INFANTO-JUVENILES

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EL TESORO MÁGICO DE LAS PIRÁMIDES Página anterior

CAPITULO VI
LAS COSAS SE COMPLICAN

Pasaron varios días hasta que mi padre tuvo un poco de tiempo y cortó la higuera. La noche anterior me hizo Larraztripunaufara una última visita y me dijo que algún día nos reencontraríamos. Estaba muy contenta porque había podido prepararse bien para su "traslado", y la acompañarían una pareja de Cloremáticos. Habíamos conversado un buen rato, pero yo estaba medio dormido, así que apenas recuerdo aquella charla. Mi madre y yo estábamos ayudando a Papá con la higuera, porque era muy grande y según mi abuela ya era un gran árbol cuando ella nació.

Cuando mi Papá cortó algunas ramas, éstas estaban muy secas por dentro, y Mamá y yo nos pusimos a cortarla en pedazos más pequeños. Pero al cortar el tronco salió de él una especie de humo, con aquel maravilloso aroma inconfundible que mi padre había sentido en mi dormitorio algunas noches atrás. Era poderosísimo el perfume, nos dejó como medio borrachos y duró varios días en el ambiente. A la noche, cuando estábamos terminando de cenar, Papá me preguntó con mucha curiosidad.

- Marcel... ¿Cómo fue aquello que me contaste de la higuera?

- Ya se tiene que acostar, -intervino providencialmente mi madre- que mañana hay un acto en la escuela y tiene que ir más temprano.

Aquel aburridísimo acto fue interminable. Una verdadera tortura. Estábamos todos formados en el inmenso patio de la escuela, y yo, que estrenaba un hermoso reloj que me había regalado mi abuelo, pude saber que iban exactamente tres horas y veinte minutos de discursos y chicos con letras en el escenario, y un sol que nos quemaba la cabeza... Y el acto no terminaba a pesar de que un alumno de los cursos mayores se había caído desmayado y se lo habían llevado. A mi lado, cayó redonda una compañerita y entre tres o cuatro la levantamos y la llevamos hacia la sala de la directora, y cuando estábamos saliendo de allí, donde dos maestras se hicieron cargo de la desmayada, venía entrando un grupo con otro chico que parecía más muerto que vivo. Parece que con eso, finalmente se dieron cuenta que era terrible tenernos tanto tiempo de pie al sol.

Media hora después me hallaba en mi casa, y le pedí a mi mamá que no me obligara a comer, porque estaba demasiado cansado. Pero ya que no tenía sueño, en vez de acostarme en la cama me fui al fondo a visitar a Virriprinpandomitallonaria. No esperaba ver su cuerpo luminoso, pero igual era muy agradable estar recostado en su fuerte tronco. Apenas me hube sentado allí, sentí que el cuerpo se me hundía y me di cuenta que otra vez estaba yendo hacia el interior. A mitad de camino, más o menos, me encontré con Iskaún que venía y me dijo que no podía ir al interior en ese momento, porque el túnel no era seguro.

- Pero si hemos entrado y salido otras veces...

- Si, pero hoy no podremos, y por unos cuantos días. Tienes que volver ahora mismo, porque es peligroso hasta para mí. Sólo los Cloremáticos y los elementales vegetales pueden andar sin problemas. Otro día te lo explico. Deberás subir tú solito. ¿Te animas?.

- Si, claro, no será tan difícil... Ven a buscarme cuando se pueda....

Apenas pensé en subir, ya iba de regreso a toda velocidad. Pero el túnel se movía para todas partes, y yo quedaba como dentro de la piedra, aunque no me hacía ningún daño. Pero igual me sentía un poco asustado, y de repente me sentí prisionero de algo, como quien queda atrapado entre las ramas de una planta espinuda. No había allí ninguna rama, ninguna planta, sino unas piedras plateadas con muchos hilos, como una especie de cabellera. Esos hilos me aprisionaban y no me dejaban mover. Estuve así un buen rato, hasta que Iskaún apareció junto con otro hombre al que no había visto antes, tanto o más grande que ella, y con mucho cuidado me sacaron de allí para llevarme hasta mi cuerpo físico.

- Ese es el problema, Marcel. Hay cambios en la energía del sol interior, y eso hace que se haya hecho peligroso por ahora, porque es un túnel magnético que se mueve, y con nuestro cuerpo mágico no podemos atravesar algunos lugares que tienen minerales de plata. La plata y otros minerales menos abundantes afectan al cuerpo mágico como si fuera el físico. No se pueden traspasar...

- Salvo los Cloremáticos y los elementales... -dije repitiendo lo que había dicho antes Iskaún.

- Si no hubieran venido a rescatarme, la hubiera pasado muy mal...

- Si no te desesperabas, -respondió el hombre en tono cordial- igual hubieras salido solo, pero si vas muy rápido por el lugar, los filamentos de los minerales de plata te pueden hacer mucho daño. Me llamo Thorodilbar y soy el padre de Iskaún. Ya nos veremos en otro momento, cuando podamos volver a usar el túnel sin peligro. Adiós.

Apenas se fueron, entré en mi cuerpo físico y algo me picaba en el brazo, pero al mirarme, casi me desmayo de la impresión. Una rayita roja se iba haciendo cada vez más grande y se iba abriendo una herida, como si algo invisible me cortara la piel. Justo cuando estaba por levantarme, casi desesperado, Virriprinpandomitallonaria apareció y me tranquilizó.

- No te asustes, que eso es peor. Parece que se te ha lastimado el cuerpo mágico... Y tienes una astilla de plata. ¿Has intentado entrar por el túnel?.

- Si, pero está muy peligroso. Iskaún y su padre me han salvado.

- ¡Oh!, ¡Cuánto lamento haber estado tan dormida!. Es que estoy haciendo el proceso vegetativo ¿Sabes?. No he podido advertirte antes, y me ha despertado tu vibración de miedo. Pero te curaré un poco. ¿Puedes alcanzar ese zarcillo de allí?.

- Si, espera.... -dije mientras ponía un cajón debajo- ahora sí.

- Bien, pero no lo toques. Lanzaré por él una substancia que debe mojar tu herida. Con un sólo dedo, desparrámala por ella, y curará pronto. El cuerpo físico tardará más, pero en el mágico la herida cerrará en unos minutos. Mañana metes tu brazo en esa pirámide que tienes allí y te quedas un buen rato. Verás que se cura como por arte de magia.

Hice exactamente lo que Virriprinpandomitallonaria me explicó, y noté un gran alivio. Luego de agradecer a mi querida parra, me fui a la cama, porque aquellos sustos me habían dejado, ahora si, con mucho cansancio y sueño. No me levanté hasta el día siguiente, gracias a que Mamá me dejó dormir todo lo que necesitara. Pero en la mañana me fui a poner el brazo en la pirámide, y permanecí allí durante un par de horas, en una posición incómoda, porque debía evitar mover y desorientar la pirámide. Al día siguiente Mamá observó que mi brazo tenía una cicatriz, que estaba casi completamente cerrada.

- ¿Y esto? ¿Cuándo te lo has hecho?.

- Ayer... Me caí en el fondo...

- ¡No mientas!, que esta es una cicatriz casi curada, pero de varios días. Se te podría haber infectado... Eso es muy peligroso. No hay que dejarse las lastimaduras así, hay que lavarlas bien, y desinfectarlas... ¿Pero por qué me has mentido? ¿Acaso no sabes diferenciar entre ayer y la semana pasada?

- No, Mami, te digo que fue ayer. Es verdad... Quizá lo que he dormido bien, y me he puesto un poco de leche de la parra...

- ¿Leche de parra?... Si, me parece que has tomado "leche de parra", de la botella de tinto ¿No?.

La broma de mi madre distendió un poco el asunto y como estaba muy ocupada con sus cosas, no volvió a hablar del tema. Un día después, al volver de la escuela y cambiarme de ropa, noté que en mi brazo no había ni rastro de la herida. Justo estaba mirando esto con asombro, cuando Mamá entró en el dormitorio y no pude contenerme de comentarle:

- Mira, Mami, no tengo más la herida...

- A ver... ¿Pero cómo es posible?.

- No se, se ha curado sola. Bueno, con la leche de la parra...

En ese momento, sentía una picazón en la zona, y por donde estuvo la herida, salía un granito, y en unos segundos apareció la punta de una aguja. Mamá veía con el mismo asombro que yo, pero reaccionó buscando una pinza de depilar, y terminó de sacar esa especie de aguja. Era como una espina... De plata. Mamá me miró sorprendida y confusa, y hasta un poco enojada conmigo, porque presentía que yo no le estaba diciendo todas mis cosas. Durante la comida me lo dijo, porque yo tampoco comentaba nada de la escuela, ni de las pocas veces que jugaba con mis amigos del barrio. Cada vez que abría la boca, era para preguntar cosas que no entendía, y les ponía al parecer en un aprieto. Pero no fue necesario decir nada sobre los hechos que para ellos deben haber sido realmente muy extraños.

Días más tarde, las cosas en el barrio estaban complicadas, porque Alejandro había dicho a sus padres lo del mensaje que me habían dejado los elementales, para que supiera que debía salvar a mi amiga la parra, así que doña Zulema había hablado con mi madre, porque pensaban que yo estaba metiéndole cosas raras en la cabeza a su hijo. Al final, mi madre discutió con la vecina y le dijo que no dijera semejantes tonterías. Pero ella le dijo a mi mamá que seguramente yo sería el responsable de aquella cosa rara que había ocurrido en el barrio, donde en más de veinte casas la gente no podía entrar en todo aquel día, y no se por que otra razón, sospechaban todos que yo tenía algo que ver. Eso me dejó muy preocupado.

Por si fuera poco, mi vecino Ricardo, que era el esposo de doña Zulema, estaba hablando pestes de otro vecino, en una conversación con mi padre. Entonces él le dijo que no debería hablar mal de esa persona. ¡Para qué!. Don Ricardo se puso furioso con mi padre, y terminó espetándole que yo tenía la culpa de las cosas raras que estaban pasando en el barrio, que sus hijos estaban asustados por lo que había ocurrido aquel día, en que ellos se habían tenido que quedar encerrados en la casa, y alguien le había dicho a José -su hijo menor- que el responsable de todo era yo, porque hacía brujerías. Papá estaba indignado con aquel vecino, pero hizo algunas preguntas raras, y yo seguía cada vez más preocupado. En esos días mi padre intentó varias veces que le explicara algunas cosas, sospechando que yo sabía algo más sobre los fenómenos. Pero me hacía el distraído. En primer lugar porque había prometido no decir nada, y en segundo lugar porque de todos modos, no me creerían. Se burlarían de mí, o me llevarían al médico pensando que estaba loco, tal como le había pasado a un señor que vivía en mi barrio. Y el médico dijo a mi tío que aquel hombre tenía alucinaciones por causa del alcohol, ya que anda siempre borracho.

Yo apenas tomaba un traguito de vino que mi Papá me permitía beber durante las comidas, pero hacía muy pocos días que había probado el vino por primera vez. Nunca antes lo había tomado, pero como aquellas vivencias extraordinarias me causaban dudas aún, era mejor pensar todas las posibilidades. Sobre todo porque justo en esos días había visto salir al elemental de un gran árbol de membrillos, que pareció asustarse cuando se dio cuenta que yo podía verlo. Lo vi varias veces, pero una noche que me acosté pensando en él, sentí que había alguien detrás o debajo de mi cama. Entonces pensé que sería él, y le dije mentalmente que si efectivamente era el membrillo, que no tuviera miedo de mí. En eso, una sombra rara salió de debajo de la cama y me dijo casi al oído.

- ¿Cómo has podido verme? ¿Eres Mago? -dijo la sombra con voz algo cascada.

- No, todavía no. Pero algún día lo seré -respondí en voz muy baja.

- ¡Oh!, Eso está muy bien, y yo puedo ayudarte mucho porque se mucho sobre Magia. Soy uno de los Magos más poderosos del mundo...

- ¿Y cómo te llamas?

- Yo... No tengo nombre. Pero puedes llamarme...

- Membrillero -dije con el pensamiento- ¿Te gusta?

- No, ese es un nombre muy vulgar... Llámame Suagadilorije, el Bueno.

- ¿Suagadilorije? ¿Pero es ese tu nombre? ¡Que raro! ¿Qué significa?

- Oh, no, es un nombre como cualquiera, que no significa nada, que sólo es mío. Ahora dime: ¿Realmente quieres ser un Mago poderoso, o quieres ser uno de esos tontos que la van de Magos y quieren salvar al mundo?

- Yo quiero ser un Mago, y quiero que todo el mundo sea feliz...

- Ja, ja, ja, ja.... Perdona, no es que me ría de ti. Es que el mundo simplemente es como es, y nadie pude cambiarlo. Me hace gracia que todavía haya gente que quiere arreglar lo inarreglable. Tú lo que tienes que buscar es tu propia felicidad, tu propia seguridad, tu propio poder. El Universo es un gran campo de batalla, donde las fuerzas de la naturaleza luchan entre sí, el viento lucha contra el mar, los animales se comen unos a otros para poder sobrevivir, las plantas parásitas tienen que matar a otras para seguir vivas... ¿Te gustan los gatos?

- Si, claro. A veces les dejo lugar a algunas gatitas en el fondo para que tengan a sus gatitos... Y donde hay gatos, no hay ratas. -

¿Y también te gustan los canarios?

- Si, claro, como habrás visto, tenemos cuatro, que andan por toda la casa.

- Si tuvieras un gato en la casa, tus canarios serían un bocadillo delicioso... En la naturaleza, mi pequeño amigo, sólo sobreviven los más fuertes. Así que tú tienes la opción de ser un falso Mago, de los que creen que pueden salvar al mundo, donde todos luchan por tener más que los demás, o ser un Mago de verdad, reconociendo que la vida no es un sueño mágico, sino una dura lucha por el poder. Por ejemplo: Si tienes dinero, tienes poder, pero si eres tonto, lo pierdes. Si tienes amigos influyentes, puedes usarlos a cambio de algunas cosas. Si tienes demasiado amor por los que no se lo merecen, vivirás en la miseria...

Algo en todo lo que me decía, tenía razón, pero me estaba confundiendo, porque su sentimiento no era igual que el mío.

- Pero yo creo que el mundo está así porque la gente no sabe muy bien lo que hace, porque no tiene amor...

- Justamente... Tú quieres poner amor donde no lo hay... ¡Te comerán vivo! Y encima se burlarán sobre tus huesos...

- ¡No le escuches! -gritó alguien con una voz muy dulce pero en tono triste- ¡Es un mentiroso que quiere engañarte!

- ¡Ya tenía que aparecer uno de estos imbéciles que viven en las plantas...! Que cuando les han sacado todos sus frutos, los matan despiadadamente...

- ¿Y tú quién eres? -intervine preguntando a un elemental muy bonito que acababa de aparecer en la puerta del dormitorio.

- Yo soy Melifrutino, el elemental del membrillero que hay en el medio de tu casa. Estaba intentando comunicarme contigo pero tú estabas con el pensamiento en esta rara dimensión, a causa de tu preocupación. Y yo he tenido que hacer un esfuerzo grandísimo para estar ahora aquí...

- ¡Cállate, imbécil!, ¿No ves que estás confundiendo al niño? -gritó Suagadilorije intentando abrazarme con una especie de capa.

- ¡Esperen!, ¡Dejen de discutir!.. -dije confundido y a punto de llorar- ¿No podemos conversar como personas bien educadas?

- ¡Con este insignificante membrillero no se puede ni hablar! Pero no te preocupes, es como te decía antes... Tendrás que elegir. Si hablas conmigo, serás un Mago poderoso. Si le sigues la corriente a estos tontos y débiles, dímelo, así no pierdo más tiempo contigo. Pero recuerda: Sólo los atrevidos y poderosos son los que mandan en el mundo.

- Si, claro... -dijo más calmado Melifrutino- Y por eso está el mundo como está, lleno de egoístas y malvados como tú.

- Entonces -dije- no sé qué hacer. Ustedes no parece que se puedan poner de acuerdo...

- Es muy simple Marcel -respondió rápidamente Melifrutino- ¿Prefieres sentir con preocupación, con miedo y odio? ¿O prefieres sentir con Amor, con Comprensión y con Respeto?

- Pues... Sin duda, con Amor, Comprensión y Respeto...

- Entonces, ya mismo -dijo enojado Suagadilorije- puedes quedarte con los débiles, con los perdedores, con los necios... ¡Y ya verás que tus pirámides sólo te servirán de adorno!.

- No le oigas... -dijo suavemente Melifrutino- Simplemente piensa en el Amor, en que todo el mundo algún día será feliz. Incluso este pobre desdichado de Suagadilorije, que anda creyendo que el poder sobre los demás puede darle alguna felicidad. Fue cosa de apenas empezar a sentir Amor por toda la Humanidad, y aquella rara sombra, con escasos brillos celestes y blancos se disolvió en el aire.

- ¿Lo ves? -siguió Melifrutino- Apenas piensas con Amor, tu vibración cambia y tu mente sólo puede captar las vibraciones de Amor. Quizá algún día, como estás aprendiendo a ser Mago, tengas que meterte en el mundo de las sombras, pero para eso debes aprender muchas cosas.

- ¿Y qué puedo hacer en el mundo de las sombras? ¡Me confundirán, como estaba haciéndolo Suagadilorije!. Ha sido una suerte que aparecieras tú, porque la verdad es que estaba empezando a creerle un poco...

- No, no te podrán confundir cuando tu mente esté completamente segura de lo que sabe, y tú estés completamente consciente de la diferencia entre el bien y el mal. Aún eres muy pequeño, y debes tener muchísimo cuidado. Debes confiar en los sentimientos de Amor y Comprensión que hay en ti. Si no lo hicieras así, cualquiera podría confundirte.

- Hay un periodista que está en la radio, que siempre que lo oigo, dice que está "más allá del bien y del mal".

- No, Marcelín, nadie está "más allá del bien y del mal". Aunque todas las cosas son relativas, los que dicen eso sólo han perdido la capacidad de diferenciar dónde y cuándo está el bien, y dónde y cuándo está el mal.

- ¡Ah!, ¡Qué importante es entender eso...! ¿Sabes que te quiero mucho porque tus frutos son deliciosos?.

- Si, esa es mi misión en el mundo. Dar buenos frutos. Pero dile a tu padre que no me eche esos venenos tan fuertes para espantar las moscas de la fruta. Me hace daño a mí también... Y al final, aunque hago todo lo posible por evitarlo, también queda veneno en los frutos que vais a comer.

- ¿Y cómo se puede espantar la mosca de la fruta sin dañarte?

- Dile que el agua con jabón normal, siempre que no tenga detergentes, espanta las moscas de la fruta y me libra de otros parásitos sin hacerme ningún daño. Si haces eso, te aseguro que les daré tantos membrillos y tan grandes, que no podrás creerlo.

- ¡Qué bueno!. Pero aunque no dieras mejores membrillos, hay que hacer lo que dices porque no es justo que te dañen si se puede evitar... Además, te quiero porque eres un Ser ¿Sabes?... No sólo porque das buenos frutos.

Al igual que la higuera y la parra, al salir de la habitación dejó un fuerte aroma a membrillo, aunque estábamos fuera de época y no había ni siquiera flores en ese árbol. Cuando le dije a mi padre que había tenido un sueño y que el membrillero me había dicho lo del jabón, se rió con todas las ganas. Pero un poco más tarde, me dijo que quizá tenía razón, porque el agua jabón tenía no se qué efecto sobre los parásitos de los árboles, y seguramente el olor espantaría a las moscas. Así que en esos mismos días, tomó su máquina de sulfatar y roció los frutales con agua jabonosa, en vez que con venenos. Yo estaba más tranquilo por mis amigos, pero también porque mi Papá no tenía que manipular esos productos tan terribles, que sólo pueden usarse con guantes, mascarillas y un montón de cuidados, y que al final terminaban en nuestras barrigas, porque mucho veneno queda en los frutos.

Otro día apareció nuevamente Melifrutino y me contó que hacía muchos años, cuando él era un pequeño retoño, todavía vivía allí un Mago indio llamado Guaymarechu, que era el último Humano mortal que hablaba con los árboles y curaba con su ayuda a casi todas las personas. La única enfermedad que no podía curar nadie, ni con ayuda de los árboles, era la vejez. Pero que algún día, cuando la gente fuera mejor, los dioses les ayudarían a curar incluso esa enfermedad casi inevitable en la superficie de afuera de la Tierra. Mientras tanto, seguíamos haciendo algunos experimentos con pirámides, que habían quedado retrasados porque mi Papá estaba construyendo la ampliación del taller. Habíamos conseguido recuperar a un canario que encontramos en el patio, seguramente arañado y lastimado por un gato.

En tres días de cuidados dentro de la pirámide más grande, que era de aluminio, el pajarito cantaba y estaba en condiciones de volar. Al igual que los otros que teníamos en casa, lo dejábamos revolotear por donde quisiera, porque teníamos puertas de tela mosquitera. Si bien la casa misma era su jaula, al menos era lo suficientemente grande como para que no se sintieran prisioneros. Para ese entonces eran cinco los canarios en la casa. Otro experimento exitoso con la pirámide, fue el de las cuchillas de afeitar que mi padre usaba y se encontraban completamente desafiladas. Las colocaba entre siete y diez días en la pirámide, justo a la tercera parte de la altura, a partir de la base, con el filo orientado de norte a sur, y quedaban como nuevas. Creo que Papá usó sólo cinco o seis cuchillas durante muchos años. Era muy interesante comprobar también que los rabanitos que sacábamos en la huerta, cuyos almácigos los hacíamos dentro de las pirámides, crecían enormes y deliciosos.

A Mamá, que nada la convencía del valor de nuestros experimentos, se le ocurrió poner una maceta con unas semillas de rabanito en una de las pirámides, para dejarla ahí todo el tiempo, hasta que pudiera cosecharse. El rabanito creció en menos del tiempo normal, y por si fuera poco, tenía el tamaño de una naranja. Desde aquel día, nunca más dijo que hacíamos "tonterías" con las pirámides.

CAPITULO VII
LAS VACACIONES Y EL NUEVO AÑO

Todo quedó suspendido por causa de las vacaciones de verano. Viajamos la familia entera, como setecientos kilómetros, para pasar las vacaciones en la casa de mis abuelos maternos. Pero justo antes de salir, mi madre me dio un gran sobre con un membrete de la NASA. Saltaba de alegría, suponía que me aceptarían como voluntario y me enviarían en un cohete al espacio, o a la Luna... Pero había una carta y unos libros... Todo en inglés. Así que metí el libro en mi mochila, en la que llevaba algunos libros. La verdad es que fueron unas lindas vacaciones, pero el día que llegamos allí, yo me pasé llorando toda una noche, porque quería volver a mi casa. Extrañaba enormemente a mi parra, pero no podía decir nada. Sólo quería volver. Mi tía dijo que me dolían los oídos, y me pusieron una gotas, pero yo lloraba porque tenía otra angustia. Quería estar allá, cerca del túnel, para que Iskaún me viniera a buscar en cuanto pudiera ser transitable nuevamente.

Mis abuelos tenían un campo muy grande, y más de cincuenta vacas. Había perros, un avestruz enorme y un gato gris medio salvaje, del que me hice muy amigo, a pesar de que mi abuela decía que era muy peligroso jugar con él. Sin embargo Gris -que así se llamabadormía sobre mis pies, y aunque él se despertaba antes, no se iba de mi cama hasta que yo me levantaba. Cuando iba a casa de mi abuelo alguna persona con malas intenciones, Gris se ponía a dar vueltas y a maullar muy enojado, y poco faltaba para que hablara. Entonces mi abuelo sabía así de quién debía cuidarse. Fueron pasando los días, y aunque no me olvidaba de las cosas pendientes, me reconfortaban bastante los enormes melones, sandías y frutillas y fresas que mi abuelo sacaba de la huerta. También unas mazorcas de maíz llamaban la atención de mi padre, porque algunas tenían ochenta centímetros de largo, y unos granos deliciosos. Mi abuela las preparaba hervidas, y antes de comerlas las rociábamos con aceite de oliva o con mantequilla. También había tomates de un tamaño descomunal. Eran tres ó cuatro veces más grandes que los que yo conocía, carnosos y frescos, con un sabor que daban ganas de no parar de comer.

También ese año tuve mi bautismo como jinete. Una yegua muy mansa sobre cuya montura me puso mi abuelo, fue para mí toda una aventura. Se llamaba Celestina porque era blanca, pero al pasar la mano sobre su pelaje tenía tonos que parecían turquesa. Me dijo mi abuelo que me aferrara al pellón de la montura, y al mismo tiempo sujetara las riendas. Le dijo cosas al oído a Celestina, y me largó solo. La yegua empezó a caminar y a mí me dio bastante miedo al principio. Pero ella iba con paso tranquilo, paseando por el campo, y así me llevó cerca de un centenar de metros. Cuando yo iba tomando confianza, me animé a jalar un poco de las riendas; quería ir un poco más aprisa. Me sentía todo un vaquero. Celestina se detuvo y dio vuelta la cabeza, mirándome de reojo, y luego empezó a trotar suavemente. En unos segundos más, iba a galope tendido. A mí se me mezclaban la alegría con un poco de vértigo, y hasta algo de miedo, porque iba como una flecha. Al llegar donde estaba mi abuelo, fue disminuyendo el galope hasta casi detenerse.

El abuelo dijo "¡Fuera jinete!", y Celestina dio un salto con sus patas traseras, que me lanzó por el aire, justo hacia donde estaba él, que me recogió en sus brazos. Mientras se reía y felicitaba a la yegua, yo casi me enfadaba con él, porque era toda una picardía lo que le hacía hacer a la yegua, evidentemente muy bien amaestrada. Como me gustaba descubrir cada escondrijo que hubiera, un día me metí en un enorme galpón donde mi abuelo guardaba herramientas, fardos de pasto para que los animales comieran en invierno, jamones de cerdo, y una enorme cantidad de frascos con conservas de verduras y de frutas. Como la despensa que teníamos en mi casa, pero mucho más grande. Al llegar al fondo, me encontré con que había una parte que estaba cerrada con una gruesa cadena y un candado. Miré por el agujero de la puerta por donde pasaba la cadena, y como estaba muy oscuro no podía ver nada.

En eso, un susto me hizo latir fuerte el corazón. Era mi abuelo, que echó sobre unas planchas de lata, la montura de su caballo.

- ¡Eres igual que tu abuelo...! -me dijo- Curioso a más no poder...

- ¿Por qué tienes ésta parte cerrada con candado? -le interrumpí.

- ¿No ves?, Eres el colmo de la curiosidad.

- ¿Es que guardas herramientas más caras que el tractor?

- No, más caras en dinero, no, pero más importantes para mí, si.

- ¿Y no me muestras, Abuelo?. Anda, muéstrame... Cierto que soy un curioso.

- Bueno, está bien... Pero ni una pregunta. ¿De acuerdo?

- ¿Es que no te podré preguntar?

- No, ese es el trato. Nada de preguntas. Y ni una palabra a nadie, de lo que vas a ver.

- De acuerdo. Ni preguntas, ni una palabra a nadie... Y menos a tu abuela, que luego dice que estoy chiflado...

Abrió el candado con una llave que llevaba en el bolsillo, y entramos en penumbras. Pero cuando abrió con una palanca una claraboya del techo, di un salto de alegría exclamando:

- ¡Pirámides!... ¡Almácigos dentro de las pirámides!... ¡Con razón sacas esos maíces tan grandes, y toda la fruta, y esos tomates gigantescos! ¡Entonces tú sabes también lo de las pirámides...!

- ¿Y qué sabes tú de pirámides? -dijo mi abuelo muy sorprendido.

- Nada de preguntas ¿Recuerdas? - respondí con toda picardía.

- Bueno... Podríamos hacer una excepción.... Es que no entiendo qué puedes saber tú de pirámides. Esto es sólo un almaciguero...

- Sí, pero dentro de pirámides... Como las que tenem... Bueno... Como las de Egipto.

- Sí, en realidad están a escala de la de Keops. O sea, con sus mismas proporciones, pero en aluminio y madera. Es que si la pirámide es Perfecta, esconde un tesoro maravilloso... Pero como parece que tú no sabes nada de pirámides, cuando vengas otro año te contaré algo más.

- Espera, Abuelo, espera... ¿Hacemos una excepción? Mi abuelo sonrió pícaramente, porque se había dado cuenta que yo sabía algo más y finalmente aceptó que conversáramos.

- Es que un amigo de mi Papá le regaló un libro mágico que dice cosas sobre las pirámides, y estamos haciendo algunos experimentos...

- Ah, o sea que tu padre también está enterado del tesoro mágico que guardan las pirámides. Eso está muy bien ¿Y tu madre que dice?.

- A mi mamá le parecía que eran tonterías, pero como dejó una maceta con rabanito y salió enorme, ya no dice nada. Pero tú sólo pones los almácigos... ¿Y eso es suficiente para que las verduras salgan tan grandes?.

- En algunas plantas, es suficiente con haber tratado las semillas, para que crezcan con una fuerza increíble. Pero otras necesitan desarrollarse en sus primeros días, o sea en los almácigos, dentro de las pirámides. ¿Y sabes lo de la orientación?.

- Si, claro. Al principio no teníamos resultado, porque no sabíamos que hay que orientarlas bien. Pero... ¿Sabías tú que... ? - ¿Que qué?

- No nada. Iba a decir una tontería...

Casi se me escapa lo de mi brazo curado y que los dioses del interior usan enormes pirámides para curarse de sus heridas, pero por suerte mi abuelo no insistió en preguntar nada más, y luego, sabiendo lo que hacíamos, habló con mi Papá y le mostró su secreto. Era un asunto secreto porque en el pueblo había mucha gente envidiosa e ignorante, que como mi abuelo hacía experimentos diversos, y hasta tenía un equipo que calentaba el agua con energía solar, algunos decían que era un brujo o algo así. Y a él no le convenía que esas cosas se divulgaran, porque si no, nadie le compraría la leche que producían sus vacas, ni las verduras que vendía en el mercado. El sólo decía que sus frutos eran mejores porque tenía mucho cuidado al plantarlas, con la luna en su justo momento, con la tierra bien abonada y cuidándolas con gran amor. Todo eso era cierto, pero en realidad era la energía de las pirámides lo que más influía sobre las plantas para hacerlas más grandes y apetitosas. En otra cabaña tenía una pirámide.

En realidad la cabaña misma era una pirámide de cinco metros de altura, a la que había puesto un sobretecho y unas paredes de madera para disimular la forma piramidal. Allí guardaba la fruta y algunas verduras durante unos días, antes de llevarla al mercado. También guardaba unos garrafones de vidrio, conteniendo la leche que iban a usar para hacer yogurt y cuajada. En algún momento, hasta pensé en que sería muy bueno que nos quedáramos a vivir allí, para estar cerca de mi abuelo, que ya tenía mucha experiencia con las pirámides, pero preferí callar esa idea, porque no sabía si aquel lugar, bajo la parra, era el único túnel posible hacia la Terrae Interiora. Aparte de ese asunto de las pirámides, todo lo demás era interesante y me vino muy bien, porque jugaba con mis primos y otros familiares, andábamos a caballo, nos disfrazábamos con ropas que nos hacía mi tía, y había algunas cosas que me gustaban sobremanera, como subirme al altísimo molino de viento para mirar las colinas que se extendían hasta donde da la vista y nadar en el gran tanque redondo que había en la huerta. Un tanque de agua muy amplio y poco profundo, en el que aprendí a nadar.

En lo mejor que estaba divirtiéndome, juntando con mi abuela los melones y poniéndolos en una carretilla, apareció mi madre y me dijo que tenía que prepararme porque al día siguiente volveríamos a casa. Se terminaban las vacaciones. Por una parte, tenía mucha tristeza. Nunca había pasado tanto tiempo con mis abuelos, mis tíos y mis primos, y yo los quería mucho, así que sabía que los iba a extrañar hasta que pudiera volver, o ellos fueran de visita a mi casa. Había pasado unas vacaciones como para escribir otro libro, llena de aventuras. No tan mágicas, pero sí divertidas, curiosas, instructivas y hasta peligrosas. Pero por otra parte, estaba con mucho deseo de volver a hacer mis propios experimentos con pirámides, junto a mi padre, y seguramente el túnel hacia el mundo interior ya estaría otra vez habilitado para viajar por él. Aunque había tenido varias pruebas de la realidad de aquel viaje, mi mente aún dudaba, pero en todo caso -pensaba yo- aquellos sueños eran muy bonitos e instructivos. Además, el viaje de regreso era todo un día de paseo en coche, y a mí me encantaba viajar aunque no fuera volando como solía hacerlo con Iskaún.

Cuando llegamos a casa, y volvía a ver todo tal como lo habíamos dejado, me daba una profunda alegría, pero sentía que faltaba algo. Estaban los canarios, que cantaron y revolotearon con gran alegría, posándose en nuestras cabezas, moviendo sus cabecitas como preguntando por qué nos habíamos ido por tanto tiempo. Mi tío, que se había quedado a cargo de la casa, los había cuidado muy bien. La huerta estaba hermosa, con las verduras de la época a punto de cosecharse... Pero aún yo no estaba completamente en casa. Era como si el mundo intraterreno fuera realmente una parte de mi casa, y quizá la más importante. O como si el fondo fuese sólo la entrada a mi verdadera casa. Al llegar allí para visitar a mi querida amiga Virriprinpandomitallonaria, me quedé con la boca abierta de la sorpresa.

Sus ramas apenas podían sostenerse porque mi tío las apuntaló con unos palos. Justo estaba él regando una parte de la huerta y luego de saludarlo le dije:

- ¿Has visto la cantidad de uva que ha dado Virriprinpandomitallonaria?

- ¿Quién..? ¡Ah, si!, ¿Así le llamas a la moscatel rosada?

- Si, bueno... La moscatel rosada...

- ¿Le han hecho algo con las pirámides, también?.

- No, a ella no. Pero yo sabía que iba dar mucha uva este año... Aunque jamás imaginé que daría tanto.

- ¡Pufff!, si no le pongo esos puntales se le quiebran las ramas. Y no sólo ha dado una cantidad increíble, ¿Las has probado?

- No, pero ahora mismo...

Eran una delicia incomparable. Los granos eran enormes. Con el pensamiento le agradecía profundamente a mi amiga haber dado semejantes uvas, que cuando llegó Papá al fondo, luego de saludar a su hermano, se dio vuelta por indicación de éste y vio la parra. Se quedó un rato dando vueltas alrededor de ella, y no lo podía creer.

- ¿Viste? -le dije- Ella me dijo que si no la cortabas daría mucha uva.

Mi Papá se dio vuelta para esconder unas lágrimas, y luego comentó que habría al menos unos ciento cincuenta kilos de uva. Aún faltaban tres o cuatro días para comenzar las clases, así que inmediatamente empezamos a hacer nuevos experimentos con las pirámides. Yo era aún muy pequeño y torpe para hacer algunas cosas, así que cuando mi Papá me dio un molde de aluminio y un pequeño cuchillo muy filoso para que cortara algunas pirámides en cartón, estuve todo un día para cortar una sola. Y para colmo, lo hice bastante mal, porque temía lastimarme los dedos. Mi padre me dijo que no me preocupara, porque al fin y al cabo, todas las anteriores las había cortado él, y era importante que yo aprendiera a hacer bien las cosas.

- Si quieres, mañana te dedicas a cortar otra. Verás que te sale mejor.- me dijo.

Y efectivamente, al día siguiente y en menos tiempo corté una pirámide que estaba casi perfecta. Papá me felicitó y luego me enseñó a forrarla con papel de aluminio. Al fin y al cabo, yo tenía que hacer algo más que proponer y controlar los experimentos. Mientras tanto, él se preparaba con el libro, para hacer unas pirámides con láminas de cobre, ya que cuando habíamos experimentado con ese metal habíamos tenido malas experiencias, pero era necesario ver qué clase de energía producían. Hice otras dos pirámides de cartón forradas con papel de aluminio, y colocamos en ellas las semillas que plantaríamos en la huerta en pocos días más. El día anterior al comienzo de las clases, Papá me preguntó si quería ablandar un poco de tierra, donde sembraríamos los almácigos para lechuga, rabanito y otras verduras propias de la estación. Así que con todo el entusiasmo del mundo, hice mi primer trabajo de dar vuelta la tierra, usando una azada para escardillar, y luego una pala para darla vuelta. El primer día de clases me pilló con las manos luciendo algunos callos y bastante dolor en los brazos. Había terminado las vacaciones trabajando duro, pero con mucha ilusión.

Cuando la nueva maestra, que era una señora mayor con fama de muy mala y exigente, nos pidió que escribiéramos una redacción sobre lo que habíamos hecho en las vacaciones, escribí en una hoja que aún conservo:

La maestra me dijo que si no mejoraba la ortografía, no lograría muchas cosas en la vida, porque escribir bien era muy importante. A mí no me lo parecía así, pero con el tiempo, me di cuenta que lo era. Aparte de eso, le parecía muy interesante lo de los experimentos y me pidió que pasara al frente a contar a toda la clase cómo era ese asunto del tratamiento piramidal. A pesar de que me daba mucha vergüenza, expuse más o menos la idea de lo que hacíamos, pero la mayoría de mis compañeritos se morían de risa y hacían toda clase de burla. Me dio mucha rabia y me senté para no decir ni una palabra más.

La maestra les dijo que sólo los idiotas se ríen de lo que no conocen, y pasó a otros asuntos. Por mi parte, comprendí que no valía la pena hablar del tema a gente burlesca, incapaz de investigar un poco antes de reírse. Pero también me dijo que yo no debería decir tonterías que nadie entiende. Durante varias semanas, la maestra parecía ser una enemiga, más que una persona que enseña. Me echaba la culpa de cualquier cosa que pasara cuando se retiraba del aula, me ponía al cuidado del salón durante los recreos, sus amenazas eran muy feas, y a muchos chicos les hacía chichones en la cabeza, golpeándolos con los nudillos o el puntero. Ese año mi mente estaba muy difusa. Algunas veces funcionaba casi como la de un tonto. Ni siquiera una nueva carta en inglés que me había llegado de la NASA -aunque todavía no había conseguido que me tradujesen la anterior- me alegraba la vida.

Me costaba entender muchas cosas, me surgía miedo por cualquier asunto, andaba pésimo en matemáticas y en geometría, aunque en las demás materias estaba bien, pero algunos días estaba "inspirado" para los números, y cuando ocurría esto, la maestra se pensaba que me copiaba de alguien, o tendría alguna papeleta escondida en la manga. Un día que ocurrió lo mismo en un examen de geometría, dejó de clasificar las pruebas, tomó el puntero, que era un palo como de metro y medio de largo, y se vino hacia mi asiento. No entendía muy bien por qué, pero por su gesto me di cuenta que iba a darme un garrotazo en la cabeza, tal como tenía costumbre de hacer muchas veces con otros chicos. Gracias a mis buenos reflejos, me salí del pupitre y el palo se quebró contra él. La maestra se enfureció y cuando levantaba el medio puntero que le quedaba para golpearme, salté hacia el otro lado y fui corriendo hacia la puerta. Al mismo tiempo, le iba diciendo que como me tocara, se las vería con mis padres.

Yo estaba ya convencido que no estaría un día más en su clase. Me molestaba mucho que golpeara en la cabeza a los que no entendían algo. Luego me fui a la dirección, desoyendo los gritos conque me llamaba. Le dije a la secretaria que me iba a mi casa y que nunca más entraría a la clase de esa maestra que golpeaba a los alumnos.

- Es que si no se pone disciplina con ustedes... - me dijo.

- Yo no hice nada, señorita, y si me quedo quieto, la maestra me quiebra el puntero en la cabeza. Y no me diga nada... Mañana vendré con mis padres.

Cuando salía por la gran puerta de la escuela, ella salió detrás de mí, para impedir que me fuera, pero mis piernas, largas para mi edad, eran muy difíciles de superar por una mujer con zapatos de tacón. Al contarle a Mamá lo ocurrido, su incomprensión me destrozó. Me dio unas cuantas cachetadas por haberme salido de la escuela sin permiso. Pero luego se le pasó la rabia, cuando me dejó contarle exactamente lo ocurrido. Al día siguiente, mis padres fueron a la escuela conmigo, y hablaron con la directora, que había llamado el día anterior, a otros compañeros para que le contaran lo sucedido. A mí me hicieron esperar en el patio. Rato después, me destinaron a otro curso. Mis padres y la directora acordaron el cambio, porque el asunto era que la maestra estaba convencida de que yo había copiado en el examen, pero se descubrió lo de los garrotazos a varios chicos.

La maestra de la otra aula, era una maravilla. El resto de ese año fue para mí un agradable paseo ir a la escuela. Disfrutaba de las clases. Y apenas empecé a sentirme mejor, libre del miedo, empezaron a mejorar mis notas, hacía las tareas con gusto y mi mente empezó a funcionar normalmente. Descubrí que el terror a la maestra era lo que me hacía andar mal en todas las cosas. Hasta hoy me pregunto cómo es posible que no se haga un examen psicológico a las personas que tienen tamaña responsabilidad, como es educar a los niños.
También ese año, en la huerta habíamos sacado verduras casi como las de mi abuelo. Y no sacábamos mejores, porque el lugar donde teníamos las pirámides era pequeño, así que sólo tratábamos las semillas, y lo mejor fue todo aquello era lo que teníamos con pirámides en la misma huerta. Otra gran sorpresa la tuvimos con el membrillero. Sus membrillos eran enormes y riquísimos, y no apareció ni uno con mosca del mediterráneo ni ninguna otra plaga.

También descubrimos que las verduras que se dan bajo tierra, no deben quedar debajo de la línea de base de la pirámide, porque salen sanas, pero un poco feas o normales. Así que aprendimos que a la pirámide para los rabanitos, por ejemplo, hay que ponerla medio enterrada, de tal manera que el rabanito quede también dentro de la pirámide y no debajo de su base. Mi madre me llevó a la ciudad y pasamos por un canal de televisión donde había gente que habla varios idiomas, para que alguien me dijera el contenido de las cartas de la NASA. Un periodista me tradujo rápidamente las cartas, y fue una verdadera decepción. La primera carta decía que debía concluir mis estudios primarios, los secundarios y universitarios, antes de ser astronauta. La segunda era un formulario, donde debía llenar con todos mis datos y los de mis padres, y había un cuestionario con un montón de preguntas.

Mamá me dijo que no era ni lógico ni conveniente mandar tantos datos, si para cumplir mi objetivo de ser astronauta debía esperar tantos años y culminar todos mis estudios. Yo estuve de acuerdo, así que archivé el asunto. Pero volví a enviar otra carta unos meses después, preguntando si desde los satélites podían ver los huecos de los polos. Sin embargo, luego de despachar la carta, sentí que no tenía mucho sentido preguntar esas cosas a la NASA, porque si hubiera algo de eso, ya lo habrían publicado.

CAPITULO VIII
OTRO VIAJE MARAVILLOSO

Poco antes de terminar el año, tuvo lugar otro viaje. Había estado muchas veces allí, esperando que ocurriera, pero me dormía o me aburría y no pasaba nada. Aquella tarde, apenas terminé de comer, presentí que ocurriría. Así que aprovechando que no tenía tareas escolares pendientes, me fui a visitar a Virriprinpandomitallonaria. Apenas me recosté sobre su tronco, apareció Iskaún y me saludó como si apenas hubiera transcurrido unas horas desde la última vez que nos vimos. Como me leía los pensamientos, bastó un par de minutos para contarle en colores todo lo que había pasado desde la última vez. Ella, en cambio, tenía que hablarme, porque según me dijo, no podía despertarme la capacidad telepática todavía. Mi cabeza no soportaría el descontrol mental de tanta gente aquí afuera, que piensa con toda clase de maldades, miedos, sufrimientos, etcétera.

- ¿Y ya no hay más problemas con el túnel? -pregunté sabiendo la respuesta.

- No, como te imaginarás, no habría podido venir a buscarte en ese caso. Pero lo interesante es que el sol interior se ha estabilizado antes de lo que pensábamos. Así que por ahora, podemos ir tranquilos en ambas direcciones. Ya mismo estamos llegando, y Uros quiere verte.

Apenas llegamos, Uros me dio un gran abrazo, porque estaba con su cuerpo mágico. Claro que prácticamente podía abrazarme sólo con las manos, porque yo no le llegaba ni a la rodilla. Me dijo un montón de cosas muy rápidamente, que nunca las pude recordar.

- Pero si me hablas tan rápido, ni siquiera se lo que me dices- repliqué

- No te preocupes. Tu Alma sí que sabe entender. Con el paso de los años, irás recordando conocimientos que te estoy dando de esta manera. Los recordarás aunque no recuerdes cómo lo sabes o dónde y cuándo los aprendiste.

Y luego de decir algunas cosas más a velocidad ultrarrápida, nos recomendó no demorarnos demasiado en este viaje, porque no podían repetir demasiado lo de los anteriores, ya que los elementales y los Cloremáticos estaban ahora con dificultades para salir hasta mi casa y "entretener" a la gente durante nuestras andanzas. Cuando el túnel estaba peligroso, ellos no tenían problemas. Ahora que todo estaba estable... Bueno... Cosas del plano astral. Así que salimos volando hacia la región de los Telemitas. Iskaún me advirtió que ellos son un poco parecidos a los Dragtalófagos, pero que no debía temerles.

- También son refugiados de otro planeta -me dijo- pero mucho más lejano. Llegaron hace algunos miles de años, para estudiar la Gran Explosión de Erk.. ¡Ah!, si no te he contado nada de ese asunto.

- Pues cuéntame todo Iskaún... -rogué impaciente.

- Erk era un planeta. ¿Conoces el Cinturón de Asteroides?.

- Si, claro, el que está entre la órbita de Marte y Venus...

- Si, pues era un planeta que fue destruido por una Gran Explosión. Cuando Ogruimed el maligno fue expulsado del interior del mundo, construyó una nave espacial y anduvo por otros planetas, haciendo maldades y desarreglos. Los habitantes de Erk fueron convencidos por él para hacer experimentos con la energía del sol interior de ese planeta, y todo terminó en la destrucción. Poco antes de explotar Erk, la mayoría de los habitantes lograron escapar hacia la tierra, y no tuvieron más alternativa que mezclarse con los hombres mortales. Los de Erk eran los Hombres Rojos.

- Entonces, cuando explotó el planeta Erk -dije- los Telemitas vinieron a este sistema solar a ver qué era lo que ocurría...

- Si. Pero como la distancia desde su planeta es muy grande, prepararon una nave para que pudiera viajar un grupo numeroso de personas. Los científicos vinieron con toda su familia. Pero una avería en la nave, por causa de un meteorito, les obligó a quedarse un tiempo en Marte. Allí, Ogruimed el maligno también había hecho de las suyas, y había una civilización tan violenta como la de tu mundo, pero también en la parte exterior del planeta Marte. Entonces, cuando las cosas se pusieron peligrosas para los dioses marcianos, porque también los marcianos del exterior hacían explosiones atómicas, decidieron destruir todo lo que estuviera en la superficie exterior. Ellos no conocían las intenciones de los Telemitas, y sospechaban que algunos podían tener tratos con Ogruimed. Así que los marcianos emplazaron a los Telemitas a irse en unos pocos días marcianos. Estos hicieron unas naves pequeñas, que no son adecuadas para volver a su mundo, pero sí para un viaje hasta la Tierra.

- Ah, entonces los Telemitas vivieron un tiempo en Marte, y luego tuvieron que venir hacia aquí para que los dioses marcianos no los destruyan...

- Eso es. Pero resulta que los terrícolas no los recibieron bien. Cuando ellos llegaron, estaba empezando a surgir la civilización sumeria, tras la reciente caída de la civilización Atlante. Los Telemitas recién llegados, les ayudaron un poco a los sumerios, dándoles algo de tecnología y conocimientos filosóficos, pero cuando el Imperio Sumerio se dividió en dos grupos, unos usaron todo ese conocimiento para esclavizar a los otros. Luego Ogruimed volvió a hacer de las suyas en la Tierra, y preparó a un gran grupo de acólitos para formar un nuevo imperio, que destruyó a los sumerios, y luego otro, para someter a los imperios que nacieron después. Y como todo era guerra y más guerra, los Telemitas nos pidieron ayuda. Pero las condiciones interiores no son muy adecuadas para ellos, que vienen de un mundo con muy poca luz, muy alejado de su sol. - Ah, entiendo... Entonces Ustedes les dieron refugio en estas cavernas.

- Si, porque aquí no hay tanta radiación solar. Además, en la superficie externa debían vivir en cavernas o en casas muy especiales, pero unos monstruos creados por Ogruimed se las destruían. También conocían el tesoro de energía natural de las pirámides, entonces construyeron algunas con nuestra ayuda. Pero había un plan muy bueno de llenar el mundo con pirámides... Iskaún no siguió porque se dio cuenta que yo no estaba entendiendo bien la historia.

- O sea que los Telemitas pasaron las de Caín. ¿Y qué pasó con el plan de las muchas pirámides?.

- Pues, lo que ocurrió siempre con la civilización mortal... Es que es una historia muy larga... - ¡Vanos, Iskaún, cuenta, que quiero saber! - Bueno... Hicimos muchas pirámides. Otras las hicieron los pueblos mortales cuando les hubimos enseñado, y muchos de estos pueblos pudieron hacer Ascensiones masivas, y convertirse en Kristálidos Luminosos. Otros nacieron como "dioses"... Pero los que iban quedando, tenían envidia de los que Ascendían, y cuando quedaban pocos, encima tenían invasiones que Ogruimed el maligno preparaba usando a los pueblos que él mismo creaba para servirle en sus diabólicos planes. Así que las pirámides cumplieron su cometido, pero los pueblos influenciados por Ogruimed las usaban luego como elemento de culto, deformando la enseñanza.

-¡Cuánto daño ha hecho ese Ogruimed...! ¿Y no hay como pararle los pies?.

- Es difícil. Ha logrado sobrevivir muchísimo tiempo. Casi seiscientos millones de años. Pero en realidad no sabemos si actualmente vive, o es un "heredero" de él el que hace maldades y sigue manteniendo la confusión entre los mortales. Si es el mismo Ogruimed que nuestros ancestros expulsaron, seguramente ha logrado mantenerse sin morir y sin ascender por demasiado tiempo. Entonces ha adquirido enormes poderes y conocimientos. Pero ha olvidado las cosas más importantes de la existencia... Esas que tú seguramente conoces...

- Claro, Iskaún: El Amor, el Respeto, la Inteligencia y la Voluntad.

- ¡Muy bien!. Veo que no tienes ninguna duda respecto de lo verdaderamente importante. Ogruimed tiene una gran inteligencia, y una voluntad enorme, pero está completamente desviado de lo natural.

- ¿Y a los Telemitas nunca los convenció de seguir sus malos consejos?.

- No. Algunos de ellos cometieron algunos errores, influenciados por los mortales que servían a Ogruimed, pero pronto se dieron cuenta que la maldad no les llevaría a nada beneficioso. Y nosotros tenemos con ellos ciertos convenios. Se les permite salir en su cuerpo mágico, pero sólo hacia la superficie externa. Sólo pueden salir en su cuerpo mágico, o con trajes especiales. Además, hay entre ellos algunos que hacen cosas indebidas, pero por lo general, no se sobrepasan demasiado.

Mientras me explicaba, llegamos a un acantilado enorme y bellísimo, donde había algunas cavernas. Entramos por una de ellas y continuamos el viaje caminando, porque era muy estrecha y había minerales de plata, que pueden dañar el cuerpo mágico como si fuera el físico. Luego entramos a una sala interior más grande, y a partir de allí, seguimos volando, para entrar luego en otras cavernas más pequeñas.

- ¡Esto es todo un laberinto, Iskaún! ¿Cómo puedes orientarte tan fácilmente? Yo no sabría volver.

- Eso es cuestión de costumbre, y de instinto. Claro que si vinieras en tu cuerpo físico antes de ser todo un Mago, te resultaría imposible encontrar el camino. Mira, ya llegamos.

En una caverna casi tan grande como la de los Aztlaclanes, había una ciudad enorme, llena de aparatos gigantescos, que me recordaba a una destilería de petróleo que había cerca de mi casa. Pero era toda una ciudad grandísima, con edificios de metal. También había grandes lámparas como en la de los Aztlaclanes, pero su luz era muy diferente, un tanto azulada y de muy poca intensidad. En realidad, el ambiente estaba como en una suave penumbra. Vi algunas pirámides de gran tamaño también allí.

- Aquí, los Telemitas viven físicamente, pero se pasan la mayor parte del tiempo en sus cuerpos mágicos, estudiando las mentes de los Humanos de tu mundo. Ellos están atentos a cualquier vibración que produzcan los cerebros Humanos en cierta frecuencia que les permite comunicarse. Entonces así pueden entrar en la mente de las personas y estudiarlas, porque están haciendo un trabajo científico que puede ayudar a la humanidad a desarrollar algunas capacidades, como la telepatía, pero de modo muy controlado, para que la gente no se vuelva loca con los cambios que eso produciría en las vidas de todos ustedes.

- La verdad es que apenas entiendo eso.

- Ya lo entenderás más adelante. No te preocupes. Pero te lo explicaré de otra manera: Ellos, cuando perciben con sus aparatos, que alguien está en un proceso parecido al sueño a medias, como cuando te empiezas a dormir, pero con algunos puntos del cerebro funcionando diferente a lo normal, inmediatamente van con sus cuerpos mágicos a donde está esa persona, e intentan sacarla en su cuerpo mágico. Si la persona no tiene miedo, entonces la traen a su laboratorio en esta caverna, y hacen con ella algunos experimentos que no son dañinos. Se comunican con la persona para tratar de aprender sobre el cerebro Humano mortal. Nosotros no podemos terminar de comprender algunas cosas sobre ustedes, porque son bastante diferentes a nosotros. En cambio los Telemitas tienen un cerebro mucho más perecido. ¿Comprendes?

- Si, bueno... Un poco. Pero que raro. Nosotros somos del mismo planeta, Iskaún. Y según entiendo, somos casi iguales, pero mortales... - Es que hay algunas diferencias producidas por las mezclas con los Hombres Rojos, y con los Amarillos, que llegaron más tarde, también de otro planeta. Es una historia muy larga...

- ¡Ah...! Entiendo, creo. Nosotros somos muy parecidos, pero en las mezclas nuestros cerebros han cambiado. Y los Telemitas son cerebralmente más parecidos a nosotros, los mortales.

- Bien, eso es. Por eso que ellos los visitan. Porque no pueden aprender de nosotros, y además también quieren ayudar. Muchos de ellos se encuentran tan a gusto en la Tierra, que ya no quieren volver a su planeta de origen. Han nacido aquí. Otros no pueden evitar el deseo de volver a su mundo, pero están muy entretenidos, por el momento, en sus investigaciones científicas. Y como algunos de ellos se transforman en Kristálidos Luminosos, luego pueden volver a su mundo sin necesidad siquiera de naves espaciales.

-¿Y si la persona a la que visitan tiene miedo?

- Lo correcto es que lo dejen y se vayan, pero algunos son muy insistidores, y siguen adelante. De todos modos, se lo tenemos prohibido. También ocurre que es muy difícil encontrar personas libres de miedo, entonces algunos Telemitas no han respetado el acuerdo. Sin embargo, el asunto está siendo beneficioso para ellos y para la gente de tu mundo, porque ya sabemos algunas cosas que en su momento, puede ayudar para que algunos pueblos mortales despierten su consciencia espiritual.

Nos acercamos un poco más, y entramos en una pirámide muy interesante. Casi como las de los Aztlaclanes, pero de color azul intenso. Allí estaban los cuerpos de varios Telemitas, profundamente dormidos. En eso que estaba viendo sus curiosas caras, con enormes ojos y boca pequeñita, y sin apenas nariz, uno de ellos apareció detrás de nosotros. Su sonrisa era simpática, pero muy rara. Tenía dientes como nosotros, pero su boca pequeña se hacía muy grande al sonreír. Aún así, era simpático. Nos dijo que se alegraba de vernos, y comentó a Iskaún que era el nuevo guardián de la pirámide. Luego nos pidió que le acompañásemos a otra sala, para no perturbar a los que estaban allí.

- Parece que duermen profundamente. -comenté.

- No, pequeño. No están dormidos. Están visitando a algunas personas psicosensibles. A propósito de ello, Iskaún, te comento que hemos tenido poco resultado últimamente. Aún las personas mejor preparadas, tienen mucho miedo, pero hay algo... -calló por prudencia.

- Continúa, por favor. -dijo Iskaún amable- Nuestro amigo ha hecho el Gran Juramento. Puedes seguir.

- Bien, muy bien, entonces hablaré tranquilo... Resulta que algunos gobiernos de ciertos países, están experimentando la "inducción onírica" -una técnica nueva para ellos-, que llaman "psicotrónica". Y como entenderás, mediante esa técnica le pueden hacer creer a una persona que está viviendo una experiencia que no es real. Le hacen soñar lo que quieren. Entonces las cosas se complican porque cierto gobierno sabe o sospecha de nuestras actividades. Han tomado los relatos de algunos de nuestros visitados, y los reproducen en forma de ondas alfa, como si fuera una emisión de radio, pero que sólo la captan las personas que están medio dormidas. Esta forma de control de las mentes ajenas es muy dañina. Las personas creen haber vivido esas experiencias. Y lo creen a pies juntillas. Han diseñado los sueños de tal manera, haciéndoles "vivenciar" que son secuestrados y que les hacen daño...

- Y esa gente sueña que son ustedes los que los secuestran... -dije

- Exactamente, amiguito. -respondió el guardián- Pero también es cierto que algunos de los nuestros se pasaron de la raya o hicieron algo sin tomar todas las precauciones, así que uno entre miles de casos, es cierto que recuerdan una visita nuestra.... Y ahora tenemos que hacer todo con extremo cuidado. Si ese gobierno sigue haciendo esas cosas, tendremos que suspender nuestros experimentos, y es una lástima.

- Si, -respondió Iskaún- sería un problema, después de tanto trabajo.

- Además -continuó el guardián- habíamos hecho algunos progresos, enseñándole a algunas personas el uso de las plantas en la medicina, el uso de las pirámides... Pero es que hay Humanos que arruinan todo, haciendo las cosas para su propio provecho. No se dan cuenta que con el egoísmo van hacia su propia ruina. También nos arruinan a nosotros, porque si comprendiéramos mejor los secretos de la mente humana, descubriríamos cómo podríamos evolucionar mejor. A veces me pregunto si no sería mejor comunicarnos con ellos abiertamente, visitando a unos cuántos gobernantes.

- Eso es imposible. -dijo Iskaún serena pero terminante- Ya lo hemos intentado nosotros, con resultados nefastos. En vez de comprender la realidad, nos han empezado a odiar o a adorar. No entienden que sólo somos Humanos normales, aunque inmortales, y que ellos son incompletos, que se mueren sin saber ni para qué han vivido... No, esa alternativa es imposible para ustedes los Telemitas. Vuestro aspecto es, para colmo, demasiado diferente, y los mortales no saben leer ni en la mente ni en el corazón de los seres. ¡Imagínate!. Hasta se creen que los vegetales son "cosas" y no saben que son seres sensibles... No, no... Imposible. Un contacto directo crearía un desastre más. Sólo sería posible cuando estuvieran preparados unos cuántos, pero aún así, habría que tener muchísimo cuidado. Han desarrollado tantas armas de fuego, armas biológicas, armas electromagnéticas, armas ecológicas, armas atmosféricas, armas... Y más armas... No, el Consejo de Ancianos lleva casi cien mil años tratando de encontrar soluciones definitivas. Cada vez que enseñaron alguna cosa a los mortales para que evolucionen, convirtieron ese conocimiento en armas.

- Si, es cierto -dijo con gran pena el guardián- y creo que lo único que nunca lograron usar bélicamente, han sido las pirámides. Por eso no se han interesado en conocerlas, salvo unos pocos. Y a los seguidores de Ogruimed no les conviene que la gente conozca los tesoros mágicos de las pirámides, porque se quedarían en poco tiempo sin esclavos.

- Así es, -continuó Iskaún- y por lo visto, sólo podemos ir contactando a personas como Marcel, que tiene el corazón puro... Bueno, salvo algunos miedos, que aún no aprende a dominar... Pero hay mucho odio en la humanidad todavía. Creo que los niños son en su mayoría, más sensibles y puros... En ellos sigue estando la esperanza de un mundo mejor...

- Si, claro -intervine- pero también los hay burlescos, tontuelos, malvados, llenos de envidia y odio...

- Pero en todo caso -dijo Iskaún- son una minoría, porque sus padres les inculcan, queriendo o sin querer, odio a hacia cualquier persona de otra religión, de otro país, de otra raza...

- Si, es cierto. Muchos de mis compañeritos son burlescos y maliciosos porque sus padres no les enseñan a respetar ni a los animales, ni a las plantas...

- Y además -continuó el guardián- ven demasiado cine malo. Y todas esas películas que están haciendo, están llenas de violencia y de mentiras. Muchos han perdido hasta el gusto por la magia. Eso también dificulta nuestro trabajo, porque sus mentes están llenas de miedos sin sentido que les meten en sus películas.

- ¿Entonces es malo ver películas...?

- No tan así - respondió el telemita- porque el cine podría ser una gran herramienta de educación.?

En eso, llegó otro Telemita, al parecer más anciano y también más simpático.

- Disculpen, -dijo con vos de anciano, pero muy firme- estaba oyendo vuestra conversación y no puedo dejar de intervenir. Soy Otesdanama. Mucho gusto en conocerte, pequeño amiguito. Cuando crezcas un poco, dile a tu gente que si los Telemitas o cualquier civilización extra o intraterrestre quisiera hacerles daño, o invadirles, ya lo habrían hecho hace mucho tiempo. Son tan vanidosos que... -continuó en tono más relajado- Bueno, que hasta se creen que son las únicas criaturas del Universo. Y los pocos que suponen que hay algo más en él, sospechan que alguien los quiere invadir, como si no tuvieran suficiente con sus propios gobernantes... ¡Qué cosas raras que tiene la gente de tu mundo!. ¡Ah, si no hubiera hecho el Gran Juramento!.

- ¿Usted también? -pregunté con cierta curiosidad. - El aPues, claro. Tú lo has hecho respecto a la humanidad de tu mundo, pero yo... Bueno... Mi juramento abarca a otras humanidades más. Cuando empecé a comprender estas cosas, hace casi dos mil años, era un niño más pequeño que tú. Ni siquiera sabía silbar. Y aunque tengo origen Telemita soy un terrícola, y a pesar de las diferencias de la forma, las Almas de todos los Humanoides del Cosmos, somos todas muy parecidas. Incluso tenemos símbolos e ideas muy parecidas, pero en tu mundo las diferencias son mucho más graves. Unos usan cruces, otros estrellas, otros medialunas, otros ruedas, otros amuletos de cualquier clase, y ni siquiera se han podido poner de acuerdo en el idioma. La gente va a otros países, y no pueden comunicarse ni para saludarse debidamente. ¡Bah!, estoy cansado. Con vuestro permiso, me voy a dormir un poco. Iskaún, por favor dale mis saludos a Uros. Tengo muchas ganas de ver a ese gigantón y beber unas ambrosías con él.

El anciano nos hizo un gesto con una mano en el corazón y la otra en la frente, y luego se fue lentamente, pero yo podía sentir en su corazón, su gran tristeza, profunda e infinita compasión por la humanidad. Al mismo tiempo, sentía que él jamás abandonaría el Gran Juramento. Y eso me dio fuerzas para sostener el mío, que era igual: No descansar jamás hasta que toda la Humanidad sea feliz. Luego llegaron con sus cuerpos físicos otros Telemitas, portando el que iba adelante, una curiosa lámpara verde, del tamaño de una calabaza grande.

- ¡Hermana Iskaún...! -dijo sorprendido- ¡Qué gusto da verte siempre tan humanamente bella!. Desde lejos se siente tu corazón, latiendo con inmenso Amor.

Aunque parecían un poco teatrales sus palabras, me di cuenta que eran sinceras, porque en realidad hablaba con cierta dificultad. No telepáticamente, sino con palabras físicas, con sonido. Con acento raro, como cuando uno está aprendiendo un idioma diferente.

- Veo que estás aprendiendo nuestro idioma muy rápido, la última vez que vine, no sabías decir ni una palabra... Y no hace mucho...

- Si, Iskaún. Es que como recordarás, cuando viniste la última vez, estábamos trabajando en un experimento de ondas cerebrales estimuladas. Pues, hemos desarrollado este aparato, -dijo mostrando la extraña lámpara- que nos ayuda a ecualizar frecuencias cerebrales; y sin ser propiamente telepática, nos ayuda a aprender idiomas y otras cosas, más rápido. Lástima que los Humanos de afuera no estén en condiciones de usar bien estos avances.

- Eso es muy interesante. ¿Y os ha permitido mejorar los contactos?.

- No mucho. Pero haremos unos experimentos preparando mejor a las personas sensibles, para tratar de que no tengan miedo cuando se produzca el contacto. Para ello haremos una ecualización moderada de la radiación remanente de la actividad sináptica, acompasándo la emisión con una portadora cuántica de neutrinos acon un algoritmo en función del coeficiente de...

- ¡Espera, Grurururhaaafggggaalll ! -dijo otro Telemita- ¿No ves que el pequeño no entiende nada de lo que estás explicando?.

- Ni yo -dijo Iskaún riéndose- Y eso que soy telépata. Apenas comprendo la idea porque percibo tu pensamiento, pero las palabras técnicas, me confunden. El asunto es que el aparato aún no les sirve para trabajar con los Humanos. ¿Y han probado de trabajar con los pocos que viven en casas piramidales?.

- ¿En casas piramidales?. -dijo el Telemita de nombre raro- No sabía que hay gente mortal viviendo en casas piramidales... - Bueno... No es que sean muchos. Por ahora, a lo sumo una docena...- dijo Iskaún. - Y tú, Triorrrrrtalamhipooofisino... ¿Sabías que hay gente viviendo en casas piramidales?.

- No, Grurururhaaafggggaalll, te juro que en mis más de treinta mil viajes al exterior, nunca supe nada al respecto... Bueno, pero eso no cambiaría mucho las cosas. Seguramente tendrán miedo de nosotros, como todos los demás.

- Algunos sí, pero otros seguro que no -dijo Iskaún. ¿Podríais determinar antes del contacto si la persona tendrá miedo o no?.

- Hummm... Creo que si -dijo Grurururhaaafggggaalll- y eso sería una buena idea. La gente que viva dentro de una pirámide, podría ser estudiada mucho mejor, porque su cerebro funcionará más estable y relajado. Así que si vemos que es propensa al miedo, no la visitamos, pero si está dispuesta, podemos incluso dejarle un mensaje en forma de sueño, antes de contactar.

- Eso sería muy bueno... -intervine- porque a mí me asustaría un poco que me visiten en mi dormitorio sin avisarme antes.

- Bien, buena idea. -dijo Triorrrrrtalamhipooofisino- Aunque no debe haber mucha gente que viva en casas piramidales...

- Hay unas cuarenta casas piramidales en el mundo externo. -dijo Iskaún- Otro día vendré y te diré dónde están. Pero seguramente en unos años, habrá muchas más, cuando la gente comience a descubrir que las pirámides no tienen nada que ver con las tumbas.

- ¿Con las tumbas? -dijo asombradísimo otro Telemita- ¿Es que los Humanos creen que las pirámides son tumbas?.

- Si, claro. -dije- En la escuela nos enseñan eso. Y yo se que es una tontería, porque nunca encontraron ningún cadáver en una pirámide. Pero algún arqueólogo dijo eso, y todos le creyeron, porque no tienen ninguna explicación mejor.

- ¡Qué grotesca tontería! -dijo Grurururhaaafggggaalll- Eso es como confundir una mesa llena de comida, con un basurero. Así, es lógico que nadie quiera vivir en pirámides. ¡Qué ignorancia!. ¿Y no se les da ni por experimentar con ellas?

- Si... -respondí- mi papá y yo hacemos experimentos, y mi abuelo también. Y resultan extraordinarios. A veces fallan porque son un poco difíciles de orientar correctamente. Pero nosotros estamos interesados en seguir aprendiendo. Y con todo lo que sé ahora, nunca dejaré de experimentar. Algún día viviré en una casa piramidal.

- ¡Excelente! -dijo Grurururhaaafggggaalll- y yo te visitaré en cuanto me autorices.

- Bueno, ahora que te conozco, puedes estar seguro que no me asustaré. Pero si me avisas con un sueño, mucho mejor. Porque cuando estoy allá afuera, a veces tengo dudas sobre si lo que vivo aquí es verdad o sólo es un sueño...

- ¡Oh, no te preocupes!. Eso es perfectamente normal. Aunque vinieras con tu cuerpo físico, el cambio de modo de vida, la diferencia de los paisajes y todas las cosas tan distintas... Es lógico que te parezca un sueño.

- Lamento interrumpir -dijo Iskaún- pero nuestro amiguito debe volver a su casa. Así que nos veremos luego. Estudiaré las coordenadas donde hay casas piramidales en la superficie exterior y vendré a indicároslas.

- Muy bien, de acuerdo -dijeron los Telemitas- Gracias por la visita.

Nos despedimos y por el mismo camino que llegamos, emprendimos el regreso. Durante el viaje comentamos algunas cosas sobre los Telemitas, que eran algo parecidos físicamente a los Dragtalófagos, pero en realidad se trataba de seres tan distintos, que podía ser peligroso confundirlos.

- Por eso hemos hecho la Barrera Azul -dijo Iskaún- No sólo para evitar molestias a los Cloremáticos. Es que algunas veces los Dragtalófagos han salido al exterior, y casi han producido un desastre. También han desarrollado tecnologías un tanto avanzadas, y hasta han fabricado monstruos. La mayoría han muerto, porque eran demasiado imperfectos, pero otros aún viven. Hay unos de ellos, que llaman "Harpacabuc", que son bastante parecidos a los Dragtalófagos, porque son productos de experimentos genéticos entre ellos, pero han salido más feos aún. Incluso algunos viven en los laberintos de cavernas que van al exterior, y se alimentan de la sangre de pequeños animales. Por suerte, no son demasiado peligrosos para los Humanos, porque son bastante menos agresivos que los Dragtalófagos que los hicieron. Y algunos de ellos, hasta son muy respetuosos. Pero su aspecto es verdaderamente muy desagradable. Cualquier Humano que se encontrara con un Harpacabuc, se puede volver loco de miedo.

- ¿Y si uno no le tiene miedo?.

- En ese caso, el Harpacabuc se quedaría muy sorprendido, porque hace ya muchísimo tiempo que existen, y como son tan diferentes y feos, en algunas oportunidades los han cazado y hasta se los han comido. Así que son muy temerosos de los Humanos. De todos modos, no es para descuidarse si te encontraras con uno, aunque seguramente el Harpacabuc huiría.

- Iskaún... ¿Los Dragtalófagos tienen naves espaciales? ¿Pueden salir de sus cavernas de alguna manera? Yo he visto dibujos que parecen ser ellos...

- Si, ya se... -dijo leyendo mis más profundos pensamientos- Aún consideras que los Dragtalófagos están prisioneros. Pero he de aclararte que no lo son. Ellos están prisioneros de sus propios defectos. Respecto al mundo, tan prisioneros como los humanos mortales en la superficie exterior, sin poder entrar al interior, sin poder viajar a otros planetas y sin acceso a las grandes vacuoides de la corteza terrestre. Los Dractalófagos tienen en realidad mayor cantidad de territorio para moverse, porque hay millones de kilómetros de túneles en todo el mundo... O sea más kilómetros de túneles, que caminos y calles tienes en la superficie... En ambos casos, o sea entre los Dractalófagos y los humanos mortales, no hay gran diferencia, porque no han aprendido a respetar a los demás, y esa es la peor prisión que puede haber. No se les permite construir naves espaciales y a los Dracofenos ni siquiera se les permite salir fuera de la Barrera Azul porque sus actitudes son dañinas, no tienen amor por nadie, salvo por si mismos. No han comprendido aún la lección de la Catarsis...

- Ah, si, la Catarsis. Eso de ver los propios defectos, antes que los de los demás... Claro, si no hacen eso, nunca se darán cuenta de sus errores.

- Y no sólo eso, sino que mientras estén gobernados por sus propios defectos, que son el Odio, el Miedo y la Pereza, estarán siempre prisioneros.

- ¿La Pereza?. -pregunté con extrema curiosidad.

- Si, la Pereza. No les gusta hacer nada. Entonces quieren que los otros, hagan por ellos y para ellos. ¿Recuerdas que los Cloremáticos te contaban que los Dragtalófagos querían usarlos?.

- Si, pero hace tanto tiempo, que me he olvidado un poco.

- Pues, Sabinazulia te contaba que los Dragtalófagos querían usarlos para extraer sales especiales de las Aguas Rojas. No es que ellos no puedan hacerlo, pero es que tienen que trabajar mucho, y en vez de hacerlo con Amor, como no tienen Amor al Trabajo, preferían esclavizar a otros. Es que los Seres no estamos hechos para "estar", sino para "hacer". Hasta los minerales y vegetales, aparentemente estáticos, trabajan. Sin al menos un mínimo de Trabajo es imposible vivir bien, comer bien, tener seguridad y tranquilidad. ¿Comprendes?.

- Si... Creo que comprendo... O sea que la esclavitud es una de las peores cosas que hay, porque las personas que no tienen Amor por nadie, tampoco aman el Trabajo... ¡Con razón mi Papá es tan feliz! A él le encanta trabajar. Siempre está haciendo algo. Diseñando represas, usinas, ampliando el taller, haciendo mejoras en la casa, construyendo puentes, arreglando cosas nuestras, de la escuela y de los vecinos...

- Pues eso es porque tu padre sabe muchas cosas. Es un Alma muy libre... Pero aún no tomamos contacto con él porque tiene miedos.

- ¿Mi Papá tiene miedos? Eso me decepciona mucho.

- ¡Oh, no!, que no te decepcione. Es normal en todos los mortales. Cuando seas mayor, esos miedos surgirán en ti también. Tendrás que hacer mucha "catarsis" para eliminarlos. Pero algún día, tu padre también nos hará una visita. Sus miedos tienen una razón que tú deberás comprender: Ama profundamente a toda la familia, a ti, a tu hermano, a tu madre, entonces quiere la mayor seguridad para todos. Es muy sensible. Pero al igual que la mayoría de los padres, sabe más de lo que los hijos pueden comprender.

- Si, eso me parece. Mi papá sabe muchas cosas y se las calla...

Como estábamos llegando a la salida de las cavernas, la maravilla del paisaje distrajo completamente mi atención.Si la vista entrando a la caverna era muy bonita, con la emoción de descubrir nuevos recovecos no había prestado atención a la vista que presentaba desde allí el paisaje. Era algo muy precioso, especialmente porque el mar tenía reflejos rojizos, rosados, violetas muy suaves, y las olas estaban es ese momento un tanto violentas. Rompían contra las rocas que había más abajo, con una fuerza enorme, impresionante.

- Ahora hay que volver a tu casa, pero nos reuniremos pronto.

- ¡Ojalá!, porque si tengo que esperar hasta después de las siguientes vacaciones, se me hará como una eternidad...

- No te preocupes, que nos volveremos a ver muy pronto. Volamos rápidamente hacia la zona del túnel y allí estaban Uros, junto con los tres muchachos que algún día me enseñarían a ser sabio.

- ¿Qué te han parecido estos viajes, amiguito? -preguntó Uros mientras me alzaba en sus brazos.

Allí me di cuenta que estaba en su cuerpo mágico.

- Buenísimos. Me encanta saber todo lo que hay en el mundo... - respondí.

- Supongo que algunas cosas... Te habrán asustado un poco.

- Bueno... Si, un poco... Los Dragtalófagos, y lo de los Harpacabuc...

- Ah, pero eso no tiene mucha importancia. Está todo bajo control. La gente de tu mundo es nuestro problema más grave. Están haciendo explosiones atómicas y esas cosas son mucho más peligrosas. Y nos cuesta mucho pararles los pies.

- Pero supongo -inferí- que tenéis algún plan para que la gente de mi mundo no destruya todo el planeta...

- La verdad... -dijo seriamente Uros- No tenemos muchos planes; en tantos milenios creo que se nos han agotado.... Estamos haciendo lo que podemos. Ya sabemos lo que hacen y hemos tomado algunas medidas, pero siempre hay peligro. Así que rogamos a Dios que nos proteja a todos.

- ¿A Dios?. ¿Pero Ustedes no son dioses?.

- Si, para los mortales somos dioses, pero como ya te expliqué alguna vez, por encima de todos los Seres de Universo, hay un Dios. Un Maravilloso, Perfecto y Eterno Dios. Tan Excelso que no podemos sino Amarle con todo nuestro corazón.

- ¿Y es posible hablar con Él? -pregunté lleno de curiosidad.

- Claro, tú y cualquiera puede hablar con El, pero no esperes que te conteste con palabras. Si alguien dice ser Dios, tú dile que se vaya a lavar los pies, porque Dios sólo responde por dentro de ti mismo...

- Eso... Es complicado. Me cuesta entenderlo.

- No importa. Pero ya sabes. Nadie es Dios, pero Dios es Todas las Cosas y Todos los Seres que Existen en el Universo.

- ¿Y cómo puedo hablar con Dios si no me va a responder?

- Muy sencillo. Si tú le hablas a Dios, Él te escucha. Pero dentro de ti mismo están todos los elementos de Dios para darte la respuesta.

- Sigo sin entender. -dije tajantemente. - Muy sencillo, pequeño. Dentro de ti hay Amor ¿Verdad?.

- Si, claro.

- Pues esa es una parte del Rostro de Dios. ¿Y tienes algo de Inteligencia?

- Claro, no soy un genio, pero algunas cuentas puedo sacar...

- Pues esa "Inteligencia" es otra parte del Rostro de Dios. Como comprenderás, no es una cara de carne y hueso, pero todas sus partes están dentro de ti. Tú eres un Hijo de Dios, como todas las Criaturas del Universo.

- ¡Ah! Voy entendiendo... Tendré que pensar un poco más en eso, pero lo que me has dicho es muy importante.

- Bien, pero ya conoces a Thorosthoreherith, Armanodilrith y Lafursieg. Te los presenté la primera vez que viniste ¿Te acuerdas?.

- Si, claro, no hace tanto tiempo, aunque no me acordaba bien de sus nombres.

- Pues te enseñarán el Gran Secreto de la Trinidad. Yo me voy a cumplir con mis obligaciones, y te dejo con ellos un rato. Nos veremos la próxima vez.

Me dio un beso en la frente y se fue volando. Entonces se acercó uno y me dijo:

- Yo Soy Armanodilrith, como estoy con mi cuerpo material no puedo abrazarte, pero te saludo con todo el corazón. Yo Soy el que enseña el primer Gran Secreto a los Iniciados. Yo enseño el AMOR. ¿Quieres aprender?.

- ¡Si, claro que si! -respondí entusiasmado.

- Entonces escucha atentamente, porque ahora sólo te diremos lo fundamental, lo más básico. Otra vez que vengas, te enseñaremos más.

- De acuerdo. Atiendo...

- El Amor es el Poder más grande que hay en el Universo. Pero tiene que ser acompañado de los otros secretos, que son Inteligencia y Voluntad. Quien no tiene Amor por los demás, por el Mundo, por todos los Seres y Cosas del Universo, nunca puede ser feliz. Además, el Amor nunca debe pedirse, sino que sólo es posible darlo. ¿Lo entiendes?.

- Si, eso si. Porque el Amor es algo que siente uno, y los demás no están obligados a sentirlo.

- Así es, salvo el Respeto, que es una forma de Amor Universal que debe incluso a los enemigos. Si tú das Amor, puede que lo contagies a los demás. Algunos responderán con Amor, y otros te tomarán por un tonto. Pero eso no debe importarte. Si usas la Inteligencia, sabrás donde demostrar tu Amor, y donde no, pero aún donde no puedas demostrarlo, amarás por igual. Esa es la Ley.

Apenas dijo esto, hizo un paso atrás y se adelantó Thorosthoreherith, y luego de presentarse me dijo:

- Si al Amor no lo acompañas de Inteligencia, no sabrás cómo y dónde debes demostrarlo y usarlo correctamente. La Inteligencia debe proteger al Amor y al que Ama. Nunca te dirá que no ames, pero a veces te dirá que no demuestres nada. Y a veces te dirá quién te engaña, y si tú tienes Amor Verdadero, te conducirá para que todo lo que debas hacer, sea correcto.

- Lo entiendo, creo que lo entiendo... -dije entusiasmado.

- Y la Voluntad -dijo adelantándose Lafursieg- te dará la fuerza para Amar, para pensar Inteligentemente, y para hacer lo que debas hacer, aunque cueste mucho esfuerzo. La Sabiduría más grande está en usar el Amor, la Inteligencia y la Voluntad, en su momento justo, equilibradamente.

- ¡Qué importante...! Pero no creo que me acuerde de todo lo que me habéis explicado.

- Te acordarás -dijo sonrientemente Lafursieg- porque cuando estés en tu cuerpo físico, aún recordarás durante unos días. Entonces lo puedes escribir, y así lo leerás cuantas veces haga falta para comprender profundamente esas Tres Claves de la Sabiduría.

Me dijeron algunas cosas más, que sería muy largo de contar en este libro pero aunque yo sabía que eran todas importantes, esas cosas que acababan de decirme eran las claves fundamentales. Iskaún me llevó de regreso, y al dejarme en casa, ya era de noche. Algo extraño había vuelto a ocurrir, porque mis padres se habían ido y me habían dejado una nota diciendo que había comida en el horno, y que no me preocupara si venían tarde. Comí y me acosté sin preocuparme de nada, porque "todo estaba arreglado" de alguna manera. Mi primo Eduardo había quedado con ellos de llevarme a jugar de arquero en su equipo, pero finalmente el partido no se hizo, mi primo no vino a buscarme, y yo ni sabía de aquello hasta el día siguiente.

- ¿Atajaste muchos goles? -dijo mi padre al despertarme.

- ¿Qué?... ¿Dónde?

- ¿No fuiste con Eduardo a jugar el partido?

- No, estuve aquí, solito...

- Pero, que pena... -agregó mi mamá- Te perdiste el circo porque Eduardo iba a llevarte a jugar... ¿Y qué estuviste haciendo?.

- Paseando, por ahí... Soñando... Jugando... - Pero... ¿No te habías ido antes que nosotros?.

- No, estaba en fondo cuando nos fuimos, -dijo mi Papá un tanto apenado- y no sabía que no le habían avisado lo del partido... Lo hemos dejado solo toda la tarde.

- No importa, Papi... -traté de tranquilizarlos- Me puse a leer y pensando cosas, se me voló el tiempo. Pero otro día podemos ir al circo ¿Verdad?.

- Claro. No quisiera que te lo perdieras. Es un espectáculo muy interesante.

- Sí, hace un tiempo fuimos a uno ¿Te acuerda?.

- Si, pero este es más bonito, con la Fuente de Aguas Danzantes, que cambian de color al ritmo de la música, y el agua larga chorros de diferente forma...

- ¡Que interesante! -exclamé imaginando el espectáculo y recordando a Arkaunisfa.

- Y además -agregó Papá- hay un ballet que baila sobre una pista de hielo...

A pesar de las vivencias tremendas que tenía en el mundo intraterreno, estas cosas bonitas de este mundo siempre me han apasionado. Unos días más tarde mi primo Eduardo, "castigado" por no llevarme al partido, me tuvo que llevar al circo. Era realmente mucho más bonito que lo que podía haberme imaginado. Pensé que muchas veces los Humanos mortales hacemos cosas parecidas a los dioses. Sobre todo cuando ponemos en ellas profundo Amor.


(Actualización en web, Junio de 2012 )